9 to 5 workers break (cept ccino he's always working)
roo, post, ron and ccino! roo and post are talkinb about Nightmare's castle btw
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Buenos Aires Trap, Parte I: confirmación, evolución y masivización
La primera edición del Buenos Aires Trap celebrada el pasado sábado en el Hipódromo de Palermo confirmó el gran momento que vive este sub-género del rap en la Argentina. En esta primera parte, hablamos a fondo de las performances de los artistas previos al cierre estelar a cargo de Duki y Bad Bunny.
Desde su irrupción hace algunos años, y siempre luchando contra prejuicios infundados y una agresividad insólita, una de las escenas musicales más jóvenes y frescas de nuestra historia musical se ha consolidado en base a dos principios básicos: la unidad del conjunto por sobre todo y la absoluta rebeldía frente a los (cuadrados) lineamientos de la industria musical.
Una generación de artistas sub-25 nacidos en la era de los singles y los algoritmos que ingresó al mundo de la música utilizando El Quinto Escalón como escuela autogestionada, siempre mirando con atención las batallas de freestyle norteamericanas, curtiéndose y perfeccionándose en el barro. La expresión “dormirse en los laureles” no aplica ni siquiera a los nombres más consagrados dentro de la escena local. Tal cual las redes sociales, elemento clave para su crecimiento en nuestro país, el trap es un tipo de música que se encuentra en constante renovación y en el que no hay lugar para los débiles.
Lo que sucedió durante la lluviosa jornada de sábado no fue, como se dijo en muchos lados, una mera “consagración” para el trap. Esa etapa ya ha sido superada con creces, pues alcanza con mirar cómo estos beats cadenciosos, oscuros y profundos han colmado recintos históricos como el Luna Park, el Teatro Gran Rex y el Teatro Opera. Es por ello que, a la hora de describir el Buenos Aires Trap, son mucho más importantes los conceptos de “confirmación” y “evolución”, quedando más que probada la capacidad de sus principales exponentes para manejar los parámetros de la escala masiva en vivo.
Cerca de veinte mil personas de todas las edades se acercaron a Palermo para disfrutar de una jornada que comenzó temprano, con centenares de personas desafiando desde el vamos la amenaza de lluvias torrenciales sobre Buenos Aires. Dicho esto, lo negativo: la innecesaria presencia del Campo Vip fue en contra de la esencia misma del trap, siendo el agite mucho más concentrado e intenso en el sector más alejado del escenario.
Luego de algunos minutos en los que la gente se fue acomodando al ritmo de la DJ Aleja Mami y sobre las rimas de Under MC y FMK, la tarde comenzó a encenderse de la mano de DrefQuila. El chileno se plantó en solitario, apenas ayudado por su programador, entregando puro flow latino y mostrándose como un pariente mucho más cercano del reggaetón y la bachata que del trap puro. Luego de un breve intervalo, la presencia de Bardero$ sobre las tablas hizo que el público de más adelante se despabile un poco: C.R.O y Homer El Mero Mero pusieron a todos a saltar, centrando su sonido en la vieja escuela, atacando siempre con rimas filosas y perfectamente coordinadas. Los relatos de la calle, esa forma de afirmar su identidad, encontraron apoyo en un claro desafío a quienes desautorizan al género: “esto no es música”, repitieron varias veces antes de retirarse velozmente bajo una ovación y el pedido de varias canciones más.
Mientras el cielo se oscurecía cada vez más, uno de los números más esperados del Buenos Aires Trap tomó por asalto el escenario: Ysy-A salió a comerse a cualquiera que se le pusiese enfrente, tal cual viene haciendo desde sus 13 años, edad con la que fundó y desarrolló El Quinto Escalón. Aprovechando las pausas entre cada uno de sus temas, se dio el gusto de repartir entre la gente los mismos anteojos que tenía puestos, mostrando en cada uno de sus movimientos una vocación absoluta como showman.
Referente de la escena, parte junto a Duki y Neo Pistea de Modo Diablo, aprovechó cada segundo para demostrar que lo suyo no es casualidad. A contramano de sus colegas, apostó por lanzar un disco de larga duración, Antezana 247 (2018), trabajo sobre el que pivoteó durante poco más de quince minutos donde la adrenalina corrió en grandes cantidades. Mientras la multitud coreaba su nombre, Ysy-A saltó hacía la pasarela y dejó en claro que la mente maestra es él: rimas extremadamente veloces, un desgaste físico al límite y una espalda impresionante para manejar los tiempos. Se sucedieron “Dame Droga”, “Salgo A Cazar”, “Hidro”, “Linaje”, “Vamo’ A Darle” y “Tamo’ Loco”, canciones en las que estableció contacto directo con el trap de Atlanta, la música electrónica dance/house y gran parte de los ritmos latinos clásicos. Experimental y revolucionario, se retiró con la certeza de ser quien vio el camino mucho antes y de que se puede ser un rockstar sin tener una guitarra colgada sobre los hombros.
Siendo tal vez el menos conocido por el grueso de los asistentes, Malajunta Malandro dio uno de esos shows que merecen una mención especial. Exponente nacional del género, el más añejo, el que abrió las puertas hace muchos años, el más genuino de todos sin lugar a dudas. Este caso modelo dentro del rap y el hip hop argentinos, ingresó tranquilo con una lata de cerveza en la mano y saludó tanto a las nuevas generaciones de fanáticos como a los que están desde el principio.
