El beso de un poeta.
Connor se había llevado un libro a la cafetería ya que estaba sin trabajo por haberlo adelantado aunque apenas conseguía leer dos líneas seguidas. Miraba el reloj y la puerta, esperando.
Evangeline estaba fuera de la cafetería, dudando en entrar o no. Había llegado a la hora acordada, pero debido a su indecisión, no se había atrevido a entrar aún. Aquellos ojos celestes se posan en la figura del joven, que leía sentado en una de las mesas. Cuando miró hacia la puerta, sabía que no le quedaba otra que entrar. Así que, cogió aire y abrió la misma, sintiendo en su rostro la calidez que desprendía aquella cafetería.
El verla esperando en la puerta, le confirmó en parte lo que sospechaba. Se levantó para recibirla y dejó el libro abierto, boca abajo. Una vez de pie, esperó a que ella se acercara con media sonrisa cortés.
- Aún estás a tiempo de darme plantón. Fingiré que no te he visto. -Propuso, para facilitárselo.
Eso sólo hace que Line se sintiera mal, por haberlo pensado siquiera.
- No, no... Puedes estar tranquilo, no voy a dejarte plantado. -Sonrió entonces, elevando brevemente la comisura de sus labios.- Siento haberte hecho esperar... -Se apresuró a añadir, mordiendo el interior de su mejilla mientras caminaba hacía la mesa que él ocupaba.- ¿Qué estabas leyendo? -Desde su posición no alcanzaba a leer el nombre que cubría parte de la portada.
No parecía muy convencida y no era eso lo que él quería, pero se acabó resignando, no iba a echarla. Volvió a tomar asiento tras invitarla con un gesto a hacer lo mismo.
- Baudelaire, Las flores del mal. -Tradujo sobre la marcha.- Aunque no sé si lo titulan así en inglés. -Añadió, acercándole el ejemplar en francés.
- Les Fleurs du mal. -Respondió ella, sonriendo ahora sí con sinceridad, mientras tomaba asiento frente a él. No se percató de que el título de aquel libro de poesía de su autor favorito por excelencia, lo había dicho en su lengua natal.- Baudelaire es mi poeta favorito. -Contestó como si él le hubiera preguntado.- Podría recitarte de memoria cualquier poema que me pidieras. -Dejó escapar de sus labios una suave carcajada, algo poco corriente en ella desde que lo conoció, pues siempre se había mostrado más reservada, más seria.
- Qué francés tan perfecto, el mío da pena. -Anunció con media sonrisa después de estudiarla con la mirada, cuando vio un asomo de naturalidad en sus gestos. Recogió el libro para colocarle el marcador y cerrarlo.- Baudelaire también es de mis poetas favoritos... De los europeos al menos. -Añadió, la camarera se acercó. Había hecho un par de intentos mientras Connor estaba a solas y sonrió.
- ¿Ya saben lo que van a tomar? -Connor miró a Line, para que ella pidiera primero.
- ¿Mi francés? -Cuestionó en primer lugar, intentando no mostrar sorpresa puesto que casi se había delatado delante suya. Sí, bueno es que soy... -La chica guardó silencio, intentando recordar de dónde era Aria. En un primer lugar pensó en Bélgica, pero luego recordó que ese era Stephen. Gracia a la interrupción de la camarera, su silencio no parecía muy forzado, debido a su falta de memoria.- Un café con leche condensada. -Pidió a la agradable señorita y justo después, se le encendió la bombilla. Pero esperó a que Connor hubiera pedido también para continuar.- Soy de Holanda.
- Un irlandés.- Pidió, tras ella, y la volvió a mirar.- ¿Y allí se estudia francés como segundo idioma o...? -Inquirió, procurando no sonar muy cateto.
- Lo aprendí por mi cuenta. -Dijo una mentira a medias, puesto que lo aprendió, pero porque era su lengua natal. Igual que él había aprendido inglés.- Aunque sí, se suele dar. -De eso no estaba muy segura, pero esperaba que colara.
- Caray, es impresionante.- Comentó con las cejas arqueadas de admiración.- Suena a francés de verdad. ¿Y cuál es tu poema favorito? -Volvió a preguntar, cruzando las manos.
