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Una crítica de Cumbre Escarlata
Calculo que el número de películas que he visto en mi vida debe superar las quinientas, y, entre esas quinientas, Cumbre escarlata es una de las peores.
A pesar de que hubo momentos en que la maravillosa escenografía prácticamente me quitaba el aliento, y de lo cuidado de algunas escenas, fue una mala historia y creo que eso es una verdad absoluta (okaaaay, es mi verdad, pero creo que cuando tenemos opiniones de algo, las tenemos por una razón y normalmente esa razón es que creemos tener la razón y, en este caso, yo creo en esto como mi verdad absoluta del momento, aunque, claro, su “absolutidad” podría disminuir si alguien me convenciese de lo contrario con argumentos sólidos y razonables). No niego que hay gente a la que parece que le ha gustado, y, bueno, todos somos libres de gustar de la estética de una película sobre la historia, pero creo que la magia del cine se encuentra precisamente en la combinación de los diferentes elementos del arte y, bueno, para mí, cuando falla una, las otras casi siempre se caen a su alrededor (especialmente, y porque las historias son lo mío, cuando la historia falla, todo falla).
Entonces, antes de caer en mi obsesión con los comentarios entre paréntesis (y entre comas y guiones), estaba hablando de la historia. Uno de mis críticos favoritos en el universo entero, HULK, opina que (hipervínculo en la opinión):
SCENES SHOULD HAVE A REASON TO BE THERE AND CHARACTERS SHOULD HAVE A REASON FOR THINGS THEY ARE DOING.
Es decir, él cree que (y por supuesto que estoy de acuerdo, y no pude dejar de pensar en eso en los 119 minutos que dura la película: mi mente volaba a estas precisas palabras, que se anclaron a mi alma como sanguijuelas) las escenas de una película deberían tener una razón para estar ahí (especialmente cuando tienes sólo 120 minutos para contar tu historia, y cuando esos 120 minutos se sienten eternos porque la historia se pudo haber contado en menos, sobre todo si sabemos que el espectador promedio –entre los que me cuento– está papando moscas después de la primera hora, y especialmente cuando sabes que el género cinematográfico está lleno de textos que duran 90 minutos en promedio y que esas enormes sagas de 120+ minutos son agotadoras para el espectador) y los personajes deberían tener una razón para hacer lo que están haciendo. En un segundo entro en detalles, pero para mí, es obvio que esto no pasa en Cumbre Escarlata.
Y esto es especialmente frustrante porque es como una moda últimamente, una moda según la cual las películas simplemente están vacías (esto no es uno de esos posts en los que TODOLONUEVOESMALO y TODOLOVIEJOSIEMPREFUEEXCELENTE), y es que ésta no es la única película que me deja con la sensación de que algo FALTA. De que la película no se puede haber ya terminado porque todavía no ha pasado nada. ¿Ejemplos? Brave, Frozen, The Amazing Spiderman I y II,…
(Pero, ¡Green-loving Mexican, esas son películas para niños, eso no es arte! Me vale #%!&$#? porque 1) ni veo cine de arte ni me interesa verlo, 2) este es el cine que llega a las masas y por lo tanto éste es el cine que a mí más me importa.)
Hay quien, además, ha tenido el descaro de llamar a esta película “subversiva” y NO, MIL VECES NO, no hay nada en la historia que subvierta absolutamente nada, lo siento. Y no es que yo conozca mucho de cine, o del género de terror en el cine; pero para una persona que ha visto tres o cuatro películas de terror/miedo/suspenso (no que sean intercambiables) en su vida, esta película no me parece más que un recuento de la misma vieja historia.
Y en fin, en concreto: la película.
1. Cosas que genuinamente G-U-A-U
1.1 MAGIA
Guillermo del Toro es famoso porque sus visuales son M.A.G.I.A., y mi limitada visión de persona que no sabe mucho del cine, pero posee ojos puede confirmar que, efectivamente, sus tomas son M.A.G.I.A. Cada escena es espectacular y leí por ahí que Allerdale Hale se construyó desde cero, y que absolutamente todas las cosas en el set fueron construidas con la idea de Allerdale Hale en mente (y yo no pude dejar de pensar en el desperdicio de dinero que eso significa y en el poco sentido que todo tiene, pero bueno, “Arte” y “Artistas” y ASÍ). Me gustan los colores y los paisajes; me gustan los ángulos de las tomas, me gusta la escenografía, me gusta todo acerca de los visuales en esta película.
Sólo... mierda, miren eso.
(Además de que el despilfarro en visuales es una cosa muy de Guillermo del Toro, ¿no? Porque amé amé amé Titanes del pacífico que tampoco fue la mejor película en términos de trama y personajes, pero me dejó sin habla porque ROBOTS GIGANTES y creo que con eso me basta.)
1.2 VESTUARIO
Además de la magia de la escenografía, está el vestuario. Tengo una relación de amor/odio con el vestuario, pero hay una bella escena en que Mia Wasikowska y Tom Hiddleston bailan con una vela en la mano y la luz es perfecta y la música es hermosa y los pasos están muy bien cuidados y todo es tan ¡romántico! y me encanta el vestido de Mia y me encanta el traje de Tom y amo todos los vestidos en esa escena.
Sin embargo, y aunque no hay nada malo con esta estética victoriana que tanta gente adora, cuando yo veo todo el desperdicio de recursos de la clase alta que suele protagonizar este tipo de películas, no dejo de lamentar el desperdicio de dinero en cosas inútiles que eran (y son) los hermosos vestidos de princesa, y tampoco puedo dejar de pensar que todo este mundo de waltzes y elaborados cortejos de las ornamentales damiselas, es (fue) sólo posible debido al sacrificio de la humanidad y libertad de miles al servicio de unos cuantos (no muy diferente en ese sentido de nuestro mundo moderno, ¿verdad?), así como de la dignidad y libertad de las mujeres de clase alta y de la percepción de la mujer como propiedad.
Y no puedo evitar pensar en que hay algo mal en el sobrevalorado tipo de adoración que como sociedad sentimos hacia este particular periodo de tiempo y en cómo las mismas cosas que conforman esta “estética” son todas representativas de un modo de pensar que, francamente, cuesta trabajo entender que no hayamos logrado superar. En palabras de Zoé Samudzi, una de las mujeres más inteligentes en el internet:
[t]he romanticization of an era of white domination (through violent conquest [and] genocide) because of beautiful aesthestic
(La romantización de una era de dominación blanca (a través de la conquista violenta y el genocidio) por una bella estética.)
Y bueno, no se nota igual, pero amé el vestuario. Las batas de noche de Mia en la mansión Hallerdale, los vestidos de las hermanas malvadas del doctor, todo.
