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Se encogió de hombros - Puede, pero Yale es muy grande y llena de muchas personas, así que no descartes que mi cara te suene de algún articulo en el periódico o algo, después de todo es mi trabajo lucir bonita en las fotos - Afirmó con la cabeza, antes de dedicarle un guiño - La vida es como una película de terror, puede ser una muy mala que te da risa, ejemplo una de gnomos que vi hace unos días, o puede ser como una que te deja con una sensación extraña en el cuerpo - Le dedicó una sonrisa antes de bajar la mirada y rascarse la nuca - Puedes ponerme a debatir en un salón lleno de personas y no pasaría nada, ahora si me pones en una cena con mi madre y posiblemente me de un paro cardíaco, esa mujer sabe como tocar las fibras más sensibles.
“Hace bastante tiempo que no leo un periódico o veo un noticiario, así que créeme, debimos coincidir en algún club o fiesta en Yale.” aseguró con una sonrisa, mordiéndose el labio inferior al verla guiñar un ojo. “Bonita lucirás hasta en pijama, eres muy guapa.” comentó mirándola para después echarse a reír. “¿Te refieres a esa en la que sale Jennifer Anniston super joven? Porque entonces también la he visto y da demasiada pena.” negó un par de veces y observó su gesto, atenta a lo que decía. “Bueno, por algo son nuestras madres, ¿no? Saben de sobra como somos y pueden usarlo si quieren en nuestra contra.” comentó, sin saber demasiado sobre dicho tema puesto que jamás estuvo muy unida a la suya.
Se cruzó de brazos realmente planteándose lo que le acababa de proponer la chica: -Si puedes darme alguna recomendación en formato “cita entre dos personas adultas”, estaré completamente dispuesto a compartir mis conocimientos contigo -soltó entonces con una simpática sonrisa que pocas veces mostraba (de normal era la sarcástica porque la gente le solía sacar de quicio)-. Si es una universidad importante esa tal Yale, probablemente habrían muchos pijos y… tú no tienes pinta de pija -sopesó mirándola de pies a cabeza. ¡Si incluso le había regalado su sujetador! Aunque ese no era el momento para ponerse a pensar qué iba a hacer con él. Hinchó bastante sus mofletes ante la risa de Leif, si bien Archie padecía de miopía y a veces cuando no iba con las gafas, no sabía distinguir entre conocido y desconocido… en esos momentos no tenía esa excusa-. ¿Y me van a dejar entrar? -comentó entonces arrugando la nariz. Le llamaba bastante la idea de poder ver a chicas en pelotas por ahí danzando, pero no quería ser “acosado” por un guardia de seguridad o algo así. Por suerte, cuando llegaron, no había ninguno-. Como me encuentre a algún ciudadano decente al que le reparto cartas usualmente aquí… Me voy a echar unas buenas risas -comentó riendo levemente dejando que Leif entrase primero por si las moscas.
“¿Cita entre dos personas adultas?” alzó una ceja riendo y asintió varias veces. “Vale, vale, uh pues deberías leer el relato de Casa tomada y después El rastro de tu sangre en la nieve, este último de García Márquez.” propuso con una sonrisa, estando segura de que disfrutaría de ambos. “Las apariencias engañan, querido padawan.” se limitó a decir, pues lo cierto es que a pesar de su aspecto desarreglado y el estilo de vida que optó llevar, siempre fue criada con los mejores lujos y todo a su alcance. “Se supone que eres adulto, ¿no?” le dio un suave codazo en el brazo y continuó riendo. “Ya verás como te encontrarás a más de uno.” negó un par de veces con la cabeza y esperó a que Archie dejase su bicicleta para tomarlo de la mano y entrar en el local como si fuese una pareja.
- Debes ser la única persona que conozco que le gustan esas clases - sintió un escalofrió recorrer su cuerpo de solo pensar nuevamente en tomarlas - Graduada con honores en Yale - Sacó un poco el pecho fingiendo orgullo máximo - Pues es una decisión cuanto menos interesante, mientras sea feliz haciéndolo no creo que nada más importe - Se encogió de hombros, escuchando atentamente las palabras que decía Leif - Eso es totalmente correcto, las películas de terror nos han enseñado que si eres rubia y guapa vas a morir… Pero por lo de ahora prefiero hacerles caso, si total en unas semanas aparecerá por el periódico “Joven promesa política muere a manos de su madre” - Lo ultimó lo murmuró entre dientes
“No, eso es imposible, a mucha gente le gusta debatir sobre filosofía y por ende, economía, política e incluso ética.” replicó con una tímida sonrisa, alzando ambas cejas con una sorpresa quizá esperada. “¡De eso me suena tu cara!” exclamó, sin recordarla personalmente. “Yo empecé derecho en Yale, pero ya sabes, decidí dejarlo y echarme a caminar.” comentó, riendo por la coincidencia. “Bueno, yo no me refería a las películas de terror, yo hablaba sobre la educación que se nos da a las mujeres desde pequeñas, pero supongo que eso puede ser un buen ejemplo.” arrugó ligeramente la nariz y le miró con curiosidad. “Uh, ¿estás metida en la política y te asusta tu madre?” bromeó.
