El Cañón del Paraíso
En el blog de hoy les voy a compartir mi anécdota conociendo: “El Cañón del Paraíso”. Éste se encuentra en el Municipio de Peñamiller, en el Estado de Querétaro.
Mi amiga Esme es originaria de este bello lugar, quién nos incentivó a descubrir el paisaje tan natural del que tanto nos había hablado entre clases. Nuestro viaje corto inicia desde muy temprano en la Universidad, recuerdo que íbamos 40 compañeros; todos de diferentes semestres repartidos en dos camionetas con cupo para 20 alumnos.
Una vez que llegamos al sitio, el profesor Martín quien era el responsable, se percató que, las camionetas no podrían cruzar más allá pues el camino era un río que debíamos atravesar por nuestro propio pie. Dadas las indicaciones y nosotros conscientes de ello, comenzamos el recorrido.
Cada quien se fue en pequeños grupos de 5 a 7 personas para llegar al Cañón. El nuestro estaba conformado por Lau, Karla, Jacqui, Jorge, Larsen, Karen, Anayeli, Esme y yo.
Esme al ser originaria del Municipio reconocía el trayecto para arribar directo al destino, fue quien nos estaría guiando y también nos advirtió que tuviéramos cuidado porque en la zona hay unas que otras serpientes.
Iniciamos pasando por un camino de agua muy cristalina, tanto que se lograban apreciar las rocas al caminar, alrededor nuestro siempre había ramas y árboles. Cuando terminamos el pequeño tramo de río, nos esperaba un sendero largo por recorrer; el clima era húmedo y apenas logramos cubrirnos del sol con lo que teníamos a la mano.
Aclarando que cada quien traíamos cargando en una mochila nuestras cosas personales y habiendo recorrido ya algunos kilómetros, nos hallábamos cansados, pero con la convicción de que pronto llegaríamos al sitio tan anhelado.
En nuestro andar encontramos una camioneta, Esme habló con el señor que la conducía para saber si había la posibilidad de que nos llevara de regreso una vez que llegáramos al Cañón. Él accedió y dijo que nos esperaría cerca del Río. Confiados porque ya teníamos transporte, continuamos la travesía.
Cuando creíamos que faltaba menos para llegar, nuevamente nos encontramos con el río que conectaba hacia el Cañón, solo que esta vez el agua se veía profunda, Jorge tuvo la iniciativa de entrar para darnos una noción de qué tan hondo estaba; a él le llegaba casi hasta los hombros. Recordando que traíamos las mochilas, recurrimos a Larsen para que las cruzara a un lugar seguro, pues es el más alto de nuestra clase, para darles contexto, él mide 1.84 metros aproximadamente.
Nos dimos cuenta que ya nos encontrábamos en el Cañón después de caminar durante este tiempo, disfrutamos del agua y de los muros rocosos que había a nuestro alrededor. Estuvimos ahí unos minutos, tomamos fotografías, Jorge y Karen decidieron adelantarse al regreso y mientras tanto, los que nos quedamos pasamos momentos agradables, aprovechando la hermosa vista.
Nos dispusimos a volver para encontrarnos con el señor de la camioneta. Larsen nos ayudó de nuevo a pasar nuestras mochilas, tratamos de cruzar el sendero por tierra, esta vez íbamos en fila Anayeli primero, posteriormente Lau, Esme, Jacqui, yo, Karla y Larsen, sucesivamente.
De repente, ¡apareció una serpiente en frente de Anayeli! Ella gritó y mientras nos regresamos a tratar de relajarnos por lo que había sucedido. Continuando el recorrido, de pura casualidad vimos que estaba un sitio donde vendían pan. Le sugerimos a Anayeli que se comprara un bolillo para el susto, al no haber; terminó comprando una concha.
Ahora sí, llegamos hasta la locación donde nos esperaba la camioneta que nos llevó de vuelta al lugar en el que todo comenzó, le dimos un incentivo y las gracias al señor por transportarnos. Esperamos a nuestros demás compañeros y abordamos las camionetas para volver a la universidad.












