Algunas pocas razones por las que me gusta el cine
El remordimiento aterrador de Lang,
el claroscuro marcado de Murnau,
la reflexión religiosa de Dreyer,
el destino dramático de Sjöström,
la comedia nostálgica de Chaplin,
la ingenuidad acrobática de Keaton,
el montaje ideológico de Eisenstein,
La empatía utópica de Renoir,
la moraleja clásica de Fleming,
el patriotismo polivalente de Ford,
el optimismo familiar de Capra,
el conjunto complejo de Hawks,
la sensibilidad crítica de Lubitsch,
la belleza femenina de Mizoguchi,
El ingenio provocativo de Wilder,
el descenso corrupto de Welles,
el despertar social de De Sica,
la ciudad destruida de Rossellini,
el suspense perturbador de Hitchcock,
la claridad memorable de Wyler,
el paisaje exterior de Lean,
la dualidad contradictoria de Huston,
la fuerza refinada de Cukor,
La elegancia experimental de Bergman,
la pintura tradicional de Kurosawa,
la cotidianidad preciosa de Ozu,
el humanismo crudo de Kobayashi,
el anhelo lejano de Truffaut,
la crisis identitaria de Fellini,
la tensión desagradable de Kubrick,
el diálogo convincente de Lumet,
la agudeza sofisticada de Mankiewicz,
el humor negro de Berlanga,
el fracaso satírico de Monicelli,
la conciencia intranquila de Bardem,
el realismo surrealista de Buñuel,
la profundidad personal de Kazan,
la sencillez contemplativa de Satyajit Ray,
la propaganda simbólica de Kalatozov,
El viaje antiheroico de Leone,
la decadencia clasista de Visconti,
la pausa subjetiva de Tarkovsky,
el dolor tierno de Naruse,
la relación errática de Antonioni,
el malestar perverso de Polanski,
el hedonismo frágil de Risi,
el minimalismo sigiloso de Melville,
la ruptura intelectual de Godard,
la denuncia impactante de Costa-Gavras,
la grandeza épica de Bondarchuk,
La ambición desmedida de Coppola,
la inestabilidad moral de Scorsese,
la ficción espacial de Lucas,
el romanticismo irónico de Scola,
el neoyorquino delirante de Allen,
la inocencia perdida de Bogdanovich,
la poesía hogareña de Erice,
la libertad rebelde de Forman,
la naturaleza rural de Troell,
El mundo sombrío de Lynch,
la mezcla detallada de Scott,
la violencia adictiva de De Palma,
la aventura emotiva de Spielberg,
la supervivencia frenética de Cameron,
la verdad oculta de Stone,
el caos mágico de Kusturica,
el aislamiento incómodo de Kieslowski,
la convivencia tóxica de Berri,
El homenaje sangriento de Tarantino,
el tormento oscuro de Fincher,
la madurez honesta de Eastwood,
la redención esperanzadora de Darabont,
la ambigüedad absurda de los Coen,
la fantasía extraña de Burton,
la soledad frustrante de Jonze,
el crimen desorganizado de Ritchie,
el dilema conflictivo de Mendes,
la cultura opresiva de Yimou,
el trago amargo de Vinterberg,
la odisea fría de Angelopoulos,
la memoria imborrable de Salles,
la infancia difícil de Majidi,
El tiempo fragmentado de Nolan,
la autodestrucción visceral de Aronofsky,
la amistad protectora de Jackson,
el lazo conmovedor de Campanella,
el poder vil de Padilha,
la incertidumbre nublada de Villeneuve.