Todo adulto, en el curso de su desarrollo, ha reprimido determinados rasgos de su personalidad, relegándolos al inconsciente; cuando estas mismas cualidades las detecta en personas del mundo exterior, le parecen desagradables y repulsivas y provocan en él una particular repugnancia. Cuando determinadas cualidades de uno de sus pupilos le resultan especialmente impulsivas e irritantes a una educadora formada en el psicoanálisis y provoquen en ella una animadversión contra el niño, tratará pues de tomar conciencia del proceso de represión ocurrido en su propia personalidad, con el objeto de descubrir el origen de la excesiva repugnancia. Si lo consigue desaparecerá también la antipatía hacia el niño, restablenciendo la actitud pedagógica natural. Para una educadora formada en psicoanálisis no deberá haber, por tanto, favoritismos. Ha de mantener frente a todos sus pupilos una actitud uniforme de buena voluntad y otorgar a cada niño toda la atención que requiera su idiosincrasia.
Vera Schmidt














