❖ ❖ ❖ ❖ ❖ ❖ ❖ { NOT EVEN SORRY }
Hurtar dulces de la cocina era una tarea sumamente sencilla en la noche. Más aún cuando únicamente necesitaba esquivar a las molestas ovejas que merodeaban por los alrededores.Una bolsa de caramelos, una piruleta, tres palitos de polvo dulce y picante y un pequeño bizcocho relleno.No estaba mal.
Fue devorando el botín de camino a la habitación, estancia que compartía con su igual hasta que le permitieran tener un control sobre sí mismo y una especie de independencia en aquel barco. Al abrir la puerta y encontrarse al rubio durmiendo de forma pacífica en la cama.Caminó dejando los dulces en la pequeña mesita, subiéndose a horcajadas sobre el mayor.El deseo de la destrucción se apoderó de su ser, llevando ambas manos hacia su cuello sin ejercer fuerza alguna. ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado? ¿Por qué aquel chico vivía con la aparente conciencia tranquila mientras que él se había estado atormentando durante años y años, encerrado en la más profunda de las oscuridades? Inluso en aquel instante, las crueles imágenes de su infancia azotaban su ya cansado cerebro.Posó la mirada en los revueltos cabellos del rubio sobre la almohada. El único sonido que invadía la estancia era aquel respirar pausado y tranquilo, viendo incluso como su puecho subía y bajaba al tiempo. No podía. Sencillamente no podía acabar con una vida y menos con la de aquel que le había dado la suya propia.Entonces, abrió los ojos.Susurró su nombre, como cualquier otro ser humano que despierta con un hombre sobre su cuerpo y unas manos rodeando el cuello. —Aunque quiera, no puedo odiarte...— dijo el peliplata en un susurro. Acercó su rostro de una forma peligrosa a la del contrario. Para evitar un posible escape, retiró las manos de su cuello para usarlas como pesos contra sus hombros.
No fue suficiente robar sus labios, apropiarse de ellos con la fuerza y posesión de aquel que reclama lo que es suyo. Aunque no se libró una lucha excesiva, logró que Silver se apartara de él durante unos segundos. Los suficientes para que el enfado nublara su vista en forma de lágrimas; quizá de impotencia, quizá de desesperación, quizá de soledad.
Ésta vez le retuvo con una mano sobre su cuello, amenazando con hundir las falanges en cuanto notara cualquier signo de rebelión por parte del que ahora era el sometido.Poseyó hasta el último rincón de su cavidad bucal buscando en vano algún tipo de consuelo en ello. Mordió un pequeño punto del labio cercano a la comisura derecha incluso llegando a notar el metálico sabor de la sangre, habiendo logrado abrir una herida.¿Acaso estaba loco?¿Y quién no lo estaría en su posición?
Las palabras sobraban, dejando que el impulso de sus actos tomara riendas de su propio cuerpo, bajando desde la boca hacia el mentón, cuello y clavícula en un camino de besos. Con ésta acción, buscó compensarle por el momento de desespero que había dejado salir.Pero tanto su cuerpo como su mente continuaron insatisfechos.Necesitaba ser alguien, hacerse notar.Buscaba ser comprendido aunque fuera bajo las sábajas de aquel que le pertenecía.Yogi era suyo.