1.3 FANTASMAS
En fin, también tenemos los fantasmas y son hermosos. Me recuerdan un poco a Mamá en el sentido de que son figuras extremadamente esbeltas con extremidades muy largas (un poco a la Tim Burton) y realmente son espectaculares y lo suficientemente tétricas como para dar un poco de miedo –pero no demasiado porque ésta no es precisamente una película de terror, “romance gótico” lo llamó Memo– pero también están demacradas y tienen la piel tensa como si llevaran mucho tiempo muertas y cargan con ellas signos visibles de su muerte, la misma muerte que los ha atado al mundo mortal para siempre.
O al menos Enola, las esposas y “lady Cushing” (quien se ha unido a la fila interminable de madres sin nombre muertas en las historias de ficción, pero, en fin, detalles) lo hacen. Y, hablando de lady Cushing, ¿por qué es que su fantasma, un día después de morir, es inmediatamente un fantasma de largas extremidades y piel desgastada, mientras que Tom Hiddleston y su hermana son los únicos dos hermosos fantasmas que conservan todas sus características humanas (así como la longitud de sus extremidades y la textura de su piel) intactas después de su muerte?
Sé por ejemplo, que la mayoría de los fantasmas fueron interpretados por un solo actor con mucho maquillaje, mientras que el fantasma de Thomas y el de Lucille fueron interpretados por los mismos actores (Tom Hiddleston y Jessica Chastain). Sin embargo, no logro entender cómo, precisamente, funciona dentro de este mundo ficticio la logística detrás del cambio de humano a fantasma.
(Eso, quiero que quede claro, es un enorme error de la película. Si hay reglas en este mundo, esas reglas deberían ser constantes, y no cambiar sólo para poder seguir viendo el hermoso rostro de Tom Hiddleston.)
1.4 Tom Hiddleston
Amo a Tom Hiddleston con un amor infinito. Creo que es un excelente actor. Creo que tiene muchísimo potencial y creo que ni un solo segundo con él en pantalla fue desperdiciado. (También creo que está un poco sobrevalorado y me molesta la romantización de su persona en el mundo real, pero igual eso es sólo porque soy una mamona.) Entre tantos personajes vacíos y más bien meh, Thomas Sharpe brilla como una centella. Su impecable interpretación del personaje, estoy segura, tiene mucho más que ver con su propia genialidad que con ningún acierto a la hora de escribir el guión (aunque quiero hablar de las implicaciones de este excelente personaje cuando discuta a Thomas Sharpe, no a Tom Hiddleston).
Tom Hiddleston le trae una profundidad a la historia que estoy segura no tenía.
(Tom Hiddleston también trae a la película la belleza de su parte posterior al descubierto, pero no me escucharon a mí decir eso.)
Sólo... ¡mírenlo!
2. Cosas de #porfavorintentadenuevo #ydenuevo
Okay. Después de tanta poco merecida flor, todo lo que odio. Vale la advertencia de que no sé escribrir “de a poco”.
Hay una cosa, sobre todas las demás, que detesto de esta película y es que pasan y pasan cosas y, por más que lo intento, yo simplemente no entiendo por qué pasan. Con eso no quiero decir que es una película fantasiosa en un mundo ficticio o que es éste un mundo que no entiendo. Entiendo que es un mundo ficticio con reglas diferentes a las de nuestro mundo, aunque aún esas reglas jamás me fueron explicadas del todo. Lo que quiero decir es que los personajes hacen cosas o dicen cosas y no hay razón alguna por la que estos personajes deban hacer o decir estas cosas. Nada en la personalidad establecida del personaje nos da a entender que este personaje sea el tipo de persona que quiera o pueda hacer determinada acción, pero aún así las hacen. Es como una majada que está siendo llevada hacia cierto punto en contra de su voluntad, luchando con uñas y dientes por hacer otra cosa y todo se siente extremadamente forzado. Y tal vez de esta falta de motivación detrás de las acciones de los personajes se derive mi más grande queja y es que los personajes están completamente vacíos. Son solamente tipos sin personalidad, ni individualidad, ni voluntad, ni nada de lo que los hace personas.
Y no es que yo, a-green-loving-mexican-girl, esté obsesionada con conceptos modernos de individualidad (que, como toda persona inmersa en una sociedad individualista, estoy), y tampoco es que yo, a-green-loving-mexican-girl, crea que personaje=persona. No. Pero sí creo que vamos al cine a ver historias, y 9.99 veces de cada diez esa historia es acerca de un personaje. Y ese personaje tiene que estar lo suficientemente redondeado como para despertar mi empatía y hacer que su historia sea interesante para mí. Si veo una película de romance, quiero ver a dos personajes enamorarse el uno del otro, no a dos actores vacíos besarse en una pantalla (y eso es una conversación para otro día). Si veo una historia de fantasmas quiero fantasmas que estén ahí por una razón, y tal vez es así como el único personaje que tiene algún sentido –y sólo perifericamente, la verdad– es lady Cushing: el único personaje en la película que tiene una motivación clara detrás de sus acciones y que actúa de acuerdo a sus límites dentro del mundo ficticio en el que se encuentra. Aunque, claro, esto sólo si asumimos que los fantasmas en Cumbre Escarlata sólo pueden ser terroríficos y aparecer de noche. Pero aún esta presunción se nos viene abajo si tomamos en cuenta que Tom Hiddleston aparece como fantasma en plena luz del día. Además, ¿cómo es que lady Cushing está en la cumbre si los fantasmas de las esposas y de lady Sharpe están todos atados a la casa en la que murieron? En esta misma vena, claro, siempre podemos argumentar que lady Cushing no está atada a las circunstancias trágicas de su muerte sino a su deseo de salvar a su hija Edith.
2.1 Edith
Y hablando de motivación inexistente, personajes vacíos y de Edith…
2.1.1 Edith como escritora
Personajes insulsos e insípidos como Edith llenan las pantallas, damiselas en peligro sin personalidad que entran a una situación peligrosa a causa de su devastadora falta de inteligencia. Pero no se supone que veamos en Edith a una damisela estúpida porque esta película fue filmada en el siglo XXI donde presuntamente entendemos que las mujeres también son seres humanos pensantes y que no son simples y bellos objetos de utilería. Así que, en lugar de darle una personalidad a Edith o mostrar que en la época en la que vivía gente como ella podía totalmente caer en una situación peligrosa como la suya sin que fuese su culpa porque se encuentra en una sociedad patriarcal opresiva donde su único valor se encuentra entre sus piernas, el guionista decidió hacer una Jo (de Mujercitas) y estamparle el papel de “escritora” en la frente, porque, como todos sabemos una chica que lee/escribe® (y no puedo pensar en un meme más irritante que la iluminada chica que lee/escribe) es inteligente por default (por no tocar si quiera el tema de que es leer/escribir la única ‘inteligencia’ que las mujeres parecen tener en las películas). ¿Y además le plantamos un segundo “chica fuerte que lee/escribe” y ya tenemos un personaje?
