Tardarás muy poco en darte cuenta de que solo soy un tipo más; la decepción se hará presente sin remedio mientras en medio de la transición pretenda evitar que aquello que te acercó a mí sea a la vez lo mismo que te ahuyente.
Te daré las razones suficientes de lo poco conveniente: el asombro a veces dura lo que dura una promesa de político o el paso de una nube por el cielo. En algún inevitable momento harás tu análisis crítico y te enterarás de que solo soy un mito, uno que se relata desde el fracaso, porque ahí es que milito.
Sabrás pronto que estoy lleno de complejos; nada nuevo saldrá de este hombre desdeñoso y viejo, aunque quererte tanto me sorprende y sobrecoge, aunque me cale hasta los huesos todo lo que siento y tu presencia haya desquebrajado mi corazón de cemento, y se haya deshecho el hechizo, aunque hayas roto el maleficio, verás que el tiempo hará lo suyo, mi procesión te morderá el orgullo, le quitarás la ropa al pseudopoeta y la admiración se volverá el hastío con que leerás cada una de sus letras; lo dulce te irá sabiendo a treta, te arrepentirás de haber cedido, harás contrastes entre lo que soy y el que era antes contigo.
Comenzarás a buscar evidencias y me hallarás desnudo; lo que ves es lo que soy, y entre luces y sombras desenredarás el nudo, verás que me refugio detrás de las palabras, que el miedo por dentro me descalabra, que si te acercas mucho me vuelvo errático, que si no lo haces me pongo estático, entenderás que no tengo nada de enigmático, que el misterio no es la gran cosa, así como cuando descubren quién estaba detrás del mago de Oz, y dudarás de todo lo que haya dicho con mi voz, creerás que me escudo tras las heridas pasadas mientras solo intento sanarlas para celebrar algún futuro, me tendrás por deshonesto aunque en nada te he mentido; es solo que el proceso es lento y no se resume en un suspiro.
No tienes por qué cargar con lo que no entenderás si la inmediatez es lo que precisas; he vivido lo suficiente para tener la certeza de que estaré bien. Ya sumé, ya resté, toqué el cielo y el infierno visité, pero a estas alturas ya no convivo con la prisa. Si voy a estar con alguien, no me haré pasar por quien no lo afecta nada, ni me someteré al suplicio de ser otro para no desilusionar; prefiero que sea porque no tengo mucho más que dar.
No es cuestión de edad ni distancia, no tengo nada que esconder; puede verse como una extravagancia, pero es la ilusa arrogancia, esa de soñar que con un simple chasquido podría estar contigo.
Esperar no es lo tuyo, y lo mío requiere paciencia para ser un hecho. Nada es lo que parece, y todo lo que se sueña no se convierte en realidad como por arte de magia; así de simple no aparece. El personaje con quien coincidiste me escupirá en la cara y me reclamará, mientras se resigna y padece. Ese personaje soy yo, asumiendo todo aquello de lo que carezco, queriendo alcanzar lo que no me pertenece.
Luego dirás que era verdad, que realmente soy todo lo contrario a lo que mereces. Puede sonar a frase lastimera, pero aquella profecía de ser el potencial tipo que podría joderte se cumplirá, aunque no quiera.
Y tal vez pude haberte dejado pasar; lo intenté, pero cada vez te me hacías más difícil de evitar. Quizá lo mejor era no haberle hecho caso a la inquietud que me provocabas, haber pasado por alto el nerviosismo, no haber bajado la guardia, seguir como siempre a la defensiva, haber mantenido la lejanía, pero ya te me habías metido por todos lados. No te busqué, pero ahí estabas, rodeándome; no te soñé, pero de pronto ya te extrañaba.