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tenia rato que no entraba a tumblr XD
On a chair - @tomoyukitanaka @fpm_official - Beautiful - 2001 avex / emperor norton #fpm20th #fpm #fantasticplasticmachine #record #vinyl #LP
El @caifanesmex box set edición limitada #caifanes #latinoaméricaenvinil #latinoamericaenvinil #vinyl #picturediscvinyl #picturediscrecord #picturedisc #fotodisco
El hombre de wall street - Jaime López - Jaime López - 1989 (2016 re issue) #latinoamericaenvinil #jaimelopez #vinyl #vinil #LP #record
If You Weren't Afraid - E=mc2 - Giorgio Moroder - 1979 Casablanca Records - @giorgiomoroder #giorgiomororder #vinyl #LP
Amor Amarillo - Gustavo Cerati - Amor Amarillo (45 RPM) - 1993 - #gustavocerati #cerati #sodastereo #LP #vinyl
n_n #sodastereo
Locos - Voluma - León Larregui - 2016 - LP vinyl #leonlarregui #zoé #zoetheband #vinyl #LP
La realidad de las reediciones en vinilo de rock argentino: el audio es el mismo que el CD.
Hace unos días volvieron a reeditarse una serie de discos de rock argentino. Al igual que las anteriores tandas de lanzamientos, la mayoría de estos álbumes eran, son, y seguirán siendo de gran demanda, principalmente por el público que ha iniciado su experiencia con el formato de vinilo dentro de lo que se conoce como el ‘boom del vinilo’ (iniciado en nuestro país aproximadamente desde el 2010 hasta la fecha). Una de las razones de esta demanda es la inaccesibilidad —tanto económica como física— de estos primeros álbumes de rock argentino en muy buen estado. Hace ya varios años (inclusive antes del ‘boom’) dejaron de ser discos simplemente para escuchar, sino que (por más ridículo que suene para algunos) comenzaron a ser piezas de colección. De forma tal que el valor actual de estos viejos álbumes es 3 veces mayor (y hasta 10, según el título) que las flamantes ediciones que empezó a lanzar (y prosigue lanzando) la multinacional Sony, propietaria de los fonogramas. Desde que empezó a correr el rumor de las reediciones en vinilo de los clásicos discos de rock argentino, se desató una fiebre y desesperación por parte de los consumidores de vinilos. “¿Qué titulos editarán?”,“¿Respetarán el arte original?”, “¿Cuánto las cobrarán?” fueron algunas de las ansiosas preguntas que se podían oír y/o leer. Pero una de ellas, la más determinante, era si los discos serían editados a partir del audio de las cintas originales, o si se trataría de una tanda de discos que pasaría automáticamente a formar parte de la tendencia mundial (instalada por las multinacionales) de editar vinilos a partir del mismo soporte digital con el que fabricaron los CD’s.
Esto último es lo que —hasta el día de la fecha— mantiene dividido en opinión al público vinilero con respecto a las reediciones, ya sean locales como del resto del mundo. Y esto se agudiza con nuestro rock por muchos motivos, en gran parte incomprobables; pero el único y el más importante es aquel que se evidencia con nuestras propias herramientas al alcance —un CD y nuestro oído— y es que las cintas originales de estos discos se han deteriorado y con ellas se han generado una sucesión de ediciones en diversos formatos (desde el cassette en adelante) de una notable menor calidad a los álbumes originales. Y esto se corrobora realizando una simple escucha atenta con auriculares de cualquier CD de rock argentino de los 60′s y 70′s, sin necesidad de compararlo con un vinilo. En las primeras ediciones que se fueron editando en CD, se pueden apreciar defectos que los podríamos familiarizar con un cassette viejo: soplidos, ruidos, cambios bruscos de volumen, ausencia de graves, etcétera. Con el tiempo, muchas de estas falencias fueron encubiertas en las subsiguientes ediciones con procesos digitales de reducción de ruido, logrando que no se perciban en la superficie aquellos soplidos y ruidos, pero a costa de una pérdida de resolución en el sonido. A la vez, cada nueva edición en CD sonaba con más compresión y volumen que su antecesora. En la sumatoria, las ediciones en CD no producen una escucha fiel de estos descatalogados y codiciados álbumes. No es novedad que el catálogo del viejo rock argentino editado (y reeditado hasta el hartazgo) en CD es de una calidad notablemente baja comparado con los vinilos originales.
