Sobre feminismo, o machismo, o igualdad de género.
El fin de semana pasado estuve en una reunión familiar que me hizo darme cuenta de que nosotras, mi hermana, mis primas y yo, fuimos educadas desde una temprana edad a comportarnos con referencia a tendencias machistas. Pero la culpa no la tienen mis padres solamente, ni los padres de mis padres. Esto va mucho más allá de solo el hecho de pensar: “es porque tienes papás machistas”. Sí, tal vez los tengo pero no es culpa de ellos. Y antes de que se molesten, papá y mamá, voy a explicar como fue que me di cuenta.
Lo recordé justamente hoy porque cuando estábamos festejando el cumpleaños número veintialgo de una compañera del trabajo, éramos las mujeres quienes estábamos sirviendo el pastel y repartiendo las servilletas, asegurándonos de que todos tuvieran o una cuchara o un tenedor, mientras los hombres estaban inmersos en una conversación sobre algún tipo de referencia boricua que a la vez hacía referencia a cierto tipo de beneficios y exclusiones dentro del trabajo - cosas que para el tema que quiero elaborar no tienen relevancia.
En fin, éramos las mujeres quienes repartimos el pastel y ningún hombre se ofreció a ayudarnos pero tampoco lo pedimos, lamentablemente. De la misma manera pasó el fin de semana en la reunión familiar. Mientras los hombres conversaban sobre negocios nacionales e internacionales, las mujeres servíamos la comida. Pero eso no es lo peor. Lo peor es que nadie nos pidió que lo hiciéramos. Fuimos educadas para pensar con nuestra propia convicción que es nuestra tarea como mujeres de la casa y de la familia que los hombres tengan todo lo que necesitan y no interrumpirlos mientras tienen sus pláticas importantes de negocios o de lo que sea, porque nosotras somos mujeres y nacimos para la cocina y ellos son hombres y nacieron para el dinero.
Lo que explica el porqué de mi obsesiva compulsión con la equidad de género e independencia del ser humano. Porque nos decimos feministas o igualitarias y vivimos bajo la costumbre de sentir la necesidad de cocinarles a los hombres, de dejar que el hombre pague las salidas, de pedir consejo a nuestros padres de como ser mejores para nuestras parejas en la casa, de pedir consejo a nuestras madres de como ser mejores para nuestras parejas en la cama… o como sea.
El machismo nace de la educación básica, no escolar sino familiar y me di cuenta hasta hace poco de que yo vivo bajo esa misma educación. Ahora me pregunto qué hacer para dejar de permitir que mis costumbres hablen más que mis ideales.
Se aceptan comentarios.
- Andrea E. Calderón