Líder de una guerra santa contra el auto-tune, referente de la calle sin hipocresía de por medio (“esto es trap, pero no el que conocés, no hay putas ni oro, pero hay barrio al cien por cien”), el Mala realizó un importante rescate de nuestra cultura popular, poniendo el eje en la figura de Sandro, mezclando la clásica balada romántica de aquellos años con el hip hop más crudo y frontal que puede existir. El día a día en los suburbios, eso reflejaron sus letras –además de pivotar sobre símbolos populares y torear a los exponentes más jóvenes constantemente– plantándose como el indiscutido rey del trap local.
Vestido con un chaleco anti balas, Big Soto dedicó mucho tiempo de su presentación –a puro gangsta trap latino– a mandar fuerzas para su Venezuela natal y a despotricar Nicolás Maduro. Ya bajo un diluvio torrencial, Neo Pistea sacó a relucir sus credenciales, tirando la casa por la ventana desde el primer segundo de la mano del flow aceleradísimo de “Messi”. La tercera pata de Modo Diablo, el que aporta la locura y velocidad puras, estuvo perfectamente acompañado por la segunda voz, utilizó las pistas con picardía y triplicó el nivel normal de auto-tune para sonar casi como un robot. Recorriendo todos los estilos posibles dentro del trap, dejó todo su físico en escena y generó el gran momento de la tarde cuando interpretó junto a Ysy-A una versión épica de “Uh!”. Teñido de celeste y blanco, mostró los galones necesarios con una performance que se destacó por la brutalidad escénica y una desfachatez plena.
Lit Killah no tardó en tomar por asalto el lugar y, enfundado en una campera vintage de los Toronto Raptors, recorrió la esencia de la Batalla de Gallos con sutiles toques de romanticismo. Pero a no confundirse: hizo saltar a todos sin parar, siendo su fuerte el freestyle, improvisando a toda velocidad antes de cerrar la faena con “Apagá El Celular” y “Bufón”. Fuera de la grilla anunciada, fue una sorpresa grata la presencia de Dak1llah, quien vestida con totalidad de brillos dio un espectáculo visual y sonoro superador, apostando por la agresividad pero con una conciencia entre pop, soul y R&B que la acercó a lo más clásico de la música negra. Tras los pasos del reggaetón y la balada tradicional, “Otra Vez Flashé” puso sobre las tablas al melodrama latinoamericano en un inesperado e inconsciente (pero celebrado) homenaje.
Desde la cuna del trap hispano, Kidd Keo descendió vestido con una mochila de cuero y un espeso pasamontañas, mostrando en muy poco tiempo por qué está un escalón por encima del promedio. Los bajos profundos y el concepto sonoro (y físico) de guerrilla dominaron un extenso recital, sabiendo el español poner a dialogar el sonido más batallador con lo más minimalista en cuanto a estructura. El mestizaje, parte inherente de España, se hizo notar en algunas de sus melodías, sobre todo en las vibrantes “One Million” y “I Got My Gang”, dos temas en los que resignificó el concepto de gangster. Pasional, sobreactuando la ferocidad con éxito, conquistó a todos con su lengua de fuego, agitó a lo loco pegado al vallado en “Me La Suda” y dijo “hasta luego” con la satírica “Dracukeo”.
La estética marera de Ecko fue de la mano de su total sentido caribeño, haciendo de sus minutos sobre el escenario los más bailables de la jornada. Su flow sensual y suave como la seda fue la superficie sobre la que desarrolló su conexión con el fútbol (“Motta”), mostró brevemente los dientes (“ICE”) y desafío sin más al viejo establishment rockero (“Rolling Stone”).
Otro de los puntos más altos del Buenos Aires Trap fue el show de Cazzu, quien desde su ingreso con “N.A.V.E” se mostró en modo emo-trap, aunque sin abandonar el sentido festivo que recorre su ADN. Jugando con los agudos como nunca, adueñándose del melodrama como ninguna y divirtiéndose a lo grande de la mano de un empoderante ida y vuelta con el público masculino, se plantó como la representante más ecléctica de la escena local: trap, rap, cumbia y reggaetón fueron mechados en su lista, cerrando el círculo de fuego con un muy buen cover de “Mi Cubana” junto a Khea y Ecko y una versión muy brumosa de “Chapiadora”.
A la hora de hablar de referentes, es imposible eludir a Khea, encargado de dar el último show de la noche antes de los dos platos fuertes que cerrarían el festival. En clave rupturista, aprovechó la amplitud del escenario al máximo y se mostró muy flexible en lo que refiere a estilos. Buscó impactar de la mano de lo más visceral y directo, sin por ello despreciar ni a la cumbia ni al reggaetón. La suya es una fórmula que oscila entre la oscuridad de una rave subterránea y la sesión de trance con el sol cayendo en la playa, haciendo lugar para encontrarse con Neo Pistea en “Otra Botella” y con Big Soto en “Ave María”. La grata sorpresa llegó al final: mientras interpretaba junto a Midel su hit “B.U.H.O”, Duki –que forma parte de la grabación original– entró corriendo desde el backstage para patear todos los tableros y fundirse en un abrazo con otro de los pesos pesados originarios del ring nacional del trap.
Por Rodrigo López Vázquez
Y esto señores, es por lo cual estoy orgullosa de escuchar Rap Argentino! ♥