Después de años transitados de la mano de un formato que fue tan práctico pero deficiente como ha sido el cassette, ¿quién iba a decirle “no“ a un CD? ¿Quién iba a volver a equiparse y salir a buscar los viejos discos de vinilo?
El CD ganó la pulseada. Y el mercado.
Como comenté párrafos más arriba, previo al ‘boom del vinilo’ se han hecho correcciones en las nuevas ediciones en CD relacionadas al volumen y ecualización (lo que se conoce como ‘mastering’), haciéndole creer a muchos consumidores que los CD’s estaban sonando cada vez mejor, pero lo que realmente hacían era reprocesarlos (”maquillarlos”) para que el audio esté a la altura de los estándares del momento: los reproductores masivos —minicomponentes, estéreos, etcétera— dejaban paulatinamente de tener la definición, potencia y la posibilidad de una ecualización manual, características que sí poseían los viejos equipos caseros (como los famosos ‘centros musicales’), dejando toda ésta tarea en manos de la mismísima música (he aquí la razón por la que hoy el mastering se considera una fase fundamental en la post-producción de todo álbum).
En paráfrasis con el mundo de la fotografía, lo que aquí sucede vendría a ser como retocar en Photoshop aquellas imágenes digitalizadas a baja calidad, provocando una montaje artificial de la foto real, en vez de recurrir al negativo original y digitalizarlo en alta resolución, con el fin de imprimir una imagen lo más aproximada a la realidad.
La discusión sobre la calidad de los CD’s —aquí enfatizado con el rock argentino— no tiene fin, porque, situándome en la posición de los fundamentalistas del formato digital, para oír bien un vinilo es necesario un buen equipamiento; mientras que el CD (sobretodo las últimas ediciones) suenan bien el cualquier equipo (si es que ahora existe ‘cualquier equipo’ que reproduzca CD’s).
Si poseemos un buen equipamiento para ambos soportes, ¿el CD de rock argentino es superior al vinilo original? La respuesta es la siguiente: no.
Como dije antes, resulta evidente que las cintas originales se hallaban severamente dañadas por el descuido y malas políticas de almacenamiento (ya que otros países han demostrado que cintas de más de 50 años son muy fieles si se las almacena correctamente) a la hora de digitalizar estos masters; provocando que el contenido de los CD’s de nuestro primer rock argentino sea de una calidad notablemente baja.
Y si el audio de estos nuevos vinilos es el mismo que han utilizado para el CD, ¿cuál es la gracia de comprar una de estas reediciones si estas no se aproximan a las ediciones originales?
Antes de responder esto, hay que transitar toda una discusión estéril (por parte de la nueva ola de consumidores y de los viejos coleccionistas) sobre si estas reediciones han sido realizadas o no desde las cintas originales.
La finalidad de este post es ahorrar ese camino e ir directamente a las pruebas.
Para ello recurrí a uno de los discos que más me gusta de nuestro rock y que más he escuchado en mi infancia: el primero de Manal, el de la característica portada amarilla con la bomba. Tanto fue que lo escuché en su momento que he reconocido (desde el CD, sin poseer aún el vinilo original) diversos errores que me daban la impresión que no tenían que ver con la música grabada sino con la edición. Con el tiempo fui comprando nuevas ediciones en CD y seguía oyendo las mismas falencias. 15 años pasaron de mi primera escucha del CD hasta que tuve en mis manos mi propia copia original del vinilo de Manal, con el sello Mandioca morado. Cuando puse el vinilo en mi bandeja, no pude creer lo que oía: allí había graves definidos que provenían de los instrumentos musicales (bombo, bajo, órgano, voz barítono), distinta velocidad, y sobretodo —debido a que la copia que obtuve afortunadamente estaba como nueva— no había ningún soplido, y tampoco se oían esas falencias que yo oía en los CD’s. En pocas palabras, estaba experimentando una escucha fiel de uno de mis álbumes favoritos, experiencia que naturalmente me obligó a no oírlo más en algún soporte digital (y en los portátiles llevar una bajada del vinilo en vez del CD).
Uno de los tantos pasajes del álbum donde me sentía molesto por la calidad del CD, y con el cual realizaré una comparación, está ubicado en un corte instrumental de la canción “Una casa con 10 pinos” (precisamente emplazado a los 0:32 segundos si utilizamos como referencia éste audio/video de YouTube para situarnos en lo que voy a explicar a continuación: https://youtu.be/DwVvApx3sG0).
