@lilupintheskywithdiamonds
No había sido un buen día. Especialmente este nuevo curso, ya todo Hogwarts sabía que Zoé era una Weasley. Cuchicheos, risas, la gente la señalaba.
“–Su apariencia lo dice todo-“. “–Pelirroja y pecosa. Ni cómo negar que es una Weasley”. Decían a sus espaldas.
Era la burla de todos. En estos momentos odiaba a su madre por haberle ocultado quien era su verdadero padre. Y a Charlie por no decirle la verdad.
Se encontraba en la biblioteca, hacía como que leía. La verdad no tenía ganas de nada. La gente seguía mirándola y murmurando cosas.
La joven bruja apretó los puños y su mirada se centró en aquel libro sobre runas celtas.
“–Si, se parecen-“. “Yo diría que hasta parecen hermanas”.- “Parecen gemelas.” Dijeron un grupo de chicos Gryffindor entre risas.
Era obvio que hablaban de ella, pero... ¿se parecía a quien? Zoé frunció el ceño. De verdad ya estaba harta de escuchar estupideces. Devolvió el libro a los estantes. Tomó sus cosas, miró a los Gryffindor de la mesa de enfrente y les enseñó su dedo medio de la mano derecha.
¿Es que no podía estar tranquila ni siquiera en la biblioteca? A donde quiera que iba murmullos. Gente riéndose y señalándola.
A la hora del desayuno, todos en el gran comedor la miraron, fue un silencio incómodo. En su sala común no dejaban de secretearse cada vez que la veían pasar.
–Bola de idiotas- exclamó Bailey Anne. Su mejor amiga, cuando se encontraron por los pasillos. Ambas se intercambiaron una sonrisa y después cada una se dedicó a sus labores.
En los jardines del castillo encontró un lugar. No había nadie cerca y así podría descansar un poco.
Deseaba estar con sus amigas, en su antigua escuela, al menos ahí nadie se burlaría de ella. Lo único malo es que Bailey no estaría ahí.
Se sentó en el pasto y de su mochila sacó unos pedazos de pergamino que ya no iba a ocupar. Comenzó a doblar hasta formar unos pájaros de origami.
Amaba hacer figuras de origami. Era su pasatiempo favorito y en estos momentos le relajaba demasiado. No pudo evitar llorar, se sentía humillada por lo que había pasado tanto en la biblioteca como en los pasillos de la escuela.
– Y lo peor, es que ni ella misma lo sabía– aparecieron un grupo de chicas Hufflepuff, hablaban entre ellas y se reían. Estaban hablando de Zoe. La pelirroja se dio la vuelta y las miró con desprecio. –Es ella- murmuró una de las chicas a su grupo de amigas cuando se dio cuenta que Zoé las escuchó.
–¡Largo!- exclamó la pelirroja. Agitó su varita y todos los pajaritos de origami levitaron en el aire detrás de esas chicas, quienes asustadas huyeron gritando.
La joven se sentó en el pasto. Una lagrima rodó por su mejilla. Quería desaparecer. Escuchó unos pasos acercarse a ella.
Nada más y nada menos que Lily Luna Potter, mismo curso y misma casa. Pelirroja y con pecas, como ella.
Zoé se secó las lagrimas, le apenaba que la vieran llorar. Quiso dejar que fuera ella quien hablara primero. No se le ocurría que decir.
Era verdad que tenían cierto parecido, después de todo eran familia. Casi no hablaba con ella, pero le parecía una chica agradable. En tercer grado hicieron una tarea sobre el cuidado de criaturas mágicas y fueron las mejores de la clase. Ese año Ravenclaw ganó la copa de las casas.
Cada una tenía intereses diferentes, y su círculo social era muy distinto. Quizás por eso casi no interactuaban. Pero la ojiazul no recordaba ninguna discrepancia con ningún Weasley o con alguno de sus hermanos. Es más, hasta James Potter le parecía gracioso.
Debía ser muy interesante tener un padre famoso. Le dedico una sonrisa a la bella chica. Debía pensar que era una grosera por no dirigirle la palabra pero en ese momento sentía un nudo en la garganta. Romper en llanto delante de su compañera seria la peor de las humillaciones.