La peor cita
Como es de esperarse, estaba muy casual en Tinder dando likes, probablemente en un día random pasé mi número a un par de niños y cerré la app.
¿Josué? ¿Joshua? Hablaba con él muy esporádicamente, así estuvimos más o menos como un año hasta que un día decidimos vernos y salir.
Quedamos de vernos a las dos de la tarde en el andén de metro viaducto, creo, le dije que ya iba en camino y me dijo que estaba bien, que él llegaba al metro caminando y que se hacía diez minutos. Estaba ahí ya esperándolo y sólo recibía mensajes de “ya voy en camino” y “ya no tardo mucho”, mientras que veía en reloj y yo sólo contaba los minutos, pasaban cinco, diez minutos, que era el tiempo que dijo que tardaba, veinte, veinticinco y no llegaba. Yo lo único que podía pensar en ese momento, era “¿cómo voy a decirle a mi mamá que me dejaron plantada?”, “qué tal que ya llegó y sólo me está observando y no se quiere acercar”. José mandandome mensajes diciéndome que tuviera cuidado, le compartí mi ubicación en tiempo real durante dos horas porque en ésta ciudad muchas cosas suelen suceder. Creo que desde el principio la vida me estaba advirtiendo que esto no saldría bien.
Ya después de ese rato, decidí que iba a esperar pasar un tren más para en el próximo ya irme, cuando justo en eso me llega un mensaje de él diciéndome que estaba bajando las escalera, volteo y ahí estaba.
Cuando lo ví, nos saludamos y subimos al metro. Qué alto, qué gran barba de este hombre, pensaba. ¿Cuál habrá sido la expectativa que tenía el de mí?
La verdad es que no teníamos un plan concreto, siempre he pensado que caminar sin rumbo y platicar es una buena cita, al menos para mí. La ruta comenzaba en Bellas Artes y caminamos todo hasta Insurgentes. Ya saben cómo son las citas, hablas de las cosas que te gustan, a lo que te dedicas, de música, de los lugares que conoces y todo eso.
Ándale, ahí ya vamos caminando cuando el tema por cuál no dejaba de hablar era del trabajo:
“mi jefa quiere conmigo, creo que está apunto de subirme de puesto, probablemente lo hubiera hecho ya pero yo no le hago caso, no me gusta” “ya saqué un prestamo para sacar un coche nuevo, el que tenía ya estaba muy viejo”
y más burradas que decía.
Estaba sacada de onda, no me interesa la relación que tienes con tu jefa, ¿de verdad te crees tan irresistible? ¿Crees que lo único que me importa es salir con un hombre con carro? ¿O porqué me estás contando todo ésto?
Después de que el susudicho me terminó de contar de lo enamorado que estaba de su jefa nos detuvimos en el Ángel, que la estatua de ángel no tiene nada. Nos sentamos en las bancas que están ahí, recuerdo que justo desde donde estaba alcanzaba a ver la entrada del bosque de Chapultepec, tantas veces que he caminado por ahí y me sigue encantando.
De pronto comienzo a sentir que éste hombre recarga su cabeza en mi hombro, la verdad es que no me incomodó, en mi cabeza ya estaba más que friendzoneado después de semejante plática pero poco a poco comencé a sentir que estaba acercándose demasiado hasta el punto de querer besarme. Lo intentó dos veces y dos veces lo rechacé. ¿De verdad te crees tan irresistible? Creo que realmente no debí esperarte ni tantito.
Luego de eso busqué en google maps el metro más cercano para ya irme, cuando empezó a preguntarme si no iriamos a comer. Justo en ese pasillo de Zona Rosa, que seguramente muchos de ustedes ya conocen, está McDonald´s.
Entramos, pedimos comida, nos sentamos y comenzamos a hablar de nuestra última relación tóxica y fallida. Te lo vuelvo a preguntar: ¿de verdad te crees tan irresistible? ¿Porqué todas siempre quieren contigo? Yo no logro verlo, y sí, regularme lo niños seguros de sí mismo son especialmente atractivos pero a ti no te ando creyendo, y nisiquiera es como que me fije en lo físico o lo material y ni así logro conectar contigo.
En fin, decidimos terminar la cita. Cuando ya era momento de que nuestros caminos se separaran me dijo que le mandara mensaje cuando ya estuviera en mi hogar y cuando por fin estaba en ella me dí cuenta de que ya me había bloqueado.
Me acuerdo de todo ésto y me sigue dando mucha risa. Lizbeth, ya viste que la vida te estaba diciendo a gritos que te fueras y no lo hiciste, siempre te gusta averguar como terminará todo pero sino fuera por tu curiosidad no tendrías estas historias.
onvres del 2018.












