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—Haríamos una buena dupla, ¿no te parece? Tú y yo.— Expuso con naturalidad, como quien visita aquel lugar con frecuencia.
Y es que desde la revocación de su licencia como docente se había visto obligado a asentar su taller en otro lugar más discreto y oculto de la mirada de las problemáticas autoridades de Brahman. En dichas búsquedas parecía como el destino le había puesto a un energúmeno de lo más peculiar en su camino. Una fuente de un poder divino inexplorado y desconocido hasta para los más sabios. Un diamante en bruto por donde se le mirase.
—Hay cosas de ese “pacto” que seguramente no conoces. Podría darte una mano con ello mientras me permitas aprender más de ese ser que te acompaña. Cada uno obtiene un beneficio. Si me lo preguntas, es una oferta que alguien listo no rechazaría.— Sonrió. —Y tú eres alguien con cerebro, no me has demostrado lo contrario.—










