El espejo se multiplica
donde caen las hojas
-y nadie barre la basura.
Por Esteban Fonseca

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El espejo se multiplica
donde caen las hojas
-y nadie barre la basura.
Por Esteban Fonseca
A Alexander Lopez
He abierto todas las ventanas y nadie silba
nadie llama nadie espera
ha que despierte
No hay un tres pisos abajo a las nueve de la mañana
un tráete un cigarro ahí marico
arepas fritas con queso blanco rallado
una vez al mes, porque es abuso
Porque entre las parafilias actuales no sobra un recurso
para integrarlo en la escasez actual
de todo lo que ya no es un móvil si no coche
pitando azul tocando corneta por toda la residencia
y un joven corriendo por las escaleras
corriendo por Las Minas corriendo por la Ermita
apresurado al encuentro en tierra de nadie
al encuentro del lugar más pacifico y misero de la vida
porque nada es hermoso si no se le denigra.
Así, como sacar la cabeza por la tronera y:
¡como te odio maldito pueblo de mi corazón!
Con todas tus calles solas y sin locales para divertirse
sin tu luz artificial de club nocturno
sin el eco de una tal Ana y un tal Luis
los pacos mamahuevos y toda la porquería que te aparta
en las tardes en Farmatodo y las noches en La Colina y pa´ la cancha
en los infinitos buenos días a la luna
saludando los autobuses con sus cornetas muertas
a las cuatro de la mañana en la Redoma.
Y te levantas con palabras entre las lagañas
abriendo todas las ventanas
por la noche buscando esperando, el mensaje:
Algún murciélago que vuele tan cerca
que te arranque la silaba
y nunca más vuelves a tu cama
sin sueño.
laicas te miran vagabundas
desde las sombras borrachas
que siguen al Dharma
ocultándose en sus templos
Juventud
Embadurnado de sol mi cuerpo marcha voy sudando despedida a despedida la consistencia de mi higado
¿Hasta cuando pondrás la vida en cola? tierra maldita ya no tengo tripa para esto Mientras me escupen las fauces del metro y el calor de las tres me enciende el cigarrillo
El humo manifiesta fantasmas y los ojos se cierran los espectros ya inflitrados viajan a mis entrañas en bocanadas de hastío
exploran a fizgonazos mi alma
Entrada la noche mi boca escupe palabras vestidas de ron replicadas en versos que flotan en barcos azules
la penumbra ya tambalea a mi ritmo
Las luces no importan y los jinetes caraqueños rondan estrepitosos mis orejas
Que venga y terminemos con esto suelta involuntaria mi mente
Por fin toco tierra conocida he llegado ahí con la marea cual tortuga como guiado por alguna fuerza magnética
Horizontal me dispongo al cansancio
Azorada en la mañana salta mi alma
cual Sísifo levanto la piedra mi cuerpo se mueve de nuevo a la expectativa del futuro prometido
por Gabriel Sojo