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Siendo la PYME la principal actriz en la película de la empresa española, la necesidad de cuidarla es evidente. Genera innovación, empleo, riqueza para el país. Empachados como estamos de emprendimiento que al cabo de los cinco años les cuesta seguir, debemos prestar más atención a la PYME. Las PYMEs españolas representan el 65% del PIB, el 80% del empleo y el 99% del total de las empresas creadas.
Desde 2006 tengo la suerte de acercarme a más de 200 PYMEs cada año en reuniones individuales y pasar al menos una hora con ellas. Es mi inversión en formación anual. Es de donde más aprendo.
En tono jocoso, he ido apuntando alguno de los Trending Topics de esas reuniones y los traigo aquí para tratar de desmontar esos falsos mitos:
"..es que mi empresa es especial".
Suele ser la respuesta ante la propuesta de hacer algo distinto, algo innovador. Curiosamente se refugian en sus hechos diferenciales para el inmovilismo. Si de verdad eres diferente, sigue tratando de serlo. Pero en mi opinión, casi todos tenemos muchas cosas en común. Algo que no es necesariamente malo. Ocurre como con los hijos. A todos, los suyos les parecen especiales, pero cuando miras a los de los demás, te parecen similares.
"No me da tiempo a todo, como para atender las redes sociales"
Pues tu mismo, pero la gente, estés o no estés en ellas, va a hablar de ti. Es más, va a solicitar servicios y si no estás vas a perder oportunidades. Mi reflexión es la siguiente ¿cómo se queda un proceso empresarial si le quitas la tecnología? ¿peor? pues entonces necesitas la tecnología. Duda que ningún proceso tecnológico se empeore con la tecnología. Ninguna de ellas ha hecho el camino a la inversa si empieza su transformación digital.
Y quiero lanzar otra pregunta: ¿cuál es el coste de oportunidad de no estar dentro o de no utilizar la tecnología? Reflexionemos despacio. Estar fuera es peligrosísimo.
"Esto tiene que salir perfecto"
Mal asunto. La perfección me temo que no existe. Si cambiamos perfección por excelencia, la cosa cambia radicalmente. La búsqueda de la excelencia nos introduce en una dinámica de mejora permanente. Los niveles de excelencia los define cada uno. Lo suelo resumir como la manera de realizar las cosas lo mejor que uno sabe y puede.
La perfección genera insatisfacción, tensiones y frustración, tanto para el que la busca, como para los que trabajan alrededor. Es simplemente imposible.
Cambiar la excelencia por la perfección es una manera fácil de potenciar el talento (y seguramente el clima laboral).
Se trata simplemente de tres ideas que me llaman la atención que se repitan de manera recurrente en el mundo empresarial. Me encanta que se transformen hacia mejores prácticas.
¿Tienes alguna otra localizada?