- Brumas y lluvias.- Respondió a su segunda pregunta, después de hacer un movimiento con su mano para quitarle importancia a lo anterior.- Fines de otoño, inviernos, primaveras lodosas, tiempos arrulladores, os amo y agradezco que me envolváis así corazón y cerebro con un ligero lienzo y un sepulcro impreciso. -Recitó, tranquilamente, esbozando una efímera sonrisa.- Esa es la primera estrofa.
- Lo sé, lo recuerdo. -Añadió con cierto aire de diversión en la sonrisa. Habría esperado muchas cosas de ella pero no eso. No parecía la típica chica de poemas.
- ¿Cuál es el tuyo? -Acabó preguntando, curiosa, mientras posaba su barbilla en sus manos. Después de haber posado los codos sobre la mesa. Sus ojos celestes no se apartan del rostro del jefe de prensa.
- La transeúnte. -Contestó sin apartar la vista de los de ella y tomó aire.- Ágil y noble, con esa pierna de escultura. -Sonrió, divertido, y siguió recitando.- Por mi parte bebí, como un loco crispado, en su pupila, cielo del huracán preñado, placer mortal y a un tiempo fascinante dulzura... -Se inclinó sobre la mesa, hacia ella.- Un relámpago... ¡y noche! Fugitiva beldasd cuya mirada me ha hecho de golpe renacer, ¿no he de volver a verte sino en la eternidad? -La camarera miró a ambos, sorprendida por el tono y las palabras del chico mientras dejaba sendas bebidas sobre la mesa.
Line no pudo evitarlo, sus mejillas se colorean mientras él siguió recitando aquel poema que ella se sabía de memoria. Y aquella vez, se sintió identificada con aquella transeúnte desconocida. Humedeció sus labios, sin separarse ni un ápice de él. Ni siquiera fue consciente de la pronta llegada de la camarera, que se marchó igual de rápido que había aparecido.
- ¡En todo caso lejos, ya tarde, tal vez nunca! -Murmuró ella, contemplando sus ojos.
Su rostro tan cerca del propio le distrajo un instante. Había algo extraño, curioso, en lo apropiado del poema para la situación. Por eso, haciendo caso omiso del café que tenía delante, se tomó su tiempo sin perder ni un detalle del color de sus ojos y el ancho de sus pupilas que parecían insondables, paladeó cada palabra del resto del soneto.
- Pues dónde voy no sabes, yo ignoro a dónde huiste. -Ladeó la cabeza ligeramente y vio sus labios, entreabiertos.- ¡Tú, a quién yo hubiera amado, tú, que lo comprendiste! -Terminó y debió contenerse. Besarla tan pronto sería inapropiado. Y ella no era de las que se dejaban.
El corazón de Line dio un vuelco cuando llegaron al final de aquel poema que entre los dos habían concluido. Sus ojos se desviaron durante unos segundos a los labios de él, antes de posar de nuevo en sus pupilas, su pupila azul.
- Es precioso... -Logró decir cuando recuperó el habla, cosa que le llevó bastante tiempo.
- Tiene competencia. -Respondió sin alzar la voz en un piropo velado que esperaba que no entendiera y la media sonrisa volvió a sus labios. Optó por romper la tensión acercando su café irlandés para espolvorear el azúcar.
La chica se volvió a acomodar en la silla del establecimiento, pues sin darse cuenta, casi se había incorporado mientras recitaba junto a él. Sus mejillas siguieron con aquel matiz rosáceo cuando se acercó su taza de café, el cual movió con su cucharilla.
- Un poema interesante, sin duda. -Añadió sin perder esa sonrisa y volvió a mirarla.- Háblame de ti. -Le pidió y el sonido de las cucharillas dando vueltas en las tazas siguió a sus palabras.
- ¿Hablarte de mí? -La poetisa francesa se quedó paralizada, pensando qué era lo que tenía que decir ahora.- ¿Y qué quieres que te diga? -Optó por lo fácil, que él le hiciera preguntas breves y ella las respondiera, aunque no sabía si eso iba a ser mejor o peor.
- De dónde vienes, a dónde vas... Quién te acompaña. -Añadió, es importante.- Ya sabes, esas cosas de la vida. -Probó su café.
