Algun día alguien amará mis ojos, mi forma de ser, incluso mi timidez, mi pena al hablar con gente que no conozco y el hecho de que no suelo iniciar conversaciones.
Algún día alguien me hará sentir que SI puedo ser.
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@tarazabini
Algun día alguien amará mis ojos, mi forma de ser, incluso mi timidez, mi pena al hablar con gente que no conozco y el hecho de que no suelo iniciar conversaciones.
Algún día alguien me hará sentir que SI puedo ser.
Últimamente confundimos demasiado el amor con la lujuria. NO digo que esté mal desear a una persona de manera carnal; el deseo también forma parte de las relaciones humanas. Lo preocupante es cuando ese deseo se reduce únicamente a lo físico, a pensar cómo se vería alguien durante un acto íntimo o qué tan agradable resultaría a la vista, dejando de lado todo lo que realmente conforma a esa persona.
Vivimos en una sociedad que nos empuja constantemente a modificar y perfeccionar nuestros cuerpos para encajar en un estándar de belleza casi imposible de alcanzar. Nos preocupamos más por ser aceptados por los demás que por conocernos o aprender a querernos a nosotros mismos. Y eso deja en evidencia lo perdidos que, muchas veces, llegamos a estar.
NO deberíamos permitir que esa idea defina nuestro valor. La belleza es efímera; tarde o temprano cambia y desaparece. En cambio, nuestras cualidades, nuestra esencia y la forma en que tratamos a los demás son las cosas que realmente permanecen. Al final, eso es lo que nos hace únicos y lo único que podrá distinguirnos de una sociedad llena de personas "NPC-xistas", donde muchos terminan viviendo bajo las expectativas ajenas en lugar de construir una identidad propia.
El sonido de una guitarra se hizo presente entre ellos, reemplazando el ritmo energético que había llenado la cocina hasta hacía unos segundos. La reproducción aleatoria había hecho de las suyas.
Los primeros acordes de Wonderwall de Oasis comenzaron a sonar por el pequeño parlante. La melodía envolvió el ambiente, haciendo que, por un instante, el mundo más allá de aquella cocina dejara de existir.
-Vaya cambio... -soltó una risa tímida.
Takashi desvió la mirada hacia el parlante y sonrió apenas.
-Es la de Boulevard.
-Sí te acuerdas...
-¿Cómo no hacerlo? -respondió con una pequeña sonrisa.
Carraspeó ligeramente antes de enderezarse. Sin dejar de mirarla, tomó una de sus manos con delicadeza y la llevó hasta sus labios, depositando un beso sobre sus nudillos.
-Mi querida Weigil... -dijo con un tono juguetón, algo poco habitual en él, pero que solo ella lograba sacar a relucir-. ¿Le permites a tu Luke Holland sacarte a bailar esta pieza?
Su gesto hizo que ella sonriera con torpeza, provocando una pequeña risa en ambos.
-Mmm... no lo sé...
La joven fingió pensarlo durante unos segundos, llevándose una mano al mentón.
-¿No? -Una ceja se arqueó en el rostro del peli lila.
-Tendría que pensarlo mejor.
Él dejó escapar una risa baja.
-Está bien.
Hizo el ademán de retirar la mano, pero antes de que pudiera hacerlo, ella entrelazó sus dedos con los de él.
-Aunque... creo que podría hacer una excepción solo por esta canción.
Una sonrisa sincera se dibujó en el rostro del de cabellos lilas.
Con sumo cuidado la ayudó a bajar de la encimera, asegurándose primero de que sus pies tocaran bien el suelo.
La atrajo apenas lo suficiente para que una de sus manos descansara con suavidad sobre la cintura de la joven, mientras la otra permanecía entrelazada con la suya. Comenzó a balancearse despacio al ritmo de la guitarra que inundaba la cocina.
En un momento tan simple como ese, Takashi sintió que no necesitaba nada más. Si pudiera pedir un solo deseo, sería congelar aquel instante y permanecer junto a ella por toda la eternidad.
-♪ And all the roads we have to walk are winding... ♪
La voz de la joven rompió el silencio con una dulzura que hizo que el corazón del peli lila se encogiera.
Con suavidad, la abrazó un poco más por la cintura mientras seguían el ritmo de la canción y escondió el rostro en el cuello de la muchacha. No quería soltarla. En el fondo, había un miedo que no sabía explicar: el temor de que, si lo hacía, tal vez nunca volvería a sentir su calor, su perfume o la tranquilidad que encontraba al mirarla a los ojos.
Creo que leer historias de amor es la peor droga que un ser humano puede probar. El siempre pensar que NO conseguiremos un amor tan lindo como lo dictan dichas páginas hace querer y querer leer más hasta olvidarnos de aquella sensación; no digo que sea malo, sino que siempre esta ese efecto placebo de que en algún momento sucedera y cuando terminamos, nos sumergimos en una nostalgia tan ajena a nosotros mismos que nos hace replantear si "¿alguna vez me han querido de tal manera?" O "¿puede alguien quererme como lo hizo el interés amoroso al protagonista?".
Me causa gracia recordar mis tiempos en la escuela. Siempre fui la típica chica que se enamoraba de cualquiera que le dijera algo lindo. Y, bueno, cuando reunía el valor para confesarme, siempre terminaba siendo rechazada. Era de esperarse.
Lo curioso es que casi todos esos rechazos tenían algo en común. Según ellos, "no era su tipo" o simplemente "no les parecía bonita". Con el tiempo dejé de tomármelo tan personal, porque la verdad nunca me he considerado ni la más bonita ni la más fea; siempre pensé que era alguien bastante normal.
Pero, aun así, a veces me quedo pensando en algo. ¿Nunca han visto a una pareja del colegio y han pensado: "¿Por qué yo no pude vivir esa etapa?" O simplemente: "¿Por qué ellos sí pudieron y yo no?"
No es envidia. Es una sensación rara, como si hubiera una experiencia que todo el mundo vivió menos tú. Y entonces solo queda esa pregunta que aparece de vez en cuando...
¿Por qué?
¿Nunca han sentido NO ser el tipo de alguien?
No hablo de una persona en específico. Hablo de esa sensación de pensar que, entre millones de personas en el mundo, no pareces ser el tipo de nadie.
Es extraño, ¿no? Saber que existen tantas personas y, aun así, preguntarte si alguna vez alguien te mirará y pensará: "Es exactamente mi tipo."
A veces me pregunto si esa sensación es más común de lo que creemos, o si solo somos algunos los que cargamos con esa duda.