¿Encuentro predestinado o desastrosa coincidencia ?
Ese... había sido un largo viaje. Anteriormente había visitado la ciudad para determinar cual sería mi punto de estadía, había revisado apartamentos que en el periódico aparecían mientras me hospedaba en un hotel por las noches, había llamado por teléfono para averiguar los lugares donde se acordaría la convivencia casual y tan solo uno de los tanto apartamentos que me mostraron me gustó.
No hablé con el propietario en forma solo con la que estaba cerrando el trato, que por cierto era una mujer muy hermosa, pero no me había dado cuenta siquiera que era totalmente diferente viajar con una pequeña mochila tan solo para unos días que con todo el equipaje necesario para estudiar ahí. Tuve que contratar un taxi tan pronto como salí de la estación y sin fijarme demasiado di la dirección que había aprendido de memoria anteriormente.
La señorita debió haber mencionado al propietario que yo llegaría ese día, por lo cual siquiera me molesté en llamar. Al bajar con todas mis cosas del taxi le pedí que me ayudara y le pagué generosamente. Toqué el timbre como si nada y esperé a que abrieran la puerta, cuando no escuché siquiera una mosca dentro del departamento me dedique a utilizar la llave que estaba escondida arriba del marco de la puerta.
Utilicé esa llave y me la eché al bolsillo solo para comenzar a meter todas las cosas. A decir verdad yo no era un fanático de un lugar tan (a mi parecer) pequeño como ese departamento, me había gustado la limpieza del lugar, los libros, las ventanas abiertas y la vista que se daba. Me gustó la cocina, pues pese a vivir con un hombre dentro de esas horribles cuatro paredes, la cocina estaba muy bien equipada. El cuarto que sobraba era el mio, y me dediqué a llenar los lugares en cuanto llegué.
Mis cosas a veces se iban al suelo, y una de mis maletas estaba llena de libros, literalmente, y era la más grande. Me había mudado para estudiar arqueología en ese país, mis padres estuvieron en contra de todo pero yo jamás presté atención a todas las personas que planeaban susurrarme a los oídos que decir. Que se jodan, pensaba, y lo continuo pensando. ¿Para que tener un cerebro si no lo puedes usar? ¿Para qué tener sentimientos si no puedes decidir? El humano tenía historia y estaba equipado para sanar.
Dejé todos mis libros en la estantería que tenía preparada para ellos, y no solo había de historia, también de lugares lejanos, de países extraños, obras literarias distintas y muy variadas, era prácticamente más libros que pared ahora. Había otros más aun guardados en la maleta gigantesca y otros más los traerían después por paquetería; no podía traerlos todos por mucho que quisiera, pero el simple hecho de haber traído esos ya me sentía más aliviado.
-- Al menos no terminarán en la basura. -- Me dije, recordando que había prácticamente escapado de casa. Me acerqué tranquilamente al balcón de esa habitación y sentándome en el barandal sin ningún cuidado saqué uno de mis cigarrillos y comencé a fumarlo con tanta tranquilidad como me permitía la vista. ¿Era eso sentirse libre? Mis pies se movían conforme el viento deseaba, y cuando entrecerré la mirada para soltar el aire pude sentir la presencia de otra persona cerca. ¿Habría llegado el dueño ya?
Cerré los ojos y solté un silbido... No recordaba haber dejado mi cuarto desordenado ya, pero si era así en realidad no me tenía preocupado.