(Sí, esa es una pregunta, sí, la respuesta es NO.)
El problema de Edith es que el personaje está vacío y para disimular le agregaron dos o tres etiquetas, pero un paquete vacío sigue estando vacío no importa cuántos dibujos y colguijes le cuelgues a la caja. Y no hay nada malo en sí con el tipo de personaje de la chica lectora, el problema es que con el tiempo se ha vuelto sólo un molde y a los escritores se les olvidó que con sólo el molde no basta para hacer un pastel, también hay que echarle huevos (y harina y mantequilla, pero eso no es tan divertido de mencionar en esta analogía). Volviendo a Edith: sabemos que Edith es una chica inteligente porque es una escritora.
Y escritora es el trabajo ideal para darles a las mujeres en la cultura popular porque es el rol ideal para dar la impresión de que estamos “subvirtiendo” sin alterar en realidad el status quo. “Escritora” nos deja con un personaje que es ‘independiente’, pero no demasiado; un personaje ‘inteligente’ pero sólo dentro de los campos aceptables para que una mujer sea inteligente –el de las ciencias sociales–; una profesión que deja que la mujer ‘tome el control de su historia’ pero no demasiado. Edith puede escribir, pero sólo historias de amor. Jo puede escribir, pero no es hasta que escribe acerca de su vida familiar/romántica que sus historias son consideradas adecuadas por el profesor – pero Mujercitas es una discusión para otro día. Kat puede escribir (y leer), pero sólo su poema de amor es importante para la historia (10 cosas que odio de ti). Andie Anderson puede escribir, pero no es lo suficientemente inteligente para darse cuenta de que la revista equivalente a Vanidades no va a publicar su pieza política (y, de nuevo, su artículo más exitoso no es ni si quiera su idea original, sino una versión lavada y romantizada de ésta) (Cómo perder a un hombre en 10 días). Andy Sachs no sabe vestirse pero por alguna razón sueña con escribir para una revista de modas (El diablo viste a la moda). Ninguna de estas mujeres es real. Todas son personajes inventadas por alguien, por un alguien que casi siempre es hombre y que casi siempre decide que su revolucionario y fuerte personaje femenino debe ser devastadoramente estúpido.
Y porque Edith escribe es obviamente una chica revolucionaria y feminista y todas las cosas buenas que se supone que las mujeres deben de ser (visto también en Rose, de Titanic, que suelta su perorata feminista que viene de Dios sabe dónde al inicio de su película o de Marion, de Robin Hood, o de mil otros personajes fuertes “feministas” escritos por hombres que ni son buenos escritores, ni son feministas, ni tienen idea de cómo tratar personajes femeninos como algo más que simple utilería y que nos dejan con mil y un personajes femeninos con la etiqueta de ‘fuerte’ cuya profesión es “escritora mediocre”), pero las es sin cruzarse de la raya: defiende sus percibidos derechos, se burla de ciertas partes del patriarcado y se opone parcialmente a su destino socialmente impuesto, pero no demasiado (y ciertamente no es nunca, jamás, una de esas horribles feminazis que no se depilan las axilas ni las piernas y que odian a los hombres, porque no hay peor crimen en el universo que odiar a los hombres). Edith se queja con voz alegre (wtf?) ante su padre porque rechazaron su manuscrito, y platica afablemente con Thomas Sharpe y con el doctor whatshisface, pero nunca se le ocurre reclamarle al editor, nunca se le ocurre protestar de verdad, efectivamente, ante la gente adecuada. Nunca tiene una emoción válida ante el rechazo, y si se atreve a tenerla es refutada inmediatamente por su padre. Por otro lado, tampoco se le ocurre a su padre o a su amigo hacer algo al respecto, porque los hombres están aquí para ayudar a las damiselas en apuros, pero no para ayudarlas demasiado (o en lo absoluto), obvio. Jamás vemos a Edith enojada ante las injusticias que la aquejan, porque Dios nos perdone en este mundo puede haber fantasmas y gente que camina en ropa de noche en las ventiscas y tierra roja como la sangre pero no puede haber gente oprimida enojada ante su opresión porque todos sabemos que enojarse.no.es.la.respuesta. Bueno, eso es una mentira porque…
2.1.2 Edith + otras mujeres
Un personaje oprimido sí que puede enojarse, pero sólo puede hacerlo con la gente que la sociedad considera adecuada. Así que claro, POR SUPUESTO, que Edith es lo suficientemente ‘revolucionaria’ como para condenar a otras mujeres por asimilarse al sistema social opresivo en el que viven, pero no para reclamarle a los verdaderos beneficiados del mismo. La película celebra descaradamente la manera en que Edith habla a las hijas de la señora McMichael–otra madre sin nombre, ¡yuhuu!– y se ocupa muy esmeradamente en caracterizar a estas tres mujeres como personas que deben ser odiadas (y no compadecidas, y no comprendidas, y, ciertamente, no a la misma altura que nuestra heroína que es una buena mujer y no recurre jamás a la clase de subterfugios a los que otras mujeres recurren), porque en un mundo como éste dos mujeres que comprenden el sistema en que viven y se aprovechan al máximo del mismo para alcanzar un nivel decente de comodidad son, por supuesto, las villanas. Las mujeres de este sistema tienen que estar conscientes de él (a la Edith) pero no pueden aprovecharse de él, ni florecer en él, ni si quiera estar enojadas con él. No, una buena mujer en este sistema es una mujer como Edith: conoce el sistema, se rebela inútil y fútilmente en su contra de maneras consideradas apropiadas por el sistema, sigue siempre las reglas del sistema y ¡muyimportante! es feliz (o al menos no manifiesta jamás el no serlo) en el sistema. El sistema, el sistema, el sistema. La mujer perfecta es capaz de ganar en el patriarcado, y por eso la mujer perfecta no es más que un personaje: una hazaña sólo posible en la ficción.
De nuevo, enfrentar a un personaje femenino que se “rebela” contra el sistema contra un personaje femenino que se asimila ante él es otro transparente intento de “ser diferentes” y “subversivos” sin cambiar realmente nada, dejando el status quo intacto, reforzándolo incluso. Faux féminisme en su punto, gente. Y hablando de faux féminisme, ¿cuál, exactamente, es el propósito de estas mujeres en la historia? Desde un punto de vista narrativo, por supuesto, podemos argumentar que están aquí para presentar a Tom Hiddleston, el “baronet”, y ¿tal vez para presentarnos una razón por la que Edith no quiere al perfecto doctor Alan? ¿Tal vez no lo quiere no porque no tengan química –que yo creo que tienen– o porque sea aburrido –que no me parece– sino porque tiene un par de hermanas que son odiosas a Edith? Y, en tema, si Alan y Edith son amigos de la infancia, ¿no quiere eso decir que sus hermanas y Edith tienen algún tipo de relación también, haciendo aún más grosero y simplemente implausible la grosería que ellas hacen a Edith y que ella regresa en las escaleras? ¿De dónde sale esta actitud entre amigas de la infancia –con el apoyo de la madre1 ni más ni menos– que simplemente están hablando acerca de la llegada de un nuevo chico al pueblo?