-Sí… Por muy buena literatura que tengamos los ingleses, también es importante conocer la del resto de Europa y… del mundo supongo, aunque solamente he dado la de Europa y muy por encima -y tan por encima que Archie apenas se acordaba de los numerosos autores que habría dado en el instituto. Y pensar que se había graduado tan solo unos cuantos meses a atrás-. No estuvo mal, aunque nunca disfruto de un libro que me obligan a leer -respondió sincero mientras cambiaba de calle, viendo que en la que estaban no había ningún bar-. ¿Yale es una universidad importante, no? Lo digo porque lo mencionan en muchas películas y cosas así -y de nuevo, la ignorancia de Archibald salió a la luz (y qué poco le importaba aquello)-. Podría decir lo mismo de ti, Leif -intentó pronunciar bien su nombre-. Que tampoco nos llevamos tantos años -uy, el pique. Notó cierto cambio en la actitud de la muchacha, pero decidió dejarlo pasar-. Pero esto es solamente el comienzo. Apenas he vivido aventuras de verdad... -le restaba importancia a todo lo que había vivido-. Hey, ¿esas luces de ahí…? ¿Es un bar?
“Si en algún momento quieres alguna recomendación de literatura no europea, estaré más que encantada de dártela.” aseguró con una sonrisa. “De hecho, creo que te gustaría la hispanoamericana, ¿nunca has leído algún relato de Cortázar o Borges? Son muy interesantes.” comentó mirándole de reojo. “Y yo estaré encantada de que me recomiendes algo de manga para leer.” añadió sobre el tema, asintiendo ante su pregunta. “Suele pasar, sobre todo si el profesor te indica como interpretarlo.” suspiró, apretando los labios al escuchar hablar de su universidad. “Sí, sí, pero digamos que el mundo del derecho y la gente que había ahí no eran lo mío, por eso preferí dejarlo y echarme a caminar.” dijo con sencillez, sin tener ganas de contar la historia completa pues el apellido de su padre contaba con fama mundial, al igual que el caso que estaba investigando la policía. “Hey, ahora lo has pronunciado bien.” rió, dándole un suave golpe en el brazo. “Bueno, quizá estés en lo cierto, no son tantos.” bromeó rodando los ojos y volvió a prestarle atención. “Poco a poco, las cosas buenas de la vida no ocurren de un lado para otro.” al observar el bar que le había indicado, arrugó la nariz y aguantó la risa durante unos instantes. “Archie...es un prostíbulo.” se mordió el labio y tras pensarlo unos segundos, sacudió la cabeza. “Pero bah, venden cerveza igualmente, vamos.”
-Ah, a Brecht lo leí porque me obligaron en el instituto -reconoció sin mayor remordimiento. Tampoco es que le quitase el sueño el hecho de que no se hubiera convertido en la persona culta que le habría gustado a su abuelo-. Y creo que sí fue Madre coraje y sus hijos -respondió rascándose la nuca bastante pensativo. Su memoria solamente le ayudaba para las cosas que realmente le interesaban-. Eres como una enciclopedia de literatura, ¿no? -alzó ambas cejas algo “sorprendido” por todos los conocimientos de la chica-. Suelen engañar y bastante. Sobre todo en una ciudad como ésta, que se llena la boca hablando de su riqueza y luego vemos lo que en verdad tenemos -soltó suspirando de forma pesada-. Puedes contármelo cuando tenga una cerveza entre las manos -movió los pedales de su bicicleta pinchada de forma distraída. Le dedicó una mirada azul curiosa, en parte, estaba acostumbrado a la pregunta porque había que ser sincero… su situación era cuanto menos peculiar-. Estaba harto del orfanato donde crecí, así que decidí embarcarme en mi propia aventura -explicó sin más, puesto que era la verdad.
