Piececitos bien puestos en la tierra.
Yo no entiendo aún a este submundo y sus formas de medir desde la vanidad. Comparar audiencias para no sentirse menos o para tener delirios de grandeza. Como si fuésemos la gran cosa y terminamos fijándonos en lo que menos interesa. A veces es inquietante ver cómo en un lugar donde se exhiben cosas tan profundas, lo superfluo sea lo dominante, y tal vez sea otro triste reflejo de esta sociedad y su frivolidad imperante, y puede que sea algo inherente a nosotros los humanos, pero entonces me pregunto: ¿de dónde aparecieron tantos dioses decidiendo por todos lo que es significativo? ¿lo que vale? ¿lo que es digno de ser apreciado? Así como hay usuarios, hay gustos diferentes; definir algo que solo recae en una cuestión de perspectivas es absurdo. Algunos dirán que es majestuoso lo que otros tachan de burdo. Lo subjetivo tiene tantas caras como para que unos cuantos decreten lo que supuestamente es arte, y generalmente no se encuentra en lo selecto, sino en cualquier otra parte. Algunos llegamos de la nada y sin ninguna pretensión, mucho menos para buscar en otros algún tipo de aprobación; las alabanzas no promueven mi arrogancia, los halagos los mastico como Rosalía a una goma de mascar, no le dan de comer a mi ego, no me pagan la cuenta del celular, solo son una respuesta de complicidad a un desahogo, la vanagloria para aquellos que no tienen memoria, que no recuerdan que empezaron como lo hacen todos por aquí, de cero, que se olvidan de que si alguna vez brillaron fue porque se cruzaron con la supuesta “popularidad” de otros. No hay necesidad de rendirle pleitesía a nadie, de rogar la atención de quien sea, de lamerle el narcisismo a ningún personaje; la admiración no te subyuga, te da alas o te inspira, pero no te vuelve un fantoche. Mi intención nunca ha sido darle honor a la poesía, porque no la concibo; poeta jamás he sido, que lo mío es osadía, es reírme de mí mismo, de los que no soportan la ironía. Tampoco estoy para darle algún tributo a la literatura, nunca tan cara dura. De escribir nada sé; no me acomodan las posturas, lo mío es escupir y plasmar mi propia caricatura. Publico lo que me gusta, lo que se me antoja, a veces lo que no va conmigo, a veces lo que es completamente opuesto a la forma en la que me expreso, pero si me toca, si da justo en el blanco, si me provoca, independiente de cuántos ojos se posen sobre ello, en este pequeño universo finito que se satura y alimenta de lo mismo una y otra vez, donde sobran las suplantaciones, clones y chabacanas imitaciones, entonces me adhiero a lo sencillo; la belleza de lo simple tiende a pasar desapercibida, pero nunca esconde su brillo. Triste manía esa, de estar pendiente de tendencias y audiencias, siempre insuficientes, alardeando por un número de seguidores que se pierden; con el tiempo emigran, desaparecen, y lo que antes te hacía creer que compartías el vino en la mesa del Olimpo, te hará saber que solo eres otro plato más en el mantel, que en el fondo, nada de especiales, somos tan diferentes como también iguales. No te confundas leyendo, esto no es un manifiesto; entre tantas posturas, caretas, niñerías y boludeces varias, puede que no le encuentres base ni fundamentos, que solo sea una misiva que se lleva el viento, quizá alguna patraña más de tantas que no tiene argumentos.
-Mis Dedos Tienen Vida Propia. / Alejandro.
Siempre es bueno recordar algunas cosas.











