Millennials y qué hacer cuando alguien no quiere ir a un lugar pero ya se comprometió a ir y sabe que la persona que lo invitó tampoco quiere ir
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No se me puede olvidar
Cargador del celular
Lentes (de sol)
Cepillo de dientes
Pasta
Parche curitas
Bloqueador
Gorro???
Corta uñas
Cotonitos
Shampoo
Bálsamo???
Libro???
Maquillaje
Zapatos qls
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DIEGO. – (Mientras hace la maleta) Puta… En verdad no quiero ir.
PATO. – (Mirándolo) Pero por qué no.
DIEGO. – (Se sienta en la cama y mira al suelo) No sé.
PATO. – Sí sabís.
DIEGO. – Tengo pena, debe ser porque ayer se murió la gata de la Fran.?
PATO. – ¿Y a ti cuándo te han importado los gatos? (Se arrodilla frente a Diego en el suelo). Yapo, dime.
DIEGO. – (Riéndose) Ya, sí, era pésima excusa.
PATO. – ¡Ya po!
DIEGO. – Me cae pésimo tu amiga.
PATO. - ¿Qué amiga?
DIEGO. – (Se para y sigue doblando una polera para guardarla en la maleta) La que se casa po, aweonao.
PATO. - ¿La Melissa?
DIEGO. – Sí, como el hoyo.
PATO. – (Se ríe muy fuerte mientras se sienta en el suelo) A mí también.
DIEGO. – ¿Me estay webiando, verdad?
PATO. – ¿Pa qué iba a webiarte?
DIEGO. – Porque me hay llevado a todas sus cagás de celebraciones desde que le pidieron matrimonio. Si te cayera mal no hubiésemos ido a ninguna weá, ¿O sí?
PATO. – Puta, es que la conozco hace ene po. Ella cree que somos más amigos de lo que somos, pero en verdad fui por compromiso y obvio que te iba a llevar po.
DIEGO. – (Riéndose fuerte) Tú erí aún más conchetumare entonces.
PATO. – (Riéndose) ¡Oye! Respeta a tu marido.
DIEGO. – (Se da vuelta y lo mira) No… Ahora cagaste. Yo tengo que ir a ese matrimonio y decirle a todo el mundo que el mejor amigo de la novia es onda… ¿Judas?
PATO. – (Entre risas) Ni cagando.
DIEGO. – Te juro, voy a curarme un poquito pa que pase piola y voy a correr el rumor durante la fiesta. Voy a partir en la mesa sembrando la duda y después voy a confirmarlo. ¡Con la Antonia po weón!
PATO. – ¡No! A la Antonia sí que no, te juro que no te hablo nunca más.
DIEGO. – Ay, por qué no.
PATO. – (Subiendo el tono de voz) ¡Porque la Antonia se lo va a contar hasta a los papás de la Melissa po weón! No te hagai, todos sabemos que fue la Antonia la que te dijo que el pololo de la Florencia era un psycho killer.
DIEGO. – Me dijo que era un violador, pero obvio que era en sentido figurado ¿O no?
PATO. – ¿Cómo erís un violador en sentido figurado?
DIEGO. – Ay, no sé po. Obvio que la weona exageró. Si según yo, el pololo de esa weona es súper wea. No se le debe ni parar el pico (subiendo el tono de voz).
PATO. – No sé… Ni lo conozco.
DIEGO. – (Riéndose) Yo tampoco.
PATO. – Ya, ¿entonces? Quedamos en que vamos y nos portamos increíble y tú no hablai nada y te comportai como mi esposa bien educada que solo sonríe a los invitados porque El cuento de la criada is coming.
DIEGO. – Me encantó la parte en que creíste que yo soy la esposa, cuando en verdad tú erí el que lava los platos siempre.
PATO. – (Riéndose) Ay, mi papá siempre lavó los platos en mi casa.
DIEGO. – (Tocándole la guata y en tono de burla) Ay, el feminazi, anti machista-hetero-patriarcal, rompiendo esquemas desde 1990.
PATO. – (Riéndose, alejándose y caminando a la puerta) Ya, entonces eso.
DIEGO. – (Antes de que Pato salga de la pieza) ¿Oye y por qué nunca me dijiste que no estabai ni ahí con ir a todas estas celebraciones weonas?
PATO. – Porque me encanta sacarte a pasear y lucirte como mi esposa. Erís mi esposa trofeo.
DIEGO. – Bueno, sí. La verdad es que perfecto soy…
PATO. – Sí, no sé. (Vuelve a entrar a la pieza y se sienta en la cama)
DIEGO. – (Intentando cerrar la maleta) No, siéntate acá pa poder cerrar esta weá.
PATO. – (Sentándose en la maleta) Quizá debería hacerle caso a mi mamá.
DIEGO. – Eeeh, ¿obvio? Es la reina máxima, no sé por qué no empezaste a hacerle caso desde antes.
PATO. – Ay, todo porque te dijo que quería que me pidierai pololeo.
DIEGO. – (Riéndose) Sí y me llamó por Skype y todo. Ya, pero… caso en qué.
PATO. – Cacha que el otro día, pa su cumpleaños, me dijo: (Pone voz de señora) No, yo ya no estoy en edad de andar webiando. No. Me aburrí. El otro día me llamó la (intenta pensar el nombre) no-sé-cuánto y me dijo que si la acompañaba al médico porque tenía una alergia brutal. Y le dije: déjame ver porque no estoy segura si pueda. (Se cansa de imitar la voz) Pero era mentira, me daba lata ir no más. Así que la llamé y le dije: sabís qué, no. No quiero ir.
DIEGO. – (Riéndose fuerte) Me estay webiando.
PATO. – (Riéndose también) No, le dijo esa weá a la pobre vieja.
DIEGO. – Te dije que siempre tenía la razón.
PATO. – Sipo, quizá nosotros también llegamos a ese punto en que no tenemos que ir más a weás que no queremos.
DIEGO. – Ya pero a esta weá estamos obligados. Esta weona nos invitó hace como un año al matrimonio culiao…
PATO. – No, sí po, ya cagamos ahora. Pa la próxima ya sabís ya, vamos a votar y si no queremos ir, no vamos no más. Inventamos una excusa, alguna weá.
(Pato sale de la pieza. Silencio).
DIEGO. – (Gritándole) ¿No seremos muy fomes?
PATO. – Eeeh ¿no? Somos millennials.
Jaime Viveros @ jmvvrs
Ilustración: Valentina Saraos


















