basura tiene que ser el poema de nuestra época porque la
basura es lo bastante espiritual y creíble como para
embargarnos la atención, estorbando, poniéndose por medio,
amontonándose, apestando.
“Casa de campo”, por Esteban Fonseca
“Corteza y hojarasca”, por Manuel Gerardi
“De los falsos inmortales y los Dioses que pueden morir”, por Gabriel Sojo
“Hálito imberbe frente a cadáver de ciudad (Postales desde el 2015)”, por Carlos Iván Padilla
Un Basurero surgió de la calle nocturna y el letargo matutino. Es el cúmulo de desperdicios de una generación desahuciada, un mausoleo a la nimiedad. Un Basurero se regodea en lo banal y su padecer, en la vasta y entrañable cadencia del desperdicio, aquello que no puede más que expulsarse y dejarse al abandono, dispuesto a descomponerse.
Vacua y lejana, esta basura es mínima frente al Basurero (aunque lo forme), tal como el poema es mínimo frente a la poesía
pues un basurero necesita basura para existir, y quien la produce necesita donde ponerla.
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Hace tiempo que Manuel y yo escribimos. A los 16 años empezamos a leer lo que cada uno decía desde la creencia de que tener acceso a Internet era igual a ser inteligentes. Llegamos a la Escuela de Filosofía de la UCV en el 2012, sin más pretensiones que las de corroborar lo que ya nos era “evidente”.
En el proceso de sacudirnos la inmadurez a punta de lectura, creímos pertinente materializar lo que para nosotros venía siendo una afición. Nació entonces Sacando la basura, un fanzine en donde monologábamos sobre nuestros ideales, donde expulsábamos lo atravesado. Luis, junto a quien comenzamos la carrera, siempre estuvo ahí para llevarnos la contraria. Fue entre esos rayones donde empezamos a lanzar nuestros primeros atrevimientos “literarios”. Empezaba a gestarse un afán por pensarnos, pero por las razones equivocadas: teníamos la firme certeza de que la vida era verdad, que era algo que realmente estaba pasando, así que nos la tomamos en serio.
El 2015 fue para nosotros un año cumbre. Los atisbos creativos durante los años siguientes a la desaparición de Sacando la basura, principalmente inspirados en la cotidianidad y el hastío, nos llevó a desear un nuevo medio en el que se nos facilitara no sólo seguir escribiendo, sino leernos. Leernos como ejercicio creativo, replicar, contar, vernos más que los días.
En agosto de 2015, Manuel, Luis y yo juntamos nuestra colección de desechos y las vaciamos en Un Basurero. Inmediatamente se unió Gabriel, a quien conocimos ahí, en la Escuela de Filosofía, y se volvió una de las personas más importantes de nuestras vidas. Después recomendé a Dmitri, de la Escuela de Psiclogía, a quien conocía desde hacía años y de cuya locura puedo dar fe. Por último entró Esteban, asiduo contribuyente del grupo, cuya aventura en la poesía fue tan potente que nos dejó embelesados.
Así, Un Basurero se volvió nuestro taller, nuestro vertedero. Fue más que un sitio en Internet, fue un pasillo oscuro, una tasca de noche, un callejón de pájaros. Fue una habitación de residencia en Los Chaguaramos. Una prueba patente de que la vida era mentira, un juego.
Les dejamos acá BASURA, una colección de textos que sirven como conclusión del proyecto. Estos 5 libros son la recopilación de una etapa, una forma de soportar una ciudad; una convivencia que, aunque empezó hace mucho, se consolidó en el 2015, y las ganas de dejar constancia de ella, de registrarla.
Todos son textos tempranos, brevemente retocados o corregidos, como esta entrada. Tal es el espíritu del proyecto, su voz y lo que representa para nosotros.
Gabriel se fue, Esteban se va en dos días y Manuel se va este año. Quizá los otros lo intentemos también. Lamentablemente para los demás, siempre queda un rastro de este hedor.