La noche es abrumadora, capaz de hacerte sentir que morirás bajo las afiladas garras de millones de monstruos que te acechan en la temida oscuridad, sin poder gritar e incluso sin que nadie más te escuche. ¿No pasa esto mismo cuando intentas escapar de tu propia oscuridad? ¿Acechado por tus propios demonios que te destruyen lentamente sin poder gritar o hacerte escuchar?
Ella caminaba sin algún rumbo por la carretera luego de durar horas rondando por el bosque, no sabía su nombre, su edad, tampoco el hecho de porqué había despertado en aquel bosque e incluso, no tenía idea de donde estaba. Esta totalmente perdida y solo camina porque su intuición lo decía.
Pronto fue capaz de avanzar más y dar con una cabaña iluminada, posiblemente con personas en su interior, afuera hacía frío y claramente la chica estaba congelándose, no solo con el frío sino que también con sus propios miedos e ideas.
Frente a la puerta, cuando estiro su mano y se dio a la tarea de tocar, en el momento exacto en que la piel desnuda tocó la madera, un hilo de imágenes se pasaron en la cabeza de la muchacha, la cual retiró su extremidad con rapidez y llevó a su cuerpo tomando una bocada de aire sin entender que había pasado. Y de nuevo, con duda volvió a acercar su mano a la madera, obteniendo esta vez una imagen más clara.
En ella se hacía paso una chica de cabello azabache abrir la puerta mientras guardaba las llaves en el bolsillo izquierdo de su abrigo negro y luego sin más salía a la intemperie. Abrió los ojos, encontrándose de nuevo frente al puerta, con la respiración agitada, sentía esa imagen familiar y al mirar sus manos y recorrer por primera vez su cuerpo se encontró con lo que parecía ser el mismo abrigo visto en su ¿visión?, bien, aún no sabía que era, pero le llamaría visión.
La idea de su cabeza de que pudiera ser aquella chica se hizo clara cuando metió su mano en el bolsillo izquierdo y dio con las llaves, y de nuevo, al tocar el metal su piel nuevas imágenes dieron paso en su cabeza, y de nuevo, la misma chica aparecía en su mente esta vez trotando rumbo a la ciudad mientras llevaba las llaves en su mano.
Y volvió a abrir sus ojos, al menos sabía hacia qué dirección quedaba la ciudad, con cuidado probó las llaves en la cerradura, hasta dar con la correcta y triunfar victoriosa cuando la puerta estuvo abierta frente a sus ojos. Camino por el pasillo luego de entrar y cerrar, entrando en calor rápidamente gracias a la chimenea encendida, era extraño, parecía que quien fuera dueño del lugar había salido solo horas antes con ánimos de volver. Sí, estaba sola, podía sentirlo e incluso olerlo, ¿cómo? Eso tampoco lo sabía.
Y vio su reflejo en el espejo que daba con el corredor de la puerta, los ojos grandes de color oscuro, el cabello azabache largo y la piel blanquecina. A paso lento y con sus manos en su cara mientras mantenía fija la vista en el mismo lugar se acercó más. Era ella, todo lo que había visto hasta ahora era ella, recuerdos, momentos y se fijo en el detalle más importante, las figuras en su piel.
No demoró mucho en quitarse el abrigo, el sueter e incluso la camisa, la piel tatuada en diferentes partes ocultando el color blanco reemplazado por la tinta, recorría cada extremidad y parte de su cuerpo y de paso ella con la yema de sus dedos, era magnífico, muy guapa a decir verdad, pero pronto le invadió la tristeza al darse cuenta que había olvidado incluso su propia apariencia.
Volvió a ponerse su blusa con ánimos de recorrer el lugar, comenzó con la cocina, y al tocar el marco, descubrió por medio de imágenes que no era fanática de esta y que prefería hacerse ramen instantáneo en el horno microondas. Y continuó su recorrido esta vez por la sala.
Al colocar su manos en el sofá color carmesí pudo observar que al llegar del trabajo prefería sentarse allí frente a la chimenea a distraer su mente con un libro del estante. Y en aquel estante lleno de libros también pudo reconocer cuales eran sus obras literarias preferidas, todo aquello que tuviera que ver con la ciencia y el espacio tiempo.
Al subir a la segunda planta, mientras recorría con sus manos la baranda de las escaleras veía muchas más cosas, ella bajando apurada, subiendo adormilada e incluso podía ver a personas que no podía recordar. Curioseo primero el baño, fascinada con el estilo rústico que ella misma le había dado al lugar, la bañera que en realidad era una tina era su lugar preferido de la casa. ¿Cómo lo supo? Luego de tocarla, los baños largos con música suave llenaron su mente.
Y termino el recorrido con su habitación, la cama grande adornada con cojines y cubrecamas en colores rojos le hizo deducir que posiblemente ese era su tono preferido, lo había visto incluso en otras partes de la casa. Se dejó caer sobre la cama, cerrando sus ojos y dejando que las imágenes invadieran su cabeza.
Se encontró con ella desvelandose de diferentes formas una más íntimas que otras, y luego se detuvo en una en específico donde parecía discutir por teléfono con varios objetos regados en la cama, observo como ella misma los guardaba en una maleta y luego escondía bajo una de las tablas de la misma habitación.
Con el ceño fruncido y el espíritu curioso a flor de piel se sentó en el suelo frente al lugar visto, levantó las tablas y descubrió mucho más que la maleta vista, armas de todas clase, dinero y una computadora extraña, al tocarlas fue capaz de observar cada una de las situaciones en las que las había usado, los gritos, la sangre y el dinero llenaron su cabeza durante esa noche.
Y luego, por cinco meses estaría encerrada en aquella cabaña averiguando sobre si misma, hasta que la carta que parecía ser de las personas con las cuales trabajaba llegó, citandola en cinco día en el aeropuerto para una “nueva misión”.
Era Dakota Hirs, procedente de Kobe, Japón. Tenía 21 años, no había rastro de su familia o algún cercano, pero algo le decía que todo aquello era falso. Y claramente, la parte más importante era que su trabajo sanguinario estaba ligado a una mafia, en la cual, su puesto era el más caprichoso y sucio. Ahora temía no saber ni de que era capaz, sumando que durante esos cinco meses había visto y hecho cosas extrañas, sabía entonces que tampoco era humana y no tenía idea de quienes más lo sabían.