Coloraciones madreselvas recorren el evento con mirada analítica, inspeccionando los alrededores en búsqueda de algún chico reconocible entre el cúmulo de jabonosas anatomías juveniles : una leona en búsqueda de su próxima presa entre un muy específico rebaño ovejero. Y una vez el blanco es encontrado, la distancia entre ambas entidades se ve reducida con rapidez, su francotiradora apuntando directamente al cráneo masculino. ‘ ———¿Podrías venir conmigo un segundo? ‘ una inocencia que no le pertenece y no le queda la cubre cual velo de seda, dedos de sílfide rodeando la muñeca opuesta, atreviéndose a tironear con levedad de la extremidad, suplica silenciosa para quien desconoce el sabor de un “por favor”. // @tvisscr @doncvans