Patética. Volver a intentarlo significa tener esperanza, algo que en los últimos días se pierde con abrir y cerrar los ojos. Nadie habla de esperanza en voz alta, nadie menciona el pasado ahora que la historia se tornó más seria. ¿Un pueblo en manos de jóvenes? Nunca lo hubiera imaginado, pero la vivencia es aterradora. Unirme a mis apegados fue el primer instinto, para protegerme y protegerlos, pero no puedo evitar oscurecer los pensamientos. No estamos aptos para llevar un pueblo adelante pero valoro el trabajo de mi líder, tal vez el del resto, sus propuestas parecen prometedoras para los siguientes meses. No dejo de pensar que es mucho para todos, ocupamos las tareas que solían llevar los adultos, pero si no lo hacemos... ¿qué será de nosotros en unas semanas?
Intento ser lo mejor que me enseñaste. El primer día decidí unirme a la fiesta porque tenía esperanza de que estuvieras oculto por la tormenta y que lo máximo que recibiría sería un castigo por adolescente. Amo ese término porque solías decirlo como si nunca hubieras sido un adolescente, como si fueras el padre más correcto. Hoy puedo llamarte correcto por miles de razones, he suprimido las peores partes de ti porque eso no es lo que me hace mejor. Te quiero de regreso, necesito decirte que eres el padre más correcto. Temo que tus últimos recuerdos sobre mi sean mis quejas por tu alcoholismo o las veces que cerré la puerta en tu cara porque tenía un problema pasajero. Quiero que escuches y veas lo que todo este tiempo sacó de mi. Nunca dejaré de insistir ni de dar lo mejor para mis amigos, incluso por esos chicos que no tienen a nadie. Se que el optimismo no era algo que compartíamos, pero es increíble como las cosas cambian de la nada.
Dobló el papel hasta que sus dimensiones entraron en la botella de vidrio. Sus pies seguían sumergidos en las frías aguas del Big Blue, proporcionándole una agradable sensación para los insoportables grados de temperatura en el ambiente. No había oído mucho del aquel río y tampoco tenía esperanza de que llegara muy lejos, sin embargo, había visto más de una vez esa estúpida idea de llevar las palabras por el agua. Acercó la botella al pequeño oleaje de la orilla, dándole un empujón con suficiente fuerza para que divergiera de ella. Allí donde los árboles empezaban a bordear el agua fue que la vio desaparecer.