La semana pasada fui al mercadillo que organiza la Escuela de Arte Número Diez (Artedies a partir de ahora), y fue increible.
El año pasado ya estuve vendiendo algunas cosas hechas con la impresora 3D, y como estuve muy centrado en vender no me fijé tanto en las cosas que podía comprar.
Este año fui únicamente con unos fanzines para vender o truequear, y como hace un tiempo me di cuenta de que nunca voy a poder vivir de los fanzines, mi idea era reinvertir todo lo que sacase en buen material. La verdad es que suelo pensar que si somos estudiantes no estamos capacitados para hacer nada que llegue a la genialidad, pero no. Había cosas que eran una locura, locurísima.
Me lleve muchas cosas, reinvertí, y sobre todo, hice trueques. Me encanta hacer trueques, no tener que tocar el dinero. Bueno, esto es porque son cosas que no entran en las necesidades básicas (salvo el pujurito), pero el no ponerles precio, sino una equivalencia, eso fue lo que más me gustó del día.
EL TRUEQUE ME DA LA VIDA















