eleazcr.
El pacto se cierra. Falanges entre falanges, sus dedos encuentran fácil acceso entre los de su interlocutora, entrelazándose mano a mano con quien ha decidido depositar absoluta atención durante la velada, y sonríe para sí mismo, pavoneándose por dentro a causa de estar cada vez más cerca de conseguir lo que se ha propuesto ( porque si Eleazar lo quiere, Eleazar lo tiene ). La aureola que rodea su cabeza es de oro y piedras falsas, mas no es necesario cargar corona alguna para que el joven pelinegro sienta tener el mundo en la palma de sus manos, capaz de hacer con él lo que le plazca. La vida le ha sonreído desde que uso tiene de memoria, la dulzura de los privilegios que el dinero le ha facilitado sigue presente en sus papilas gustativas ; la saborea, la disfruta a cada momento. Consciencia tiene de su mortalidad, del efímero lapso de tiempo que sobre el globo terráqueo ha de caminar, e intenciones no tiene de desperdiciar el tiempo que tiene a disposición. Joven Narciso que se regodea con ese poder que a sí mismo se ha otorgado, de la juventud en pleno esplendor que le favorece, de los placeres que la vida le ofrece. Emprende apenas el vuelo, su ascenso se encuentra apenas en su apogeo ; lo sabe. Sabe que no habrá mejor momento para él que el ahora, y algo le dice que la joven de empírea belleza a quien tiene la dicha de llamar su acompañante está al tanto de ello también. ❛ Lo recuerdo, ❜ le asegura, su camino en dirección al corredor ha comenzado ya, guiando con pasos mesurados a su doncella hacia las escaleras de la residencia. La música puede escucharse, proveniente de jardín, de la planta baja. Allá abajo, el bullicio les espera. ❛ Estoy dispuesto a darte más que un baile, pero todo depende de ti. ❜ Le guiña el ojo, sin que su semblante pierda ese notorio aire juguetón que le acompaña a menudo, y entonces le invita a bajar a su lado los peldaños.
Siente una mórbida curiosidad por él : sus afilados colmillos lo hacen diferente / interesante / un artefacto sin descubrir al que le sacude polvo y telarañas. Está acostumbrada a la corrosividad, a las diminutas partículas terrestres intoxicando los pulmones y haciendo que el fino túnel de la garganta se cierre. No hay nada que la sorprenda ahora, la asolada zona de guerra en la que vaga es ahora el lugar que llama hogar, un terreno neutral de paz y anhelo. Todo lo que ha llegado a ser son restos de intuición glorificada. Esos escalofríos que saborean su sudor en la oscuridad siempre volverán por segundos. Es una glotona por los perdidos / los corrompidos, y la mano que la alimenta será la mano que cortará con una sierra apenas tenga la oportunidad. Las pesadillas no temen ; devoran músculos y tejido epidérmico, vientres abultados con el manjar del miedo. Él debería saber que tan hambrientas son algunas bestias. Ceremonias de odio gradual rugen desde lo profundo del abismo, capturan los escalofríos que erizan la piel y se deslizan hacia el órgano más vulnerable. Ambos están demasiado viejos para jugar estos juegos, donde los ganadores son coronados y los perdedores son ridiculizados. Pero el sol ilumina con intensidad en la juventud inmadura del día, las sombras lanzadas tan finas que se ven incapaces de proporcionar refugio alguno. Él convierte ésta escena en su juego : estudia sus líneas con dificultad y aun así se frustra cuando otros se equivocan en las propias. He aquí una epifanía para hombres como tú : las mujeres que caminan con lobos sólo te amarán con los dientes descubiertos, cuando tu cansado esqueleto esté gritando por los instintos caníbales. Ella quiere huesos rotos y encías sangrantes, quiere peligro, quiere pasión. Algo que divida el abdomen y extraiga las moribundas entrañas, que gire su dermis y exponga todo aquello que se rehúsa a demostrar bajo circunstancias comunes. El silencio se asienta dentro de ella durante el trayecto en la planta superior, alimento para una bestia cuya cólera sólo va en crescendo, perfilados arco enmarcándose como única respuesta a la afirmativa que acaricia el pabellón auditivo. Otro tick de las manecillas, y la carcajada que las sílabas evocan es retenida por los brillantes labrosos, maliciosa burla eclipsada por la severa expresión que ha escogido mantener. ▬ No tienes nada que me interese. ▬ la húmeda musculatura se convierte en su arma de preferencia para una batalla que no tiene final, la entonación empleada careciendo de notoria burla o pretensión alguna.













