Un día raro
Se veía como un buen día. Amanecí con ganas de quedarme en la cama, con ganas de nada. De no interactuar; con ganas de dejar de pensar, abrumarme y preocuparme.
Como todos los días, nos bañamos y nos fuimos a un barrio. Esta vez tocó Bebek. Llegamos a Meg, un restaurante en donde por primera vez sentí que pedí algo realmente saludable. A veces escucho mi cuerpo y sé cuando me está pidiendo que haga cambios ya sea en mi dieta o en mis hábitos. Este fue uno de estos días.
Caminamos hasta llegar a un bar. Me sentí un poco desilusionada de mi misma ya que quería evitar tomar alcohol. No lo logré. Estuvimos en este tap room por bastante rato, tanto como para poder presenciar como un gato se subía a la mesa a comerse la comida de unas personas que aún seguían sentados.
Fuimos al centro comercial a buscar algunas cosas que nos hacían falta para la boda de Sarp. Para entrar nos pedían un QR Code del registro de nuestros pasaportes que hasta la fecha nos siguen pidiendo en algunos lugares. Un centro comercial enorme.
Primera vez que veíamos a varios perros juntos. Bravos, aparentemente.


















