The things stare
Esto es un prólogo. Los prólogos son aburridos pero necesarios. Explican cosas importantes de lo que va a venir a continuación o añaden información interesante que más adelante jamás será revelada. Esto es un prólogo. Es el prólogo de capítulos aleatorios de lo que fue mi vida. Así que empezaré con los rasgos más generales de ella. A lo largo de mis días y mis noches he caminado junto a multitud de seres a los que no les voy a adjuntar otro nombre salvo el de “ser“: aquellos pocos en los que confié, me traicionaron; y yo hice pedazos la confianza que muchos otros habían depositado en mí. Y así como seres, todos ellos siendo y dejando de ser, también guardé, como inútiles que eran, un puñado de variados objetos, desde un cuenco de agua que la luna tornaba en plata hasta un mitón roto y remendado. También pasé por lugares. O los lugares pasaron por mí; aún no lo tengo muy claro. Lugares limpios, lugares vacíos, lugares agresivos o lugares dóciles; y también, por supuesto, lugares repletos de seres y objetos. A parte de todo eso, nunca me he considerado un zorro erudito como Sócrates, nunca me he interesado por los libros, y sin embargo no han sido pocos los que me han comparado con ellos. Después de todo, ¿qué sucede con un libro cuando se deja sobre un nido de ratas?









