Sin decirlo explícitamente, [el neocreacinismo] establece que la evolución se detiene en la cabeza humana. Esta idea sigue prevaleciendo en las ciencias sociales, la filosofía y las humanidades. El neocreacionismo contempla nuestra mente como algo tan original que no tiene objeto compararlo con otras mentes, salvo para confirmar su excepcionalidad. La arrogancia subyacente tras esta postura explica nuestra reticiencia a aprecias las vidas mentales de otras especies. ¿Por qué preocuparse d elo que pueden hacer los animales, si no hay comparación posible con lo que hacemos nosotros? Esta visión saltacionista (del latin saltus, salto) descansa en la convicción de que algo trascendental tuvo que pasar después de que nos separáramos de los monos: un cambio abrupto sin precedentes en los últimos millones de años, o quizás aún más reciente. Aunque este suceso milagros sigue rodeado de misterio, se le ha asignado un término exclusivo, hominización, al que alude con palabras del estilo de chispa, brecha, abismo.