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Quiero darte un beso tan lento que parezca trámite de gobierno.
@siempresarcastico
Hice una de las cosas que más rápido me envejecen: un trámite con el Estado. Cada vez que me veo obligado a eso (nunca es voluntario) siento que firmo un nuevo contrato con Satanás. En este caso necesitaba mi historial laboral de los últimos 12 meses, porque nadie me cree capaz de vivir sin trabajar por un año o más y encima seguir vivo sin ser rico. Para eso tenía que ir a un Abitab a pedir que (inserte aquí todos los aburridísimos pasos a seguir). Me piden el documento de identidad y lo escanean con lector láser y ahí entendí: no somos mucho más que un producto del supermercado o que una tarjeta de crédito o débito. Hoy el documento de identidad es un pedazo de plástico con chip y código de barras. Somos un número más en la nube que no existe, porque lo que existen son grandes centros de datos con servidores que emiten la misma cantidad de CO2 que todas las empresas de aviones comerciales del mundo y además se comen el agua que necesitan para enfriar, esa es la nube, un monstruo metálico mineral de luces y ruiditos (algunos alcanzan los 96 decibeles) y calor, mucho calor. Internet inalámbrico las pelotas, para que eso funcione hay más de 1 millón de kilómetros de cable submarino por todo el mundo (pueden verlo en submarinecablemap.com). Las venas de la nube, más física, pesada y sólida que toda la caca que pueda salir de mi culo en mil vidas (cálculo estimativo, aún sin comprobar), cables que siguen casi todos el mismo recorrido que antes usó el telégrafo, fundamental en la expansión colonial de las potencias hace unos siglos. Al volver a casa al menos tuve una esperanza, escuché a un niño decir la palabra “infinito” mientras le hablaba a otro y a una señora, no le ponían mucha atención y él trataba de graficar con los dedos índice y pulgar haciendo una L o una C, como si pudiera mostrar el tamaño del infinito en un gesto. Y repetía “infinito”, y nadie le respondía ni parecían escucharlo más. Entonces pensé que si todavía hay alguien capaz de vivir el infinito, no se va a conformar con quedar atrapado entre cables submarinos, centros de datos y un documento de identidad con código de barras.
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¿No sabias?
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¿Arrendar o comprar? La gran decisión y el papel del Certificado de Tradición y Libertad
La decisión de alquilar o comprar una vivienda es una de las más importantes que tomamos en la vida. Ambas opciones tienen sus ventajas y desventajas, y la elección ideal dependerá de nuestras circunstancias personales, financieras y objetivos a largo plazo.
Arrendar: Flexibilidad y menor compromiso inicial
Mayor flexibilidad: El alquiler permite una mayor movilidad geográfica y adaptación a cambios en nuestras necesidades.
Menor compromiso financiero: Evita gastos asociados a la propiedad, como impuestos prediales, administración, mantenimiento y posibles reparaciones mayores.
Ideal para quienes buscan temporalidad: Estudiantes, profesionales que rotan de ciudad o quienes desean probar un nuevo estilo de vida.
Comprar: Inversión a largo plazo y estabilidad
Patrimonio: La vivienda se convierte en un activo que puede valorizarse con el tiempo.
Estabilidad: Brinda seguridad y un lugar fijo para construir recuerdos.
Beneficios tributarios: En algunos casos, existen deducciones de impuestos para propietarios de vivienda.
El Certificado de Tradición y Libertad: Tu brújula en la compra de vivienda
Al momento de tomar la decisión de comprar, el Certificado de Tradición y Libertad es un documento indispensable. Este certificado es como la "hoja de vida" de un inmueble y te proporciona información vital sobre su historial legal.¿Qué información contiene?
Propietarios anteriores: Te permite conocer quiénes han sido los dueños del inmueble a lo largo del tiempo.
Gravámenes: Indica si existen deudas, hipotecas o embargos sobre la propiedad.
Restricciones: Muestra si hay limitaciones al uso del inmueble, como servidumbres o restricciones urbanísticas.
Información catastral: Proporciona datos sobre el área del terreno, construcción y avalúo.
¿Por qué es importante?
Seguridad jurídica: Te garantiza que estás adquiriendo una propiedad libre de conflictos legales.
Prevención de estafas: Al conocer el historial del inmueble, puedes evitar caer en fraudes inmobiliarios.
Negociación: Te permite evaluar el valor real de la propiedad y negociar un mejor precio.
¿Cuándo solicitarlo?Antes de firmar cualquier promesa de compraventa, es fundamental solicitar este certificado. Puedes obtenerlo en línea a través de diferentes plataformas o en las oficinas de la Superintendencia de Notariado y Registro.
¿Cuál es la mejor opción para ti?
La decisión final entre alquilar o comprar dependerá de tus circunstancias particulares. Te recomendamos analizar cuidadosamente tus necesidades, objetivos financieros y tolerancia al riesgo.Considera estos factores:
Estabilidad laboral: Si tienes un empleo estable, comprar puede ser una buena opción.