- Pues soy de Holanda... Ya te lo he dicho y bueno, vine a Londres por trabajo. -Contó rápidamente, intentando sonar con naturalidad.- Acompañarme... Pues nadie. -Se encogió de hombros, pensando en sus hermanos mayores.- Aunque comparto piso con otros chicos. -Dio un trago a su café antes de continuar.- Soy cronista, aunque eso ya lo sabes y... Me gusta leer y escribir. -La única verdad que dice en todo su discurso.- Y tú, ¿hay algo interesante que deba saber, jefe de prensa? -Cuestionó ahora ella, esbozando una dulce sonrisa en sus labios.
- ¿Con otros chicos? No me dirás que eres Blancanieves. -Acentuó su sonrisa, de lado. Y entonces se dio cuenta. Ay, es una broma de muggles, perdona. Blancanieves era una mujer de un cuento de niños que vivía con siete hombres. -Explicó, quería saber más sobre ella.
- Son sólo dos. No cabríamos ocho en el piso. -Le informó más de la cuenta, cosa que se dio cuenta cuando ya había cerrado la boca. Aunque sonrió cuando le escuchó hablar de cuentos infantiles.- ¿Lees mucho? -Terminó por preguntarle, posando de nuevo su rostro en la palma de una de sus manos.
- Bastante. -Se echó hacia atrás en la silla y la miró.- Me metí en muchos líos hace años y pasé mucho tiempo castigado. Leer era la única manera de matar el tiempo. -Explicó.- ¿Y tus padres? ¿Familia?
- No tengo padres. -Contestó de nuevo con una verdad, apartando el pelo de su rosto con su mano libre.- Leer siempre ayuda a evadirse. ¿En qué líos te metiste? -Quiso saber, alzando una de sus cejas.
- Bueno, no suelo hablar de mi historial delictivo en la primera cita. Dicen que asusta a las chicas. -Bromeó y volvió a mirarla.- Soy hijo de un escocés, de un clan venido a menos. La rebelión me viene de familia. Y eso sumado a una adolescencia complicada... Puedes imaginártelo. -Terminó.
- Un chico malo... -Repuso ella, divertida, volviendo a dejar sus manos sobre la mesa. Tras dar un nuevo buche a su café. Aunque no pareces tan fiero como te pintas... Es difícil imaginarte de esa forma. -Añadió, sincera.
- Dice la chica con cara de no he roto un plato que cuela artículos subversivos contra El Profeta, EN El Profeta. -Remarcó, riendo.- Tienes estropeado el sentido del peligro o te estaría pitando ahora mismo. -Se señaló, bromeando.
- Me he enfrentado a cosas peores. -Y eso era cierto del todo. Se tomó la libertad de reír junto a él, cosa que no la incomoda. Sino al contrario.- Eres un exagerado... Si tienes cara de niño bueno, aunque un poco pillo.
- No quieres tener El Profeta de enemigo. -Negó con la cabeza, seguro.- Tienen a todo el Ministerio en el bolsillo. Así que de eso tengo cara, ¿eh?
- No les tengo miedo. -Repuso, pues ya tenía a todo el Ministerio y cuartel de aurores encima, incluso a él.- Sí, de eso tienes cara.- Afirmó.
La miró con los ojos ligeramente entrecerrados. O no sabía lo que dice y era una loca o era muy valiente. Y no parecía lo que primero sugiere.
- Espero que eso me dé puntos. -Volvió a sonreír de esa manera, refiriéndose a lo de su cara.
- De seguro que sí. -Contestó ella, apurando el contenido de su taza de café antes de girarse para abrir el bolso y sacar de él su artículo.- Serás el primero en leerlo. -Le informó, tendiéndoselo para que se lo quedara.
- ¿En serio? -Enarcó las cejas sorprendido. Entregarle el artículo a la fuente era exponerse a una posible censura previa. No era habitual.- ¿No te dirán nada en tu periódico? -Añadió pero cogió el artículo y lo puso sobre el libro.
- ¿Y qué más da? Aunque si quieres esperar al viernes... -Tomó su artículo de encima del libro, rozando sin querer su mano, cosa que le hizo alzar la vista.- Fuiste el primero que leíste mi crítica... -Murmuró después, sintiendo en el dorso de su mano el calor que emanaba su piel.
Connor volvió a sonreír de manera más pronunciada y detuvo su mano cogiéndola de la muñeca sin fuerza.
- No voy a rechazar algo así. -Era agradable su piel suave bajo la de él.
