Without Tom Steven we wouldn’t have our glorious Bloody Painter 🙏

seen from China

seen from United States
seen from Canada
seen from Hong Kong SAR China
seen from China
seen from China

seen from Singapore
seen from China
seen from Belgium
seen from United States
seen from China
seen from Russia
seen from United States

seen from Australia

seen from Singapore

seen from United States

seen from United States

seen from Costa Rica
seen from China
seen from Iraq
Without Tom Steven we wouldn’t have our glorious Bloody Painter 🙏
¿Mundos diferentes? ONE SHOT CANDY CANDY FICS Tom x Eliza
-----
Sinopsis.
Una vida de casados y con una familia formada, aun asi eliza no siente que encaja en ese mundo pero estara dispuesta a hacer el esfuerzo, unos pequeños ojos color miel le dara ese algo tan especial para intentarlo.
------
El rancho parecía tranquilo esa tarde, pero la cocina estaba lejos de la paz.
Eliza cerró con firmeza la puerta del refrigerador. No con un golpe escandaloso, pero sí con el tipo de gesto que gritaba desde su interior e indicaba que no estaba bien. Llevaba una blusa beige impecable, el cabello recogido en una media coleta perfecta, pero su ceño estaba fruncido como si acabara de recibir una ofensa irremediable.
—¿Y entonces qué propones? ¿Que me adapte a todo esto como si fuera una más del pueblo? —preguntó, cruzando los brazos.
Tom se apoyó en la encimera, visiblemente agotado, pero manteniendo la calma forjada por años de vida entre caballos salvajes y el silencio de su serenidad.
—No se trata de adaptarte —dijo él—. Se trata de que entiendas que no todo se mueve con tu ritmo. Aquí no hay agendas con hora exacta. Aquí las cosas se hacen cuando se deben hacer, no cuando lucen bien.
—Eso es fácil para ti, Tom. No creciste con una madre que medía tu valía cada bendito segundo.
—¿Y eso qué? ¿Vamos a criar a Melissa con miedo de no ser perfectos?
Eliza se quedó callada un instante.
—No —dijo al fin, más bajo—. Pero tampoco quiero que se conforme con lo mínimo. No quiero que se pierda entre lo simple.
El silencio se instaló de inmediato en la cocina, uno bastante denso aun asi no se dieron cuenta de que, detrás de la puerta entreabierta, una cabecita pelirroja los observaba con los ojos muy abiertos. Melissa, con apenas cinco o seis años, en pijama y con su peluche favorito apretado contra el pecho.
—¿Van a separarse? —susurró. Los dos adultos se congelaron.
Tom fue el primero en reaccionar, girándose con rapidez.
—No, mi amor. Claro que no. Solo estábamos… hablando.
—Pero tú estás gritando —sollozó ella, frotándose los ojos—. Y mamá está seria.
Eliza sintió un nudo en la garganta que no esperaba. Uno que venía de lo más hondo. Del recuerdo de su infancia, de las veces que la dejaron sola con sus emociones. De la frialdad disfrazada de corrección. Y no. Melissa no iba a crecer con eso.
Caminó hacia ella sin decir nada. Se arrodilló y la abrazó.
—No vamos a separarnos, Mel —susurró, con la voz más suave que jamás había usado—. Papá y yo solo… a veces discutimos. Pero te prometo que esta casa está bien. Que tú estás bien.
Melissa enterró la cara en su pecho. Y Eliza, sin planearlo, comenzó a mecerla suavemente. Como si con ese gesto intentara reparar no solo el momento, sino algo más profundo en ella misma.
Tom se acercó, en silencio, y apoyó una mano en la espalda de ambas. La discusión había terminado. No porque uno tuviera la razón, sino porque los tres estaban ahí y eso era más importante.
....
La habitación de Melissa estaba en penumbra. Una lámpara de noche lanzaba una luz cálida sobre las paredes pintadas con tonos suaves y decoradas con dibujos infantiles. En medio de la cama, Melissa dormía, aferrada a su oso de peluche, aún con las mejillas húmedas por el llanto.
Eliza estaba sentada a su lado, acariciándole el cabello con dedos pacientes. Había tardado más de lo habitual en calmarla. Acariciandola Susurrandole Promesas y no dejar de repetir que todo estaria bien. Pero lo había logrado despues de un largo rato la pequeña respiraba mas tranquila y dormía profundamente.
Eliza se inclinó para darle un último beso en la frente. Se quedó un segundo más de lo necesario, permitiéndose sentir esa paz silenciosa. Luego se levantó con cuidado, caminando en puntas hasta la puerta. La abrió despacio, sin hacer ruido, y la cerró con la misma precisión que usaría un ladrón profesional.
Al girarse… no estuvo sola.
Tom estaba ahí. En el pasillo. Apoyado en la pared con los brazos cruzados y una expresión que mezclaba alivio, arrepentimiento…
Eliza no tuvo tiempo de decir nada.
Él cruzó el espacio entre ellos en dos pasos, la tomó por la cintura y, con un gesto brusco pero contenido, la jaló hacia él.
—Tom… —empezó a decir, sorprendida.
Pero su voz se perdió. La había empujado con suavidad hacia su pecho, y antes de que pudiera procesarlo, la besó con fuerza, con urgencia, con la desesperación de quien ha pasado horas peleando con la persona que más ama, solo para darse cuenta de que no sirve de nada seguir negándolo.
Eliza al principio intentó resistirse. Solo un segundo, pero él ya había abierto la puerta de su habitación. La empujó adentro sin romper el beso, cerrando detrás con la espalda. La habitación matrimonial estaba en penumbra, como una cueva que esperaba solo por ellos.
—¿Qué estás haciendo? —susurró ella, con la respiración entrecortada.
—Lo que debí hacer antes de abrir la boca esta tarde.
—No puedes besarme cada vez que discutimos —dijo Eliza, pero sus manos ya se habían enredado en su camisa.
—Claro que puedo —respondió él—. Es lo único que me funciona contigo.
Ella rió, aunque no pudo sostenerlo mucho. Porque él la volvió a besar. Porque sus cuerpos se buscaban incluso cuando sus ideas chocaban. Porque por mucho que discutieran.... nunca duraban mucho tiempo enojados y esa noche, entre susurros, besos interrumpidos y sábanas revueltas, Eliza Leagan volvió a rendirse a su único punto débil: Tom Stevens y la forma en que la amaba incluso cuando no estaba de acuerdo con ella.