Ahorros: Necesitarás un ahorro inicial para la cuota inicial y gastos adicionales.
Proyecto de vida: Si planeas establecerte en una ciudad por un largo periodo, comprar puede ser más beneficioso a largo plazo.
En conclusión, tanto el alquiler como la compra de vivienda tienen sus ventajas. El Certificado de Tradición y Libertad es una herramienta invaluable para quienes deciden invertir en un inmueble, ya que garantiza seguridad jurídica y transparencia en la transacción.
CANJE DE PLACAS TLAXCALA 2024
SMYT amplía el periodo para canje de placas en Tlaxcala hasta junio 2024. Ampliación del periodo de canje de placas Tlaxcala 2024 El Gobierno del Estado, a través de la Secretaría de Movilidad y Transporte (SMyT), amplió el plazo para realizar el canje de placas Tlaxcala 2024 del transporte privado hasta el día 28 de junio de 2024, manteniendo el mismo costo de 235 pesos; con la finalidad de…
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Mientras envejecía en una de las oficinas del Estado haciendo un trámite, llamaron a la persona que me precedía, un anciano de apellidos Laborite Sastre. Me disculpo por revelar su identidad sin autorización pero es mi forma de vengarme de que estaba antes que yo y de que por culpa de sus apellidos se me desbloquearon dos recuerdos que había olvidado por completo. Laborite era el apellido de un compañero de secundaria que solo compartió clases conmigo un año. Llamaron al viejo Laborite y me atropelló la imagen de un adolescente con pelo negro, ojos oscuros, cara de Ryan Reynolds pero incompleta y una risa de adulto, distópica, como de una persona que aprendió primero la tristeza y luego la felicidad, una risa un poco manchada con la opacidad que la precedió. “No necesitaba este recuerdo” me dije “por algo lo tiré”. Ocupaba espacio al pedo, y ahora por culpa de este viejo se rescataron los datos del disco duro roto de alguien que ya no soy. Qué alegría. Llamaron al viejo Laborite Sastre y me atropelló la imagen de las hermanas Sastre, por alguna razón mi mente me las mostró con ropa de verano, solerita amarilla una (y su pelo negro, suelto) y blanca la otra (pelo negro atado con moño de esos que se hacen cuando salís apurada y llegas tarde). Sastre era el apellido de aquellas compañeras pero no de secundaria sino de otra cosa que es un secreto. A diferencia de Laborite, creo que las hermanas Sastre jamás sospecharon que yo existía, contribuyeron con su indiferencia a enseñarme otros matices de la tristeza después de que conocí la felicidad (infancia). Dejar de ser niño fue difícil y ordenar la alegría en ese contexto fue uno de mis principales problemas. Pasó el viejo Laborite Sastre y lo último que vi en aquella oficina nefasta del Estado que me envejecía a cada segundo fue un cuadro de Artigas al fondo, y al lado sobre un mueble una máquina de escribir abandonada, tan antigua como el prócer, y me pregunté cual de las dos cosas estaba más obsoleta.
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Hacía mucho calor pero afortunadamente a la ida me agarró la lluvia. Llegué un poco temprano. Mientras esperaba afuera mi hora para hacer el trámite de renovar el documento de identidad, veía las gotas que formaban charcos y se me ocurrió que cuando morimos nos convertimos en nubes, el último acto de extinción es disolvernos en gotas que son los pensamientos de los muertos. Al tocar el piso se convierten en agua, en nada. Abandoné la poesía mediocre de la obviedad y entré. “Te llaman por tu nombre” me informaron. Segunda espera. Alguien había olvidado su mochila, o era una bomba. Me senté justo ahí, si me tocaba morir que fuera rápido. Había un señor que en su pasado reciente se intoxicó comiendo pascualina. Sin saber que estaba envenenado siguió comiendo, un asado según dijo y mucho whisky. Al otro día tenía 38 de fiebre igual que la esposa. Ella se recuperó más rápido de esa experiencia cercana a la muerte, él por las dudas sacó hora para el médico, le tocaba visitarlo después de que renovara la cédula. Todo eso supe del hombre porque estaba hablando por teléfono a mi lado hasta que lo llamaron. Había otras personas esperando, 5 o 6. El escritorio desde donde llamaban estaba a metro y medio, así que cualquiera podía escuchar las respuestas a las preguntas del funcionario (David). Un psicópata con buena memoria o tomando notas podía llevarse nombres, apellidos, direcciones, números de teléfono (telefonía móvil y/o fija), estado civil, nombre del/la cónyugue, si vive en pareja, y de qué trabaja. Me llamaron, hablé bajito para que no me escuchara ningún psicópata, miré la cámara para la foto, yo sabía que era con flash, pero se demoraba, pude pestañear dos veces pero la tercera la demoré porque intuí que venía la foto, aguanté estoico, me empezaron a llorar los ojos y la maldita foto no me la sacaban nunca, mis lágrimas se derramaban como los pensamientos de los muertos hasta que una luz me sacó de mi tortura. Salí empapado por la lluvia y con cara de haber cortado una tonelada de cebollas.
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