Entre sombras y luz, un instante que habla. #SilencioEntrePalabras #Microverso #PoesíaVisual #TextosBreves #DeOniros #SueñosDifusos #EspaciosQueCallan

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Entre sombras y luz, un instante que habla. #SilencioEntrePalabras #Microverso #PoesíaVisual #TextosBreves #DeOniros #SueñosDifusos #EspaciosQueCallan
Animales
Es el ave que recuerda sus plumas y el pez que no siente sus escamas. El caballo que corre desbordado sin cabeza en prados secos. Los perros jadeando y el calor penetrando en su pelaje.
Somos nosotros ensordecidos por la estridencia, el ir y venir de hordas impacientes, histéricas, ávidas de vaciar su ira en cualquier rostro. Miradas punzantes, deseosas lacerantes, algunas perdidas, otras insípidas.
Son aves, peces, caballos, perros en cuerpos desesperados, desesperados que son animales. Todos, deseos de escapar.
(2022)
Palpita una arritmia, ansío profundidad para escindirme, ansío que nadie reconozca este artificio.
Me quiero quitar este disfraz, sacarme este cuerpo, dejarme un largo rato.
Palpita esta arritmia, sigo viva y sin saber qué hacer con esta vida, con este cuerpo, con esta humanidad.
(2022)
Calorías
Tengo tanto calor aquí dentro. Tengo tantas ganas de tirarme a la piscina, pero no lo haré para que este deseo ardiente me paralice. No lo haré para tener un pretexto más para vivir.
(2022)
Cada mañana me levanto, sintonizo las noticias y pienso: «estamos vivos de milagro». Luego voy a la cocina, me preparo el desayuno y pienso ¿Dónde vamos a morir si no nos dejan vivir en ningún lado? En argentina la pobreza trepó hasta el 41 por ciento, en España la situación no es más halagüeña y en el resto de Latinoamérica la cosa está que arde: miseria por todos lados. Es lógico que al pobre le quite el sueño su hambre. El problema es que también es lógico que el poderoso no se desvele al provocarlo; solo tienen empatía con los suyos, al resto nos ven como masa anónima; números carentes de rostro, sueños, y esperanzas. Recuerdo la crisis iniciada en 2008, yo vivía en la madrileña población de Pinto y tres o cuatro días por mes llegaba tarde al trabajo por lo que se suponían averías o demoras en el servicio ferroviario – eso decían por megafonía en la estación – pero la realidad era bien distinta; lo que retrasaba la frecuencia de los trenes a Madrid eran los suicidios periódicos de obreros residentes en poblaciones como la mía, Parla o Villaverde; padres y madres que se hipotecaron avalados por sus familiares y que impotentes vieron como al destruirse sus puestos de trabajo, el dinero con el que Europa trato de solventar el problema acabo rescatando a los bancos causantes del mismo en vez de a ellos que eran los auténticos afectados por partida triple: 1 porque les quitaban la vivienda por falta de pago, 2 porque no les cancelaban la deuda con el banco y 3 porque esa deuda era amortizada embargando los bienes e inmuebles de sus avalistas (sus propios padres ya jubilados). Y nadie pagó el pato, ningún político, ningún banquero. Cualquier trabajador al cometer una negligencia puede ser amonestado e incluso encarcelado, sin embargo nadie se hizo responsable de los miles de suicidios acaecidos fruto directo de la mala gestión y praxis de la clase política de nuestros países durante la citada crisis. Ahora vivimos una pandemia mundial de la que nadie se va a responsabilizar; ni políticos ni estados, ya lo verán. Tan solo nos tenemos los unos a los otros; por eso es importante, hoy más que nunca, ser amables y empáticos con los demás porque esos que dirigen el mundo no van a ayudarnos a salir de esta por mucho que lo prometan por la tele.
Malafama1981
Los falsos amigos Son seres que cuando te dicen cosas como «quiérete mucho», lo hacen con doble o triple intención. Son unos retorcidos, siempre dispuestos a herirte en la distancia; disimulan de falso aprecio sus ataques. Pretenden dañarte desde dentro, hacerte creer que habita algo malo en ti; que eres un juguete roto, un puzle al que le faltan fichas. Lo único que persiguen es inducirte al tropiezo, porque no se atreven a ponerte la zancadilla; temen las consecuencias; son cobardes y pretenciosos. Usan el lenguaje en beneficio propio para que no puedas reprocharles nada, porque si lo haces, —y eso es lo que buscan— en su mente enferma les estarás dando la razón, y de premio te escupirán a la cara algún reproche disfrazado de consejito sarcástico del tipo: tú lo que necesitas es terapia. Postdata: No entres en su juego. No hay mejor desprecio que no hacer aprecio.
Malafama1981