(Algún cínico dirá que sólo estaba diciendo la verdad, la mayoría de los títulos nobiliarios sí vienen de la sangre y la explotación de gente menos afortunada y sí, las hermanas sólo lo querían por ese mismo título que presumían atado a una cantidad razonable de estabilidad económica, PERO, en un mundo en que el único modo en que una mujer puede lograr estabilidad económica es casarse con alguien que la tenga, no veo cuál es el crimen terrible de buscar una persona que sea capaz de proveer esa tan necesitada estabilidad económica. Una estabilidad económica que será relevante en la vida no sólo de la mujer, sino también de los hijos que vendrán eventualmente –porque este es además un mundo en que la libertad reproductiva no es una opción y es un mundo en el que no existe tal cosa como la violación marital, así que una mujer debe tener en cuenta que tiene que casarse y que, dentro de ese matrimonio, su único valor es primero económico y segundo como incubadora de pequeños seres humanos.)
(¡PERO! Pero no podemos pensar en eso porque cómo nos atrevemos a insinuar que las famosas caza fortunas que los hombres aman demonizar no son en realidad las villanas del juego sino simples supervivientes del mismo… y ESO SI QUE NO)
(Hablando de que es la madre la que empieza el debacle entero, sabemos, claro, que gran parte de los engranes de nuestro sistema social actual deben ser engrasados no por los prístinos hombres en la punta de la pirámide social, sino por aquellos que quedan en la base, como madres y demás. Es decir, las mujeres son parte de la razón por la que existe el patriarcado porque desde pequeñas se les han inculcado las consecuencias de no hacerlo.)
¡Tantas capas en esta pequeña conversación que sólo dura segundos! Edith es diferente, así que Madame McMichael se asegura de echárselo en cara: primero, Edith escribe (aunque nunca ha sido publicada). Segundo, Edith, presuntamente, lee (and I call BULLSHIT en esta supuesta subversión del personaje lector, porque por siglos las mujeres han sido lectoras, aunque sea de novelas rosas –del tipo de las que Cervantes parodia con su Quijote, del tipo de las que Austen se burla con sus libros– y sabiendo eso, ¿qué hay de revolucionario o diferente en un personaje femenino que lee si sabemos que las mujeres de cierta clase económica han leído desde siempre?). Aunque, obviamente, también la señora lee porque la siguiente burla de Madame McMichael es declarar que Edith terminará como Jane Austen, una solterona. Jane Austen: el tipo equivocado de mujer, no se casó, no tuvo hijos, jamás dedicó su vida su tiempo y su vagina a un hombre (debatible). Edith, astutamente, y esto es lo que en inglés se llama “smart banter”, o sea una discusión inteligente, responde que en realidad quiere terminar como Mary Shelley, que fue viuda. Shelley, por supuesto, dedicó su tiempo, vida y vagina a un hombre (debatible) y es por tanto el tipo adecuado de mujer. Yo, por supuesto, no creo en un tipo adecuado de mujer y tanto Austen (¡sátira!, ¡sutilidad!, ¡sarcasmo!) como Shelley (¡ciencia-ficción!, ¡clásicos! ¡filosofía!) son objeto de mi adoración. Somos humanos libres de dedicar (o no) nuestro tiempo, vida y vagina (debatible) a lo que se nos plazca. Pero sí me parece curioso que cierto tipo de mujeres son ensalzadas en la cultura de la que formamos parte, y otro cierto tipo de mujeres no lo son. “Viuda”, “madre”, “esposa” jamás cargarán las mismas connotaciones negativas que “solterona”, “mamá soltera”, “divorciada” y me pregunto por qué es eso.
(Y con curioso quiero decir desconcertante, injusto, injuriante, terrible.)
Y, sólo de paso, ¿por qué esta escritora llevaría su manuscrito a entregar con la esperanza de ser publicada y se pondría a corregirlo horas antes de entregarlo? ¿Qué clase de escritora desorganizada e irresponsable es Edith?
Y lo que me irrita más es que las quejas de Edith –ante su padre– son totalmente legítimas. El editor muy probablemente quiera una historia de amor simplemente porque ella es una mujer, y también es cierto que su escritura gariboleada la pone en evidencia como mujer. Y su distinción “no es una historia de fantasmas, es una historia con un fantasma en ella”, también es importante. Las palabras importan cuando defendemos algo. Pero la película no presta atención a estos detalles y la actitud de Edith –personaje escrito por dos hombres, y en este momento quiero recalcar que, al criticar a Edith, no critico a Edith sino a los escritores que hicieron de Edith un personaje mediocre– no hace más que desacreditar argumentos muy válidos. Más tarde, Edith publicará su historia, pero esta vez tendrá amor y será publicada, así que supongo que la esencia de su historia no era tan importante después de todo, o al menos no para los escritores del personaje que es Edith. Y de la esencia de la historia, esta mujer revolucionaria que quiere ser escritora y que sabe que un baronet es sólo un parásito de la sociedad con un bonito nombre, sigue mi siguiente punto, que es…
2.1.3 Edith como esposa
Guillermo del Toro quería una historia de amor incestuoso, quería fantasmas y quería una casa encantada en medio de la nada donde la tierra pareciese sangrar. Gastó millones en esta idea. Pero su guión apesta. ¿Cómo llegamos de una Edith “revolucionaria” (entre comillas), que desprecia los títulos nobiliarios y lo que implican, que tiene una relación desde la infancia con un afable doctor que claramente la adora y con la que claramente está fascinado a una Edith atrapada en una casa en medio de la nada sin los medios ni la fuerza para salir? No llegamos, a menos que dejemos que todas esas características no permeen en la personalidad ni en la toma de descisiones del personaje. Me da la impresión de que Guillermo del toro y Matthew Robbins hicieron el guión a la Meyer. Tenían esta idea de la casa que es un personaje y se inventaron otro, y lo forzaron a venir. Con las prisas, no se fijaron que su personaje no tenía motivos para ir a esta casa, que no era el tipo de personaje que se aislaría en el medio de la nada y simplemente le aventaron un montón de etiquetas que les gustaron encima (¡escritora! ¡alegre! ¡inteligente! ¡llena de esperanza! ¡rubia! ¡en contra de la clase reinante!) y se dieron el día libre. Es la única explicación que tengo para el montaje del enamoramiento, asesinato del Sr. Cushing y la boda apresurada de Tom Hiddleston y Mia Wasikowska.
