Tomó el cuchillo de la mano ensangrentada del redcap con respeto, inclinando la cabeza suavemente ante su juramento. Inspiró profundamente en un lento pestañeo.
- En nombre del Ensueño, yo, Carrigan ap Scathach, te acepto Kliaggird, como vasallo. Así como las piedras, los árboles y la hierba pertenecen a la tierra, así tú me perteneces como alguien de mi casa y mi hogar.
Zephara pronunciaba las palabras con la mirada fija en el redcap. Sus ojos ahora brillaban como la plata líquida bajo sus oscuras cuencas. La sala se oscureció con una sombra opaca que todo lo cubría, mientras a su vez las llamas del fuego y las velas crecían luchando contra ella.
- Sangre por sangre, hueso por hueso, vida por vida. Con ésta promesa, pongo mi vida en tus manos, mi sangre en tus venas, mis huesos son los tuyos. Sostenme bien como yo te sostengo y te prestaré mi fuerza.
Honraré tu servicio como merece y pagaré tu lealtad con la misma moneda. Jamás te faltará un escudo en la batalla, un plato sobre la mesa ni un refugio en la oscuridad de la noche.
Como la luna es para los mares bajo ella, así será mi voluntad para ti hasta mi último aliento.
Giró su mano hacia arriba y deslizó su hoja sobre el camino de la cicatriz que cruzaba su palma. La sangre brotó, y trajo con ella una ráfaga de viento con sonidos lejanos de caballos a galope, tambores de guerra y choque de espadas. El líquido cayó sobre las copas, y la mesa tembló con cada una de ellas al mezclarse con la del redcap.
Zephara sirvió el licor y alzó la suya al frente para después beber su contenido de un trago. Cuando ambos vaciaron sus copas, la cocina volvió a su luz natural, el sonido de las ollas burbujeantes volvió a sonar al igual que los clientes en la sala contigua reclamando sus cervezas.