Line miró sus manos y después de nuevo sus ojos. Dejó el artículo de vuelta en la mesa, pero no movió su mano ni se liberó de su agarre. Por el contrario, dejó que la yema de su pulgar trazara pequeñas formasen la piel del chico.
Aquello lo sorprendió aún más si cabía. Con ella no conseguía salir de la sorpresa. Olvidó el artículo donde ella lo dejó y sostuvo la mano de ella, apoyando la suya sobre la mesa, con calma, mirándola a los ojos. El silencio no era incómodo así que tampoco sintió la necesidad de interrumpirlo. La luz mortecina del café hacía sombras con su pelo y sus ojos parecían más oscuros.
Posó su mano sobre la de él, sin apartar la vista de su rostro. Sabía que tenía que ganarse su confianza si quería sonsacarle cosas, tal y como le habían pedido sus hermanos. Aunque se sentía mal a la hora de hacerlo. La pequeña de los Ménard acarició la palma de la mano del chico con la yema de sus dedos, en una suave caricia.
- ¿Damos una vuelta? -Preguntó con un tono de voz ligeramente diferente, mirándola a los ojos. Su café, aún semi lleno quedó olvidado frente a él.
Aquello la hizo salir de su ensoñación y parpadeó, deteniendo su mano sobre la de él.
- Podrías acompañarme al lugar en el que me desaparezco. -Le propuso, mirando sus ojos.
El jefe de prensa sonrió y asintió. Separó su mano a regañadientes para sacar el dinero y dejarlo sobre la mesa y meter el libro y el artículo en su maletín.
- O a tu casa, soy un caballero. -Le tendió la mano para ayudarla a levantarse, como excusa para volver a tenerla.
- No hace falta que te tomes tantas molestias... -Respondió ella, apresurándose a posar su mano sobre la de él otra vez, buscando de nuevo la calidez de su piel. Además de que ni a Theo, ni a Bastien, le haría mucha gracia ver que volvía a casa acompañada.
Connor asintió, de nuevo, con media sonrisa y bajó la mirada, reprendiéndose por ir demasiado rápido.
- Claro, como tú digas. -No tiró de su mano, dejó que sea ella la que se moviera, pero cuando le abrió la puerta y dejó que salga primero, entrelazó sus dedos y los de ella, como si nada.
Aria le miró cuando salió al exterior. Su primer instinto fue querer separarse cuando hizo eso, pero tampoco era del todo incómodo, por lo que acabó por darle un suave apretón antes de volver a mover su pulgar, rozando esta vez el dorso de su mano.
- Es por ahí...
Miró al frente, en la dirección que ella indicaba, con una sonrisa para sus adentros, al notar las caricias de ella.
- ¿Vives muy lejos de aquí? -Preguntó, caminando de su mano.
- Un poco, por eso tengo que aparecerme. -Le explicó, caminando sin soltarse. Mirando de vez en cuando al frente y otras veces su perfil. Ir de su mano, era agradable.
- ¿Puedes aparecerte directamente en casa? -Preguntó y ladeó la cabeza para mirarla.- O piso o lo que sea. No es seguro que vayas por ahí sola a estas horas. -Añadió, serio.
- Sí puedo, tranquilo.-Le miró sorprendida, sin poder evitar darse cuenta de que se preocupaba por ella.- No te preocupes, Connor... -Murmuró su nombre, con voz suave, mientras dejaba una nueva caricia en su mano.
Sonrió de lado y volvió a mirar al frente para preguntar.
- ¿Es por aquí? -Vio las calles contiguas a la que ellos transitaban.
- Sí, es la siguiente a la izquierda. || Contestó su pregunta y caminó hasta llegar a la misma. Se adentró, sin soltar su mano, en ella y detuvo su caminar, posicionándose frente a él.
Connor no había soltado su mano y él entró junto a ella pero no detuvo sus pasos cuando ella se paró y con uno solo, acortó la distancia entre ambos. Pasó su brazo libre a su cintura y la beso. Fue apenas un roce de labios, superficial, como las caricias de sus dedos. Pero fue en los labios, que acarició y la miró sin separarse, a milímetros de su rostro.
Los ojos de Evangeline se cerraron al instante que notó aquel electrizante roce en sus propios labios. Eso no estaba bien, nada bien... Pero no pudo evitarlo. Su mano libre voló hasta posarse en su mejilla y fue ella quien volvió a unir sus labios. Dejando un efímero beso en los de él.