Primero, establecido que Edith está en contra de la clase reinante (a pesar de ser, obviamente, parte de ella, beneficiarse ampliamente de ella y no mostrar ninguna otra clase de signo de oponerse a ella), podemos introducir la relación amor/odio que nace de la nada y no tiene ningún motivo desde el primer momento en que los protagonistas se conocen. Mia Wasikowska y Tom Hiddleston no parecen estar de acuerdo tampoco con la idea, porque no le ponen mucho empeño. Mia lo saluda fría y huraña desde un principio, pero Tom nunca le sigue la corriente (tal vez porque es la opinión de Tom que la sexualidad saludable entre Edith y Thomas es la que sana a su personaje –supongo que entendemos sexualidad saludable como sumisión total del cuerpo y “alma” de Edith ante Thomas y no lo contrario, porque una escena más tarde Thomas tendrá relaciones con su hermana– y por lo tanto no lo persuade el gastado y disfuncional recurso romántico del amor-odio). Por supuesto, Thomas busca seducirla desde el momento en que la conoce, así que Edith no puede más que caer ante sus encantos.
Y esto tendría sentido excepto que Edith ya dijo que lo odiaba, así que su sumisión ante sus cumplidos no hacen más que infantilizar al personaje –sensación que crecerá conforme avancen las casi dos horas que dura la película– y enriquecer el personaje de Thomas, agregándole capas de profundidad que ningún otro personaje tiene, a pesar de que es un asesino en serie y un fraude. Una vez conquistada, Edith defiende a Thomas ante su padre y, de nuevo, sus argumentos son cien por ciento sólidos, lo que enfurece más tomando en cuenta que, eventualmente, descubriremos que Edith hace mal al defender a Thomas porque Thomas es, por supuesto, malvado y qué tonta que es esta chica por defender a un completo extraño en lugar de apoyar a su padre… excepto, excepto que claro que no, porque su padre está siendo innecesariamente condescendiente, cruel y prejuicioso en su trato para con Thomas, y, en lo que va de la película, no ha sido más que condescendiente y prejuicioso en contra de Edith y de sus preocupaciones, así que en mi muy humilde opinión tiene todo el sentido del mundo que Edith se rebele contra su padre sino en su propio nombre por lo menos en nombre de un tercero. Por supuesto, Carter Cushing es su padre y es un hombre así que no puede equivocarse, no como Edith. Dah.
Edith se revela ocasionalmente contra este mundo ficticio y busca establecer su personalidad, y sus argumentos siempre son válidos, pero al final no nos parece que lo sean porque nunca tiene la razón. La trama está siempre en su contra. Es exasperante.
En fin, por alguna razón –para seducirla, es lo que la narrativa nos hace creer– Thomas llega a casa de Edith y la convence de ir con él a un baile de esos a los que Edith no va porque es una ¡rebelde! Tras un poco de insistencia, Edith le concede el honor y regresa en un vestido blanco maravilloso que por supuesto que se puso ella sola sin la ayuda de ni una sola dama de compañía. A continuación, la maravillosa escena del baile con la vela en la mano que es hermosa (si ignoramos argumentos previamente presentados en este enorme texto y si nos damos permiso de apreciar con nuestros mortales y no entrenados en el SECRETO del arte cinematográfico ojos, la magia que es Guillermo del Toro con una cámara). Es en esta escena que conocemos por primera vez a la hermana de Thomas Sharpe, Lucille, y a partir de aquí el resto de la trama es ¡oh, tan infinitamente transparente!
Lucille Sharpe tiene el cabello negro y los ojos negros y la ropa negra y toca un piano negro y está sentada en las sombras y mira feo a Edith, que es rubia y blanca y está siempre bajo la luz. Lucille Sharpe es la bruja malvada, la mala, mala, mala de la película, por si no captaron la sutileza de la escenografía y el vestuario. Y quiero tomarme un momento para hablar de cómo odio esta guerra sutil que existe en la pantalla cada vez que hay más de una mujer en ella. Porque dos hombres pueden existir en perfecta armonía frente a la lente, pero no así dos mujeres. Thomas Sharpe puede ser un hombre con mil capas de gris, y Carter Cushing puede ser inmaculado como la santa concepción sin que eso construya una oposición entre ellos, es decir, Thomas y Sharpe existen como dos seres humanos con intereses completamente diferentes y modos diferentes de ver el mundo, pero ninguno de los dos existe como el “buen hombre”. Ambos tienen permiso de existir en el mismo mundo sin que uno aparezca como superior al otro –y eso es cierto aunque la historia exije que se opongan el uno al otro, aunque sin la ausencia de uno la trama no pueda avanzar. Ninguno de los dos es inherentemente mejor al otro. Lucille y Edith no tendrán nunca ese lujo. Desde el momento mismo en que Edith aparece en la pantalla, está en directa oposición con todas las otras mujeres y la narrativa de la película y las tomas de la cámara siempre lo ponen bien claro. Hace unos párrafos, deconstruimos un poco la escena entre Edith y las hermanas del buen doctor. En esta escena, Edith con su bellísimo vestido blanco está de nuevo en competición con todas las otras mujeres en el salón y en competición con Lucille. De nuevo, en esta escena, hay mujeres malas y hay mujeres (una) buenas. Edith es una buena mujer y el resto son unas lagartonas envidiosas. Esta competición absurda se arrastrará por una hora y media hasta volverse un drama innecesario y completamente detractorio para la historia. En el montaje del enamoramiento entre Edith y Thomas, Lucille estará presente en cada momento, por ratos encantadora y amable, pero siempre tétrica (aplausos para Jessica Chastain, la verdad, por hacer tanto de este estereotipo andante y darle personalidad –aunque no sé si “personalidad”, sea la palabra– a un personaje que ha sido hecho mil y una veces antes exactamente del mismo modo). La personalidad introvertida y reservada de Lucille será constantemente enfrentada a la de Edith.
