Señaló hacía atrás con su cabeza por respuesta, cuando la castaña lo viera por sí misma se le disiparía cualquier duda. Su mirada escaneó la van que no se encontraba demasiado lejos y pensó en la horrible idea de sufrir un asalto de cualquier tipo por parte del corpulento hombre que ahora las seguía a ambas. No le tomó demasiado tiempo decidir. “Corramos” susurró, tomando el brazo de la contraria para que ninguna de las dos quedara atrás en su carrera. “Cuando diga tres… ¡Tres!” exclamó en un tono bajo, y a continuación echó a correr en dirección a su destino, sin soltar a la contraria.
No dudó un segundo en correr cuan rápido pudo cuando la contraria jaló de su brazo y apuró su paso al punto de que no sintió los pies. Sabía que su seguridad y la ajena dependían de ello, por eso al instante en e que llegaron a la van, abrió la puerta con torpeza y entró, haciendo pasar a la joven. Prácticamente saltó los asientos, y quedó sentada en el de piloto, donde con nerviosismo, encendió el vehículo y cuando éste respondió, arrancó a todo trapo.”¿Lo es? ¿dónde está?” cuestionó, llena de miedo, una vez que la van se encaminó con rapidez por la avenida.