- ¿Cuándo te vuelvo a ver? -Murmuró tan cerca de sus labios que aún los rozaba sin querer cuando hablaba, y necesitaba volver a besarla pero temía que se asustase así que su brazo ciñó su cintura hacia él un poco más.
- No lo sé... -Murmuró ella, sin abrir los ojos aun, ni separar la mano de su rostro. Se sentía frágil cuando él la rodeaba de aquella forma, más de lo que ya se sentía de costumbre.- Pronto... -Acabó diciendo.
- ¿Palabra de periodista? -Preguntó sonriendo sobre sus labios, aferrando su mano y su cintura. Volvió a rozar sus labios, esta vez a propósito.
- Palabra de periodista... -Contestó, devolviéndole el roce de labios cuando habló. Abrió aquellos ojos celestes para poder mirar su rostro, dejando en el mismo una leve caricia.
- Iré a buscarte si no tengo noticias tuyas pronto... -Prometió sin querer ser insistente o pesado o molestarla y cediendo a instintos y voluntades volvió a besarla, breve, superficial pero conociendo los labios de ella.
Line volvió a responder a su contacto, cerrando los ojos y amoldando sus labios a los del jefe de prensa. Sus besos tenían el sabor del café que él mismo se había tomado. Se separó cuando sus pulmones luchaban por conseguir aire y habló, con la voz entrecortada.
- Siempre puedes mandarme una nota...
Sonrió, tranquilo, y cerró los ojos. Apoyó la frente en la de ella.
- Muy bien... Eso haré. -No quería separarse ni dejarla ir, pretendió alargar el momento aunque sabía que no podía.- Gracias por venir hoy. -Añadió y le guiñó el ojo.
- No... Gracias a ti... -Contestó ella, bajando su mano de su rostro después de dejar un casto beso en sus labios, como despedida. Le dolía hacerle ese, puesto que le caía bien y era un buen muchacho, pero era la única forma de mantener a sus hermanos (y a ella misma) a salvo.
Su beso supo a despedida y Connor dejó caer el brazo que ceñía su cintura, a desgana. La miró a los ojos hasta que se desapareciera. Colocó uno de sus mechones hacia atrás.
- Buenas noches, preciosidad.
- Buenas noches, poeta... -Esbozó una suave sonrisa en sus labios, llevando su mano a la de él para retenerla durante unos segundos, antes de soltarla y girar ante él, desapareciendo de esa forma.
Se rematerializó en la entrada de su piso, sacó la llave con rapidez y abrió la puerta. Una vez dentro, cerró y se llevó las manos a su rostro, mientras se dejaba resbalar hasta quedar sentada en el suelo. Y lloró hasta que la cabeza le comenzó a dar vueltas. Lloró por sentirse culpable de jugar de aquella forma con los sentimientos del único chico que la había tratado bien.
- ¿Line...? -Preguntó Theo al oír el ruido de la puerta y se acercó. Al verla así, arrodillada, aceleró su ritmo.- ¿Qué...? ¿Qué te ha hecho? -Cuestionó con un gruñido y la cogió en brazos para acercarla a sí mismo y llevársela al sofá.
Evangeline no habló, el rostro seguía siendo el de Aria, por lo que se sentía aun menos ella. Dejó que su hermano la consolara entre sus brazos, sin poder hablar aun, víctima del llanto.
- Voy a matarle. -Gruñó, abrazándola con fuerza y acariciando su pelo. La notó empezar a transformarse en sus brazos.
Apenas sintió la transformación en sí misma, pues ya sentía bastante dolor en su pecho. Cubrió la camiseta de su hermano de lágrimas y no fue capaz de sacarle de su error. Si tenía que hacerle algo a alguien, era a ella, por herir de aquella forma a Connor.
A Theo le hervía la sangre ante la sola idea de que le haya podido hacer daño a Line pero no parecía herida físicamente ni nada así que cuando la acostó, la tapó y abrazó con fuerza. Dejó que llorase hasta que se durmió mientras acariciaba su espalda y dejaba besos en su cabeza, diciéndole que estaba aquí. Aún cuando se ha dormido, Theo siguió despierto, vigilando su sueño y mantuvo la cabeza clara. Mañana aclararían las cosas.