“Vaya, no tenía ni idea de que en Inglaterra lo pusiesen como lectura obligatoria.” comentó con cierta sorpresa, pues pensaba que allí se limitarían a leer sus propios clásicos. “¿Y te gustó?” preguntó, alzando una ceja para después echarse a reír ante el calificativo del joven que, en cierto modo, no era la primera vez que lo escuchaba. “Algo así, aunque la verdad nunca estudié nada relacionado con ello, comencé derecho en Yale pero terminé por dejarla y eso.” encogió los hombros, sabiendo que el resto ya era drama que no valía la pena contar. “Vaya, a pesar de tu juventud se ve que eres muy maduro.” un pequeño nudo en su garganta se formó ante aquello, pues la gente así solía ser la que había sufrido más y al conocer su historia, se quedó ciertamente compungida, pues ahora todo tenía sentido. “Uh, entonces seguro que tú también tienes cientos de cosas que contarme, al fin y al cabo, como has dicho, emprendiste tu propia aventura.”
Estiró su mano para poder estrecharla con la de la chica - Me llamo Daniela - Intentó sacudirse un poco la sensación de decepción que brevemente invadió su cuerpo, como había supuesto la chica no la reconoció, no le extrañaba hacía ya muchos años desde que estuvo en Yale - No por favor, tuve suficiente de ellos en mis años de estudios, no necesito recordarlos - Negó varias veces con la cabeza, alzó una de sus cejas al escuchar a la chica - ¿Has estado caminando el país durante 3 años? - Hasta ese momento no había reparado en la ropa que llevaba la chica, algo desgastada y estaba segura que había perdido casi en totalidad el color, lo que más le impresionaba era la tranquilidad de la chica al decir aquellas cosas - yo hubiese huido al primer ruido extraño, demasiadas películas de terror.
“Un placer, Daniela.” le estrechó la mano y no pudo evitar quedarse mirándola con una sonrisa. Era cierto, a lo largo de estos años había visto miles de caras diferentes, pero algo en el rostro de la latina que le indicaba que no le conocía de sus caminatas. “Con lo divertidas que son.” negó un par de veces con la cabeza riendo y alzó una ceja. “¿Dónde estudiaste?” preguntó, quizá la conocía del campus y los pocos años que estuvo asistiendo a clases. “Así es, por voluntad propia. Me cansé de la vida que tenía y me esperaba, de la ciudad, de todo.” explicó acomodándose el pelo. “Vendí lo que tenía y decidí conocer todo el país a pie.” encogió los hombros con una tímida sonrisa y rió. “Yo decidí deshacerme de ese miedo hace mucho tiempo, es infundado y si te das cuenta, nos lo educan exclusivamente a las mujeres.” apuntó balanceando un poco los pies. “Opté por dejarlo a un lado y por ahora, me ha ido bien.”
Alzó unas de sus cejas - Jamás pensé que un tópico de conversación con una desconocida fuese sobre si la prostitución era antes o después de las 3am - Hizo una mueca con la cara, había tardado un poco en reconocer a la chica, pero estaba casi segura que en algún momento habían compartido clases en Yale, aparte a quien quería engañar sabía que le recordaba por algo más - Tengo miedo a preguntar, porque no es mi lugar, pero ¿te ha pasado alguna vez eso?, digo no tienes que contestar ni nada si no quieres obviamente - Afirmo con la cabeza e inmediatamente atrapó su labio inferior entre sus dientes, tal vez se había acordado de ella, negó un par de veces con la cabeza era imposible una chica como la que tenía al frente seguramente había conocido a mil personas así que decidió ignorar lo ultimo.
“Es el encanto de los paseos nocturnos, en un momento hablas de prostitución y pasados unos quince minutos puedes estar discutiendo sobre Nietzsche y Sócrates.” replicó con gracia, sentándose en la banca junto a la morena sin poder evitar sentirse algo incómoda por el estado de sus ropas en comparación a las que la muchacha llevaba. “Oh, sí, alguna vez me he llevado un buen susto, piensa que 3 años caminando por este país sola dan para mucho.” explicó, ladeando ligeramente la cabeza con una sonrisa. “Pero por suerte siempre ha sido de día y he estado rodeado de otras personas.” añadió respectó al tema. “De todas formas, por norma general evito la civilización hasta llegar a los puntos de descanso de los senderistas. Es decir, viajar por la carretera no tiene nada de interesante, lo bonito es ir por los caminos y escuchar toda la naturaleza.” encogió los hombros con una leve sonrisa y le extendió la mano, algo confusa porque ignorase su comentario. “Me llamo Leif.”