Hablando del montaje, sé que Thomas quiere a Edith porque quiere su dinero. Lo que no entiendo es por qué Edith se enamora de la noche a la mañana de Thomas. Lo siento, pero soy una romántica de corazón y si voy al cine en busca de un romance gótico, ¡quiero mi romance gótico, mierda! Yo, a-green-loving-mexican-girl, entiendo el encanto de Thomas Sharpe. Thomas es un encantador hombre que viene de fuera y que representa todas las posibilidades no exploradas. Thomas tiene ojos traviesos y oscuros y cabello negro y liso; Thomas habla con la voz de un aristócrata y una persona que sabe de la vida y ha conocido el mundo. Thomas nos grita: ¡aventura! en el oído y nos promete llevarnos a lugares misteriosos a los que nunca hemos ido. Thomas promete consuelo y alivio y distancia ante la muerte de un padre. La mayoría de estas características, por supuesto, las trae a la mesa Tom Hiddleston con su educación en los clásicos y su increíble capacidad actoral. Pero aún con todo esto, no me convence. He dicho ya que Edith es un personaje vacío – muy a lo Bella – y ahora agrego que por lo mismo me puedo poner su personalidad encima, como una capa y rellenarlo con parte de mi personalidad. Y mi personalidad dice NO. No, este hombre tiene un rostro que dice aventura pero me habla de encerrarme en una mansión en medio de la nada, a mí, a mí que quiero ser una escritora y que soy una mujer alegre y social; a mí, Edith, que tengo una vida aquí y una casa y amigos; a mí, que acabo de perder a mi padre y que soy una mujer en los conservadores Estados Unidos de América del siglo XIX y que debería guardar luto por lo menos seis meses como dicta la costumbre. Además, parte del ritual de conquista de Thomas es su rol como aristocrata pobre, rol que le va tan bien a la hora de conquistar a en-contra-de-la-aristocracia Edith, así que Thomas no le promete ni siquiera lujos en esta mansión en medio de la nada, en la cima de la montaña, sin poblaciones ni entretenimientos cercanos. Thomas no es la Bestia, tampoco, Edith y él hablan de lo que ella ha escrito, pero no le está prometiendo una biblioteca infinita (o internet o wifi o Netflix o de perdida un puesto de periódicos). Así que la historia de amor que convierte a Edith en esposa me deja indiferente. No entiendo muy bien por qué Edith decide alejarse de todo lo que conoce y ama tras la muerte de su padre para ir detrás de un virtual desconocido, especialmente cuando tiene a NICEGUY! el doctor Alan McMichael.
Y el doctor, UGH, el doctor es tan perfecto sin serlo, que me dan úlceras. Y tal vez esto venga con toda mi carga feminista de mil años y de experiencia con esto de los “amigos” que sólo se quieren meter en tus pantalones (y, mira, está chido si te quieres meter en mis pantalones, pero ten los huevos de decírmelo y de no fingir que te intereso como amiga y como persona y tenme la consideración de no hacerme perder mi tiempo cultivando una amistad unilateral que jamás ha sido de tu interés), pero sus miradas de perrito abandonado me PUDREN el alma. Yo, a-green-loving-mexican-girl, odio a los hombres que se dicen tus ‘amigos’ y sólo quieren cojerte. Y odio al perfecto doctor por extensión. Porque si este hombre hubiera tenido los huevos de decirle que se quería casar con ella, entonces nos hubiéramos ahorrado dos horas de drama innecesario, de plot holes y de construcción inconsistente de mundos ficticios. ¿El medio personaje que es Edith enamorándose de Thomas Sharpe? No lo veo. El doctor por otro lado… La comprende, la apoya y comparte sus intereses. El doctor la ve como si el sol saliera por cada uno de sus poros. Thomas… Thomas la mira así quizá cuando Lucille está sentada a lado de Edith. Pero eso sólo soy yo.
Y ya que tenemos a este par casados quiero hablar de Edith un poco más. Porque en las reseñas, Edith es descrita como “defiant Edith” pero no hay un segundo en que Edith sea “defiant” en ninguna de las acepciones de la palabra. Al menos no durante la primera hora de la película. En la mansión, Edith pierde inmediatamente cualquier tipo de control sobre su vida. Su patrimonio pasa de inmediato a las manos de los hermanos. Duerme en la cama con su marido, pero no está en control de su relación y entre ellos no ha habido ninguna clase de intimidad. Su libertad de movimiento queda restringida a los límites de la mansión. Su cuñada no le da un juego de llaves de la casa. Hay un momento en que suplica irse, pero después de que le dicen que no tiene ningún lugar a dónde ir, no vuelve a discutir.
(Claro que lo tiene, carajo, claro que lo tiene.)
Mi punto es que, casada, Edith pierde el poco de control que solía tener en su casa, pierde a sus amigos y cualquier modo de vida social, incluyendo la de la compañía de su marido, que frecuentemente está “trabajando”, sin que jamás se oponga en lo más mínimo, al menos no hasta que es su vida corre peligro. Y, de nuevo, Edith jamás se queja ante nadie que pueda tener el poder de cambiar sus circunstancias.
2.2 Thomas Sharpe
Thomas Sharpe es Tom Hiddleston, así que todo en él es perfecto. Pero con su perfección tengo muchos, muchos problemas.
2.2.1 Sus manos
Primero que nada, ¿por qué sus manos son perfectas? A Edith le vende la historia de que es porque no ha trabajado porque necesita el dinero para construir su máquina. Pero la verdad es que Thomas ha embaucado a muchas otras muchachas y su máquina no es una fantasía. Ha trabajado en su máquina, y ha trabajado mucho en ella. Por años y años, si creemos que Edith es por lo menos la tercera persona con la que aplica la misma estafa. ¿Se supone que crea que la vez que se lastima en pantalla es la única vez que se ha lastimado trabajando con esa máquina defectuosa que, según su propia admisión, puede que nunca trabaje?
2.2.2 Thomas + Edith
Y, hablando de cosas que se supone que crea… ¿se supone que crea que este hombre vivió con por lo menos otras tres mujeres sin que ninguna de ellas se ganara su amor o compasión? ¿Se supone que crea que Enola era todavía más insípida que Edith? Porque no lo creo.
Me ‘creí’ la historia de amor mientras Thomas estaba fingiendo. Lo que nunca entendí es exactamente lo que lo hizo dejar de fingir. ¿Es porque Edith logró acostarse con él y Enola y las otras no? ¿Es eso? Porque para mí eso no es la base de ninguna historia de amor. ¿Se enamoró de ella porque lo apoya? Porque hasta donde entiendo todas las otras esposas también dejaron su casa y su familia para irse con él. ¿Se enamoró de ella porque usa colores felices? ¿Las otras esposas se vestían siempre de negro o algo? No, no entiendo.
¿Se enamoró de su curiosidad? ¿De su espíritu aventurero? ¿De su inteligencia? ¿Tal vez se enamoró porque Edith es más bonita que sus otras dos esposas?
Lo siento, Tom Hiddleston. Hiciste un gran trabajo, pero no entiendo qué hace que Thomas Sharpe se enamore de Edith y no de cualquiera de las otras esposas. Si Thomas Sharpe es este personaje que viene en sombras de gris y debo creerme que no es malo malo malo como su hermana, no puedo creer que dejó que muchas mujeres murieran en nombre de su plan inútil sin sentir nunca nada.
2.2.3 Thomas + redención
Y, hablando de un gran trabajo, ¿por qué es Thomas el único personaje al que se le permite ser bueno/malo/redimido/complejo/profundo cuando a ninguno de los personajes femeninos se le extiende la misma cortesía? Personajes con motivación y una personalidad compleja: Thomas Sharpe y Carter Cushing (¿Alguien pidió una orden de patriarcado? ¡porque ya llegó y nos va a costar REcara a todos!).
