To be so Lonely || ScorpiusxDanielle ||
Dos semanas exactas habían pasado desde el funeral de la tía Astoria. Aquella mañana Danielle despertó antes que el tío Draco o su primo Scorpius, se vistió con lo primero que encontró en la maleta que su madre había enviado la noche después de que ella regresara a casa con sus dos hermanos y padrastro. Daphne se había marchado tres días después del funeral de su hermana y no precisamente por voluntad propia, pues a pesar de su insistencia en estar bien cuidando a su sobrino y cuñado, Draco la encontró por las noches llorando y asegurandole que estarían bien sin ella y que lo mejor era un poco de distancia con todo aquello que involucrara a Astoria, le había enviado a casa. Danielle, que también se había mantenido en la mansión Malfoy desde el funeral, se negó a seguir las órdenes de su tío de retirarse junto a su madre . Sabía que ella la necesitaba, estaba sufriendo la muerte de su única hermana, pero no podía evitar sentirse molesta por la precipitada decisión de enviar a Liam lejos de la nada y con éste por aceptarlo, así que influenciada una vez más por su temperamento colérico había decidido quedarse con los Malfoy y logrado su cometido después de una nueva discusión con Daphne y Vladimir que no terminó de lo mejor.
Poco le había importado de igual manera el colegio, pues recordemos que se encontraban prácticamente a mitad de año. A pesar de ello, su madre demasiado buena como era, le había enviado lo necesario para su higiene personal junto a una carta anunciando la hora en que Liam partiría. Danielle había corrido por los andenes a despedir a su hermano después de usar el transporte muggle, pero había llegado tarde para despedirse. Y eso Liam nunca se lo perdonaría.
La ojiazul dio un suspiro largo abandonando los recuerdos tristes cuando los panes saltaron de la tostadora y cuidando de no quemarse los colocó en dos platos ya repletos con el desayuno que amablemente el elfo de los Malfoy le había ayudado a preparar. Los colocaron juntos en el comedor principal y ella corrió a despertar a su tío tocando con los nudillos debido a que era la primera puerta del segundo piso y después a su primo, introduciéndose en la recámara con atribución y corriendo las cortinas únicamente para molestar.
— ¡Buenos días dormilón! Es hora de alimentar a las gallinas, así que arriba —ordenó volviendo a él y tirando de las sabanas que lo cubrían con humor. Aquello se le estaba volviendo una costumbre y es que era la única forma de animar a Scorpius a salir de entre las sabanas últimamente. Si algo tenía claro la rubia es que no dejaría que el dolor y la tristeza hicieran lo mismo al muchacho que hicieron con ella. No podía permitirse dos malhumorados en la familia.
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