Por alguna extraña razón dejó que la chica se expresara libremente a decir verdad no le estaba prestando mucha atención, tenía cosas algo más importantes para ella en la cabeza - Uhm… ¿En serio? pensé que empezaban más temprano - Comentó guardando finalmente el móvil en uno de sus bolsillos - Es una locura por cierto, pensar que todo aquel que camina por la acera en la noche es para ofrecer servicios sexuales, pero la sociedad se acostumbró a eso… Creo.
“No, empieza a las tres porque es la hora en la que cierran ciertos pubs y discotecas.” explicó con una pequeña sonrisa sobre los labios, viendo algo familiar en el rostro de la latina. “Sí, aunque solo suele pasar cerca de las ciudades. Cuando vas por una autopista en mitad de la noche ya paran los psicópatas o la gente que se ofrece a llevarte, todo depende de tu suerte.” bromeó, sentándose junto a ella. “Me suena tu cara.” dijo directamente, segura de que le había visto en un periódico o algo así.
-Creo que lo más lejos que he llegado a tocar de poesía ha sido… John Keats, que es muy típico y de teatro… ¿Brecht? -ni siquiera sabía si había dicho lo último de forma correcta, aunque claro, al menos esos nombres le sonaban y no los que había mencionado la sueca-. Un momento… El Hernandes ese… ¿Es español o mejicano, no? -se atrevió a preguntar porque tampoco le parecía mal mostrarse ignorante ante esos temas. Después de todo, tenía la educación obligatoria y dando gracias-. No estaba pensando que fueras una mendiga, pero prefiero decir medio decente porque no quiero juzgar antes de conocer -explicó muy por encima-. ¿Caminar por el país? ¿Estados Unidos es tan interesante, en serio? -se mostró sorprendido. Archie apenas había visitado Londres y Manchester… Y Bellevue, claro. ¡Eh! Tu nombre suena como a “hoja”.
“Da igual que sean muy típicos, uno tiene que leer lo que más le gusta. De Brecht ¿qué leíste? ¿Madre coraje y sus tres hijos? Uh, me encanta ese libro.” confesó mirándole con una cálida sonrisa, lo cierto era que se había pasado prácticamente toda su vida rodeada de libros. “Hernández.” le corrigió con gracia. “Español, fue víctima del régimen fascista de Franco y al término de la Guerra Civil española falleció en una cárcel, pero era gran amigo de Neruda, que ese era latino americano.” le explicó con gusto, pues adoraba hablar de sus autores preferidos. “Haces bien, las primeras impresiones suelen engañar.” rodó los ojos, recordando la cantidad de veces que le había pasado eso. “Interesante es poco, si te contase todo lo que he visto y todo lo que me queda por ver...” suspiró, deseando poder ahorrar el dinero suficiente para arreglar el papeleo. “Sí, en Suecia no se pronuncia igual, pero aquí suena exactamente a lo mismo que hoja.” asintió entre risas. “¿Y cómo ha llegado un inglés tan joven hasta aquí?”
-Yo también leo… Mangas -reconoció algo pensativo, aunque claro, si había leído novelas… serían más bien novelas ligeras de Japón y poco más. O los libros que le obligaba a leer su abuelo cuando era pequeño, pero claro, tras su muerte, en el orfanato nadie iba tras él para que leyese según qué cosas-. A mí no me llama la atención la televisión americana. Ahí donde quede la BBC… -suspiró resignado mientras se levantaba sujetándose en la bicicleta-. Creo que eres la primera persona medio decente que ha aceptado invitarme a una cerveza. Y todavía no nos hemos presentado. Yo soy Archie.
“Tampoco he leído nada de eso.” confesó, sabiendo que quizá el joven volvía a indignarse con ella por estar tan desconectada y ajena a la cultura nipona. “Siempre he sido más de poesía, teatro y ensayo.” confesó encogiéndose de hombros. “¿Has leído algo de Adrienne Rich? Es increíble.” negó un par de veces con la cabeza. “O de Miguel Hernández, sus poemas te ponen la piel de gallina.” aseguró, sintiendo como varios versos de dichos autores ahora danzaban libremente por su cabeza. “¿Medio decente?” alzó una ceja y recordó su ropa. “Oh, es cierto, no pienses que soy una mendiga.” comentó a medida que iban caminando. “Simplemente decidí dejar mi vida y empezar a caminar por el país, ya llevo 3 años.” explicó con media sonrisa. “Un placer Archie, soy Leif.”