Y no valen las excusas de “así va la historia” porque alguien decidió escribir esta mala historia y alguien decidió tener sólo dos personajes bien formados en ella y alguien decidió producir esta historia mediocre y llevarla a la pantalla grande y gastar millones de dólares en ella y en una escenografía ridículamente detallada hecha SÓLO para esta película mediocre. Así que sí, soy una mamona, pero no, no creo estar pidiendo demasiado cuando exijo, EXIJO, que las cosas que pasan en la historia pasen por una razón. No creo estar siendo mamona cuándo me pregunto por qué todo está hecho tan al aventón. No creo estar mal cuándo me pregunto por qué Thomas Sharpe tiene más personalidad que Edith, a pesar de que son coprotagonistas.
2.2.4 Thomas muerto
Y, además, ¿por qué está tan lindo cuando está muerto? ¡Reglas! ¡Coherencia! Estas son cosas que deben tomarse en cuenta cuando se cuenta una historia, Memito, querido, no todo se trata de perfecta escenografía y vestuarios y actores blancos.
2.3 El doctor
El doctor McMichael es perfecto. Esto es irritante por las mismas razones que la perfección de Thomas Sharpe es irritante.
Pero un poco más. Porque no es perfecto. Pero la trama nos lo vende como si lo fuera.
Primero que nada, el perfecto doctor está enamorado de Edith, pero juega al mejor amigo. El rol del mejor amigo de la protagonista que no confiesa sus sentimientos y que me hace tener que ver una aburridísima película a pesar de no tener ninguna de las características de ese tipo de amigos y que me revienta. Porque… ¿esos “amigos” que quieren algo más? Suelen ser el tipo de “amigos” que te miran como si tú no te dieras cuenta. Que son inseguros y deshonestos y que te quieren hacer pensar que quieren algo que no quieren. El tipo de persona que se enojan porque no les das lo que no tienen los pantalones de pedir, que fingen escuchar cuando les confías algo pero en secreto guardan tus confidencias como si fueran ofensas, que dan esperando algo a cambio.
En cámara, el doctor no es una de esas personas, así que… no sé. Puntos para el doctor por no ser un idiota. Puntos menos por serlo.
2.4 La hermana loca – Lucille
Existen Villanos como Amy Dunne (Perdida), o Hannibal (El silencio de los inocentes), Freddy (Krueger), el Guasón, Cruella. Y luego tenemos villanos, como Lucille. Y Lucille es la mala, mala, mala, de la historia y que no les quede ninguna duda. Lucille no tiene sentido aún en un mundo donde “no tener sentido” es lo que tiene sentido acerca de ella. Lucille es tan mala que no tiene ni una pizca de humanidad, no tiene valores ni nada de rescatable, su maldad no tiene orígenes, sólo… Es.
Lucille está ahí para cubrir la cuota de incesto y para mover la historia, porque Thomas Sharpe al final es tan bueno que no mata ni una mosca –o, en su caso, ni un perro (¡ah! Qué bello y qué sencillo que es contar historias, agreguemos un perro y ya tenemos a un héroe)– y no pudo haberlo hecho nunca… pero sí coje con su hermana. Pero sí mató por lo menos a una mujer antes de Edith. Aunque, claro, si atendemos a la historia, ella es la que se lo coje a él. Ella es la mala, la seductora, la que lo lleva al camino del mal. Thomas es Adan y Lucille es Eva, pero con un vestido negro y sin una pizca de buenas intenciones. Pero… ¿Cuáles, exactamente, son las intenciones de Lucille? ¿Alguien? ¿Sus motivos?
2.4.1 Los motivos de Lucille
¿De dónde sale este amor enfermizo por su hermano bebé? ¿Está solamente enferma? Porque este amor enfermizo desafía todas las leyes de la lógica, en especial porque sabemos que dos personas que crecen juntas sienten una repulsión natural hacia cualquier relación de naturaleza sexual con el otro, incluso si no hay relación familiar. Y si Lucille es la que está mal de la cabeza y es la que arrastra a Thomas hacia lo antinatural y su relación sexual, ¿por qué Thomas le sigue la corriente, si lo natural sería que por lo menos él sintiera repulsión hacia su hermana?
No sabemos. La película no lo dice. Para ser francos, la película apesta.
De nuevo, Lucille es una villana vacía, sin motivaciones, sin propósito, sin justificaciones, sin explicación. No sabemos por qué como niña acosaba a su hermano, no sabemos cómo eso llevó a que matara su madre, no sabemos nada de esta villana desquiciada. La bruja malvada de Blancanieves no tenía nombre, pero el menos tenía un propósito.
2.4.2 Lucille es mala persona…. Y una peor villana.
Cuando hablamos de villanos, sabemos que hay diferentes clases de villanos. Hay villanos fuertes, débiles, ignorantes, seductores, manipuladores, inteligentes, audaces, cobardes, prejuiciosos, vengativos, mojigatos, villanos que buscan hacer el mal, villanos que piensan que buscan hacer el bien, villanos que hacen el mal pero sienten que es justificable…
Por alguna razón, cuando una mujer es villana suele tener características muy específicas: es manipuladora, vengativa o seductora. Lucille es un poco de las tres. Es manipuladora en su trato con Thomas, pero su único poder sobre él es la atracción que él siente por ella. En ese aspecto, también es seductora. Y vengativa porque su motivación pareciera ser que está enojada con el mundo porque éste no considera que su violencia irracional y su amor incestuoso sean aceptables. Todo esto leyendo entre líneas.
Pero, para mí, sobre todo, es inconsistente.
Porque, para que Lucille haya llevado a cabo sus fechorías por años (¡Y todo hubiera salido bien, si no fuera por esa sucia mocosa!), entonces Lucille debió haber sido eficaz, discreta, convincente, por años. Pero nunca fue discreta o convincente o manipuladora o eficaz en su engaño cuando nosotros la vimos en cámara. Siempre fue cien por ciento transparente. Sus azarosas demostraciones de poder, sus poco velados insultos, sus locos ataques de celos…
Y, claro, si nos damos cuenta de que por alguna misteriosa e inexplicable razón –valga la redundancia– es Edith la primera que ‘hechiza’ a Thomas con su encanto, tal vez un poco de irracionalidad sea permitida. Keyword: un poco. Porque no es esta la primera vez que Thomas trae una esposa a la casa, así que Lucille debería estar más que acostumbrada. Sus errores son tan… amateur. Y no hay ni si quiera nada entre Thomas y Edith que amerite un verdadero ataque de celos, por lo menos no hasta que Edith y Thomas duermen juntos –lo único que, sabemos, Thomas no ha hecho con ninguna de las otras esposas.
