ah si?

seen from Malaysia
seen from China

seen from United States
seen from Georgia

seen from United States
seen from China

seen from Germany
seen from China
seen from Japan
seen from Pakistan
seen from Switzerland

seen from United States
seen from South Korea
seen from Türkiye
seen from China
seen from Yemen
seen from United States
seen from China

seen from France

seen from United States
ah si?
—¿En qué tipo de relación jodida saltas sobre el otro cada vez que te despides? —¿En una buena?
Skins.
Te dije que no te extrañaba pero tengo cerveza en la heladera por si algún día decidís volver.
Te quedó horrible, de verdad. Pero... a ver, si... si te haces una trenza acá... permiso eh. Si te haces una trenza así, tenete acá, dejame ver... Sos linda. Bueno, yo no sé hacer trenzas pero imaginatela bien hecha, ¿no? Bueno igual no te ves pero yo me la imagino. Te queda re bien, muy bien. Así safás. Con todo. De verdad te digo
Un muchacho que sin barba es horrible
Tenés corazón
Necesito sentarme y escribirte. Y lo hago mejor si las palabras las escupo a través de un teclado de computadora. El momento amerita que no lo piense mucho si quiero que salga preciso. La situación es digna de que me olvide de la puntuación y plasme cómo creo que te sentías y cómo nos sentimos, así de corrido.
Te apareciste en casa llorando, con un ojo morado y dos plantas, una en cada mano. Nunca te había visto llorar, pero sí me podía imaginar el por qué del ojo morado. Admito que los plantines me sorprendieron. Nos miramos y te leí en la mirada un “esto es lo que soy“. Y lo estabas así, siendo, en tu estado más puro. No encontraste palabras desagradables que contrarrestaran lo lamentable de tu apariencia y eso estaba bien. Nunca mejor. Eras dolor y no lo ocultabas. Con los años me volví más fría. No sé cuándo me olvidé de cómo abrazar. O sí sé en parte cuándo, pero no quiero culparte. ¿Qué esperabas? Te hartáste de pedirme que no me tirara encima tuyo y que no fuera tan cariñosa. “Ahora hacete cargo“ pensaba mientras me mirabas esperando que te abriera los brazos. Te abrí la puerta. Las puertas. La del edificio. Y la de casa. También la del baño. Sabíamos que no alcanzaba pero me tomaste por sorpresa. Tu ser florecía en la oscuridad, cuando no podíamos dormirnos y te cansabas de simular ser duro, pero ahí, a la luz del día, sentados en la mesa... en la misma mesa dónde nos sentábamos a desayunar y me ignorabas por completo, en la mesa desde dónde me gritaste que te llevara café ese día que me hiciste sentir la basura más grande del mundo. - ¿No tenés una pastilla? - me preguntaste casi rogando una - ¿Para qué? ¿qué te duele? - Todo. El corazón - no pude evitar reirme. El corazón. Nos dijimos de todo pero nunca hablamos de tener corazón. Todavía el sol no se había puesto y estábamos sentados en la mesa del comedor hablando del dolor del corazón. Fuimos ridículos. Digo “fuimos” para no abandonarte en el bochorno. - ¿Y qué te doy? ¿Ibuprofeno? - No sé, lo que sea - sentías que te la hacía difícil y creeme lo sabía, pero tenía que intentar no resignarme a ser una inconsciente. - Bueno - me resigné y te di un Valcote. Tomar un solo estabilizador del humor no te iba a hacer nada malo, pero tampoco nada bueno. Solo hacen efecto por acumulación, pero lo valía si con eso ibas a sentir que te dolía menos existir. Me contaste de tu familia, de tu pelea ebrio y de tu paso por la comisaría. Querías llorar. Quería llorar. Querías un abrazo y yo correr de tu dolor con vos. “¿Por qué seguís estando para mí?” Me preguntaste. ¿Habrás entendido que te amo? Porque así es. Te amo. Siento un profundo amor incondicional, que se mantiene gracias al hecho de que, como ya te dije docenas de veces, no espero nada de vos y entonces nunca me vas a defraudar. Me enseñaste a amar y no me doliste. Y ahí estaba yo, repitiendo frases inútiles como “todo va a estar bien” y sin poder darte más que pastillas que no te iban a hacer nada. Te terminé acompañando a la salida, por no decir que un poco te eché. Agarraste tus plantitas. Yo ya las había mirado. Sabía que querías dejármelas y seguro vos sabías que yo las quería, entonces insististe en regalármelas una última vez. La que yo esperaba. La que bastaba para que aceptara una. Elegí el pinito. Parecía el más fácil de cargar hasta arriba y el más firme como para bancarse un viaje en auto. Te acompañé hasta abajo, te despedí y te quedaste mirándome hasta que entré al edificio. El trayecto hasta la puerta lo hice caminando para atrás. Me sigo incomodando ante tus ojos aunque digas que me veo linda hasta tirando la basura. A los dos días te crucé sin querer. Me pediste perdón por todo, como si no merecieras el intento de contención que te dí, o como si no merecieras amor. Te repetí que estaba todo bien. Nos deseamos buen año y seguimos uno por cada lado. Más tarde te vi de nuevo. Estabas en un banco de plaza con una chica. Ella te tocaba la mano y vos claramente estabas en plan levante. Mentiría si dijera que no me hizo un poco de ruido, pero estabas cómodo y contento y eso me relajó. Mientras tanto sigo escribiéndote, por si algún día llegás a ese estado al que tanto le temo y te olvidás de que te quiero con tanta inmensidad o de que tenés corazón.
"Necesitan estabilidad, siempre lo mismo" me dijo alguien cuando le pregunté cómo podria mantenerla viva.
Estabilidad, ¿siquiera conocemos la palabra? Vos y yo sabemos que juntos no fuimos estables, y que hoy, por separado, tampoco.
Me regalaste una planta. Un arbolito. Vivo en departamento y se me mueren hasta los cactus.
Igual no importa, porque ya una de las metas de este año es mantenerlo con vida y creo que me va a ser fácil, porque se adapta, como vos, como yo 💕
Puedo besar tú carita todo el día ? :c
Me gustaría volver al tiempo en el cual mientras garchaba con vos nos fumabamos una buena seca