𝗕𝗔𝗥𝗧𝗘𝗥 (ékleise x knhs)
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El sonido del agua burbujeante chocaba contra las desgastadas paredes blancas de ese lugar, el sonido era algo claro porque en esa habitación no había nadie más que aquella joven de cabello claramente rubio y de ojos castaños, pero ella ni siquiera se fijaba en lo que su mechero de bunsen tenía porque en esos momentos sus oídos estaban enfocados en los audífonos que tenía puesto, en ellos sonaba una música suave de un artista popular que años atrás se conocía como 10cm y sus labios rojos no tardaron en tararear la canción llenando un poco más el ambiente.
Las blancas manos de la blonda pararon de lo que estaba haciendo justo en el momento en que la puerta de su laboratorio se azotó un poco más fuerte, dejó el rompecabezas a un lado y se dirigió a una de las tantas vitrinas de la habitación, con una llave la abrió y sacó de esta su varita y una bolsa preparada anteriormente de painkillers (o vulgarmente, drogas) que ella intercambiaba por cosas básicas para su sobrevivencia.
Porque así era el Edén, todo a base de supervivencia por el masivo caos que se había sumergido la Tierra, ella había llegado años atrás con sus padres quienes duraron un tiempo vivo cuando uno de los humanos los mataron porque hacía este tipos de cosas que ahora la rubia heredaba y su hermana murió meses antes por una virus. Alquimia, era lo que se conocía en ese entonces y era gracioso que un mundo tan avanzado tenga que volver a las raíces de la ciencia fue uno de los pensamientos de sus padres cuando la rubia con su hermana ayudaban mucho a las creaciones de las drogas que ellos hacían, también era un poco irónico que ellos siendo seres humanos con poderes mágicos hagan una práctica meramente humana.
Pero la rubia había vivido con su hermana mucho tiempo, contando el tiempo luego de que sus padres murieran y después el turno le tocará a la mayor, la magia gasta muchas energías, más si eran poderosas y si llegaba un momento en que la tenía que usar era para cuando se sentía amenazada porque ya una parte de los poderes de la hermana menor se encontraba protegiendo la habitación de personas que venían con malas intenciones, o los que bromistas que pensaba que era gracioso tirar bombas.
La blonda abrió la puerta agarrando fuertemente su varita y colocándola debajo de la barbilla de un hombre que le pareció conocido, bueno, claro que sí si era uno de sus tantos clientes frecuentes y del cual era muy amiga ya que éste le traía piedras preciosas dañadas por la radiación a cambio de drogas, y a pesar de ser conocidos de hace mucho tiempo aún no le preguntaba su trabajo pero eso no le interesaba. En está ocasión la causa de todo fue las drogas y se las entregó a cambio de la bolsa de los minerales contaminados
“¿Sabéis que un hombre bajó del cielo? Muchos dicen que es el elegido, Jungeun, creo que pronto saldremos de está miseria y por fin podrás salir de aquí”.
Claro, porque la cara de la llamada Jungeun tenía un precio, tanto así que quién se viera negociando con la bruja del colegio Halim sería considerado traidor a menos que fuera unas personas referentes a las mafias o yakuza, el joven que se encontraba delante de ella se despidió luego de una breve charla dejándola de nuevo en la soledad de su laboratorio.
Tiró la bolsa hacía un lado, y se dirigió hacía el mechero bunsen el cual lo apagó con sumo cuidado y tomó entre una de sus pálidas manos el balón de base plana retirando con la otra la rejilla de asbesto, esperó a que estuviera tibio para beberlo de un tirón, hace un tiempo había descubierto que los minerales, gemas preciosas y entre esas cosas podría ser un buen sustituto de las hojas de té; el problema era que la mayoría estaban llenas de radiación debido a las antiguas guerras que hubo en el país, pero eso nunca fue problema para la hechicera pero el proceso de hacerlo tomaba días. Pero su atención no estaba en eso, ni siquiera que tipo de gemas le trajeron, la mente de Jungeun aún rondaba por las palabras que había dicho su conocido.
¿Un hombre que había bajado del cielo? — Interesante... —