Y después de ese error, todo cae como en una cadena de dominó. Lucille pierde su control sobre Thomas, sobre sí misma, sobre la casa, y, como consecuencia, pierde también su vida.
2.5 Los fantasmas
Dije ya que me molesta mucho la inconsistencia en la caracterización de los fantasmas, aun si comprendo los motivos detrás de ésta. Pero hay algo más que me molesta. Cumbre escarlata es una historia de fantasmas, pero los fantasmas son extrañamente prescindibles. No hay mucho de ellos que sea necesario para la trama, al menos no después de la advertencia de lady Cushing y aún ésta podía hacerse prescindiendo de los fantasmas –la advertencia podría haber venido de algún conocido de las esposas, de alguno de los viejos potenciales inversores de Thomas. En la mansión, todo lo que Edith descubrió con ayuda de los fantasmas pudo haberlo descubierto sin ellos, e incluso la pelea final entre Edith y Lucille pudo haber sido resuelta sin ellos.
Así que, los fantasmas, el eje alrededor del que gira la historia entera… no tiene propósito. Peero, como bien dice Edith al inicio de la película, a pesar de lo que insinúa el trailer y toda la publicidad, ésta no es una historia de fantasmas, sino una historia que tiene fantasmas en ella.
Y, ya que hablé de inconsistencias en el ‘folklor’, digamos, de los fantasmas, quiero hablar de su capacidad de tocar o no las cosas. Porque absolutamente ningún fantasma toca o mueve nada del mundo real, todos son meras proyecciones y su única fuerza es el terror que provocan en Edith –una mujer aterrada, como nos gustan, amirite or amirite?– y sólo en Edith, porque su poder especial es que sólo ella los puede ver. Para el resto del mundo, los fantasmas no son reales, no son visibles. Esto es cierto para todos los fantasmas en todos los momentos de la historia… o al menos lo es hasta que aparece Thomas. Thomas rompe todas las reglas: conserva la apariencia de cuando estaba vivo, puede mover cosas y es visible no sólo ante Edith, sino también ante Lucille. ¿Por qué? ¿Por qué es Thomas diferente al resto de los fantasmas? ¿Es porque es hombre? ¿Es el patriarcado el que le da poderes super especiales de fantasma además del derecho de ser un personaje complejo?
(Y sí, Lucille, toca el piano cuando está muerta pero ¿lo toca realmente? Y, de nuevo, sólo pasa después de que Thomas se convirtió en un fantasma.)
3. Conclusión
Veintitrés páginas, Times new roman, letra del número 12, espaciado de 1.5. Eso es lo que me tomó explicar lo mucho que odié esta película.
Aunque…. Bueno, al final… al final tal vez me convencí a mí misma de que esta no es la peor película del universo. De todas maneras, dejo el título porque “no es la peor película del universo” no llama tanto la atención como “la peor película que he visto” y, seamos honestos, con 23 páginas en Word, esto necesita toda la ayuda posible para llamarla.
Como nota final, a nadie le gusta hablar con el vacío. A todos nos gusta una respuesta. Si llegaste hasta el final, si gastaste por lo menos treinta minutos de tu preciado tiempo, ¡habla conmigo! Dime qué opinas. ¿Estás de acuerdo o no? ¿Te parece que mis crítica es pésima, mis argumentos malos, mi forma de escribir molesta? ¡Si no me dices nunca lo sabré!
PD: Vi esta película hace dos meses o más. Ocho mil palabras no se escriben en dos días, así que los detalles se me escapan.
PD2: No he leído la novela, pero hace poco encontré algunos argumentos acerca de la apariencia de los fantasmas que aparecen en el libro pero se pierde en la adaptación. Aparentemente, los fantasmas tienen diferentes colores y los colores significan diferentes cosas. Thomas, que es redimido en la historia, es blanco, simbolizando precisamente eso, su redención. Enola, la madre y las esposas son rojas porque fueron asesinadas en la casa y el rojo presenta su unión con la casa, su rabia y su sed de venganza y el lugar donde sus cuerpos reposan después de su muerte. Lucille es negra como su alma: mala, mala, mala. Y la sra. sin nombre Cushing es negra porque el color representa la enfermedad que la consumió
Después de enterarme de que hay una novela de la película, pensé que debía leerla antes de hacer una crítica. Pero luego decidí que no, porque esta es una crítica de la película . y también porque la crítica ya estaba hecha. Tal vez después lea la novela y hable de la novela. Así que, les dejo esta información por si la encuentran interesante. .
*Los gifs e imágenes no son míos. Los encontré regados por el internet. Si alguien se siente molesto porque usé una imagen de su creación, ssólo avíseme y la quito.
“Lo mío lo mío, es la inventación de palabras.”
Acerca de mí
Siempre tengo cosas que decir... así que decidí decirlas.
Aunque mi amor en la vida es la lingüística, últimamente voy al cine, o leo un libro, o veo algo y sólo quiero gritar: ¡NO! (A veces también grito ¡sí, utter win, venga! pero como que esos gritos se quedan más felices adentro y no les molesta quedarse dentro de mi psique...)
El punto es que me gusta discursear, y me gusta discursear en inglés y en español, así que eso planeo hacer. No sé muy bien la logística, pero eso haré (no sé si alguien lea esto, pero igual escribiré).
Antes de decir nada, un disclaimer. No soy crítica ni de profesión ni de formación. Estudié lengua y literatura (lo que de alguna manera debería cualificarme, pero no creo que lo haga), pero siempre me han interesado más las palabras y sus conexiones y la gramática que la Literatura --con L mayúscula y todo-- como tal, así que no es como que la escuela me haya dado muchas herramientas de crítica (especialmente considerando que nunca estuve interesada en recibirlas), así que este texto es, sí, una simple crítica pero no una Crítica (con C mayúscula) profesional.
Por otro (y más útil) lado, siempre me ha gustado leer, siempre me han gustado las historias y la dedicación semi-obsesiva que le dedico a las historias de las que me enamoro (y de las que no) más ese amor por la lectura hacen que sea una consumidora de las historias que absorbo (como aspiradora, venga lo bueno, venga lo malo) y, sobre todo, que identifique lo que, para mí, hace una buena historia.
De ningún modo planeo hablar sólo de historias, pero normalmente es una historia el detonante de mis pensamientos, así que... bueno.
Y de mí... soy lilamedusa. Siempre lo he sido, así que un googlazo los puede llevar a mí no tan amado yo de hace cinco años o diez. Tal vez más. Entonces... pues no sé. La mente es un remolino y lo que pensaba con firmeza ayer puede no ser lo que crea hoy. La vida es un viaje y no hay nada más volatil que las opiniones, así que... bueno.
¡Espero que lean/disfruten mi blog!