Interfector - Vindictia
Capítulo 47
“Los licanos de la manada de Beret no podían abrir las otras celdas, no podían hacerlo sin ayuda. ―Espera, Aundrey. Ani cerró los ojos concentrándose. Sintió a cada licano, a cada pareja, niño y adulto. Sintió cada lobo triste, ansioso y llenos de dolor. Cada corazón salvaje abrumado por la pena. Un hilo que tomó de cada uno de ellos, abrazándolo, acogiéndolo y tirando bajo su poder. Lo que les hicieron era terrible, pero más terrible sería ella si les hacían daño a sus vampiros. Dejó que su conversión completa saliera, sus garras, ojos, sus colmillos y su profundo poder como interfector brilló a su alrededor. Los licanos comenzaron a callar, a susurrar e inclinarse. A mirarle desde abajo, alfas, betas y omegas, convertidos y nacidos. Niños y adultos. Respiró profundo en el silencio expectante, y sintió a cada lobo de cada rincón. Y tenía una advertencia que dar. ―Mi vampiro es Aundrey Beledon ―informó con un chasquido de sus garras―. Mis vampiros están afuera y son tres ―anunció y su pelo de erizó en advertencia―. Ustedes no podrán una mano sobre ellos y es una orden. ―Su gruñido hizo temblar sus celdas de plata. Si no entendían su idioma, por seguro que entendían la fuerza y el poder de su lobo―. Me quitaron a mi hijo, a mi cachorro y quiero respuestas. Ustedes serán libres siempre y cuando me prometan información y nadie, nadie ―recalcó―, pondrá una mano sobre los míos. Hubo un silencio tan largo como un suspiro, y luego aceptación en varias y muchas lenguas. Cuando miró a su vampiro, sus ojos grises estaban salvajes y brillantes. Amados. ―Libéralos a todos. Voy por el vampiro.”