-Ah, menos mal. Temía que hubieras crecido sin un televisor -bueno, tmpoco es que le fuera a quitar el sueño, más bien, podría caerse medio muerto ahí mismo-. Ni me suena -dijo encogiéndose de hombros. Con menuda persona había ido a parar que apenas tenían tema de conversación. Pero bueno, solamente faltaban veinticinco minutos para que llegase el bus. Cuando ella le entregó el sujetador, casi no se lo creyó. Como le daba igual que lo fuera a tachar de pervertido, lo cogió y se lo guardó en la mochila-. Woah, ojalá todas las chicas fueran como tú -respondió completamente sincero-. No me suena ninguno, pero seguro que si nos movemos, encontramos alguno. Después de todo, es una ciudad variada -y tanto.
“Pues casi, casi, sí. Nunca me gustó demasiado ver la tele, siempre fui más de leer.” confesó colocándose un mechón de cabello detrás de la oreja. “Y digamos que la televisión americana tampoco es que fuese mucho mejor que la sueca, por lo que los libros siempre me proporcionaron más entretenimiento.” explicó encogiéndose de hombros, haciéndole un gesto con la mano de que pasaba al ver que nunca había visto la película. “Muchas gracias, creo.” dijo, no muy segura de como tomarse el cumplido. “Entonces venga, vamos a por tu cerveza.” añadió, poniéndose a caminar en dirección a una zona más céntrica.
-¿Lo dices de coña, verdad? ¿No conoces Dragon Ball? ¿Sailor Moon? ¿Yu Yu Hakusho? -preguntó completamente sorprendido mientras enumeraba los animes más conocidos de los noventa. No había persona en todo el planeta que no le sonase al menos esos nombres-. ¿De gira con los Sex Pistols? ¿Ahora soy lo suficientemente mayor como para irme de gira? -estaba a punto de echarse las manos a la cabeza, pero se contuvo. Se quedó algo boquiabierto cuando la desconocida se sacó el sujetador, indicando que había acertado-. Una cerveza, quiero una cerveza -dijo sin pensar, puesto que conseguir alcohol era una de sus prioridades en ese injusto país-. ¿Me lo vas a dar en serio?
“Uh, Dragon Ball sí, recuerdo que lo echaban en Suecia cuando yo era más pequeña, pero del resto no tengo ni la más menor idea.” confesó sin molestia alguna, ya que estaba segura de que si ella empezaba a hablarle de literatura el joven se quedaría con la misma cara que ella. “Para irse de gira no hace falta edad, ¿acaso no has visto Almost Famous?” preguntó sacudiendo varias veces la cabeza mientras le entregaba el sujetador sin problema. “Por supuesto, soy una chica de palabra.” asintió un par de veces y después de sopesarlo unos segundos aceptó. “Vale, ¿conoces algún bar por aquí cerca?”
-Primero insinúas que tomo azúcar en vez de cocaína y ahora me dices que me falta azúcar en vena -negó varias veces con la cabeza-. ¿Pete who? No lo conozco. Por muy inglés que sea… No cumplo todo. Aunque te puedo hablar de todos los animes que te gusten -soltó como si nada, observando el horizonte oscuro. ¿De qué forma estaba degradando aquella conversación? Se notaba demasiado que necesitaba dormir-. No soy muy amigo de la sociedad -comentó sin más, para después concentrarse en el nuevo reto que se le acababa de poner delante-. ¿Hablas en serio? Mmm… Vale… -a ver, el chaval no era un experto en tetas, pero no perdía nada por probar-. No tienes mucho pecho, así que me aventuraré a decir que gastas una 34, pero la copa… No tienes mucha espalda tampoco, así que… ¿Una B, o una A?
“Pues menuda decepción.” murmuró dando una suave patada al suelo, sintiendo curiosidad por si el músico seguía vivo o muerto. “¿Animes? Creo que en la vida he visto un anime.” confesó con cierta confusión. Tenía una compañera en Yale que se pasaba el día viéndolos pero su padre siempre le había hecho estar tan centrada en sus estudios que jamás se molestó en prestarle atención. “Entonces sí deberías haber venido de gira con los Sex Pistols.” rodó los ojos y se cruzó de brazos, alzando una ceja ante las suposiciones del chaval. “Uh, parece que tenemos un ganador.” confesó, desabrochándose rápidamente el sujetador sin ninguna complicación y sacándolo de su gastada camiseta. “34A.” añadió sin vergüenza alguna. “¿Qué quieres, un helado?”