Tomé los 4 tiempos de esa pausa musical para realizar un cotejo entre la primera edición en vinilo (imagen n° 1), la flamante reedición (imagen n° 2) y el CD (imagen n° 3).
Lo que me perturbaba del CD de Manal —tanto en éste pasaje como en otros del disco— era oír que el sonido iba y venía; algo que después de adquirir el vinilo original pude identificar que se trataba de una digitalización de una cinta deteriorada. En el CD, cada vez que hay un pasaje donde el sonido va decreciendo, se puede oír que el sonido baja, sube, baja, y vuelve a subir. “Va y viene”. En cambio, en el vinilo original, el sonido decrece con normalidad, como sucede naturalmente en la música. Con este breve ejemplo uno puede puede identificar si la última edición en vinilo fue tomada de la misma fuente que el CD o de la misma fuente que el vinilo original. Si el audio cae con naturaleza, significa que fue fabricado desde la cinta original. Y si el audio “va y viene”, es porque fue fabricado desde un soporte digital. Dicho pasaje lo acompañé en los gráficos con unas flechas en caso de que las imágenes no resulten del todo claras.
Vinilo original (Mandioca, edición morada; 1970):
Reedición en vinilo (Sony; 2016):
CD (Sony, años 2000):
En este pasaje de “Una casa con 10 pinos” nos encontramos con que el sonido de la reedición en vinilo es la misma que el CD.
Podemos apreciar que el vinilo original tiene otra velocidad a comparación del CD y la reedición, ya que éste pasaje instrumental es más breve en el primer gráfico, obteniendo como resultado una velocidad más lenta por parte del soporte digital (en consecuencia, suenan más deprimentes). También se percibe la recurrente técnica de aumentar el volumen de salida a un soporte muy sensible como lo es el vinilo, ya que la reedición suena más fuerte que la edición original sin motivo ni necesidad de ello. Podríamos asociar esto a la tendencia de las multinacionales —dentro de lo que se llama “la guerra del volumen”— de incrementar el volumen en cada edición nueva, ya que se percibe que el común de la gente asocia el alto volumen con una mayor calidad de sonido. Pero es ficción pura. Sobretodo en el vinilo: para brindar mayor volumen y no disminuir la calidad de sonido, se debe abarcar más espacio en el surco. Por lo que si un álbum que tiene 20 minutos de música en un lado se le aumenta su ganancia/volumen, deja de caber en ese lado (por esa razón hay muchos discos que originalmente contenían 1 solo disco y actualmente son dobles). Por lo que si se utiliza ese mismo espacio para esos 20 minutos de música pero a mayor volumen, nos encontraremos con un sonido distorsionado: característica muy común de las reediciones lanzadas en el mundo entero.
Los ejemplos gráficos adjuntados son mucho más apreciables si uno presta la debida (y merecida) atención al escuchar el disco. Pero resulta necesario mostrarlo gráficamente para intentar demostrar aquello que muchos discutían y otros dudaban:
LOS NUEVOS VINILOS NO FUERON FABRICADOS USANDO LAS CINTAS ORIGINALES, SINO QUE UTILIZARON EL SOPORTE DIGITAL CON EL QUE FABRICARON LOS CD’S.
Resulta una verdadera lástima que, una vez más, las multinacionales sólo quieran sacar provecho de una moda y no prevalezcan la calidad sonora y la fidelidad de nuestros álbumes de rock argentino. Por último, se ha hablado mucho al respecto de las cintas originales, pretexto con el que muchos consumidores se ponen la camiseta de una multinacional y defienden estas reediciones. La excusa más popular dentro de este contexto es que las cintas originales no existen más: se borraron, se perdieron, se tiraron. Pero lamento decir (desde mi humilde lugar) que, al menos algunos de los discos reeditados como ’Pescado 2′ de Pescado Rabioso, o el primer álbum de Almendra, está comprobado que las cintas stereo con las que se prensaron los LP’s originales existen: Alfredo Rosso posó con el master de ‘Pescado 2′ para el documental ‘Elepé’ de Pescado Rabioso de la TV Pública argentina; mientras que el periodista Victor Pintos habló de las cintas originales de Almendra en el Box Set editado en los 90′s.
Estoy seguro que muchas de las cintas originales aún existen y están almacenadas en las bóvedas de las multinacionales. Pero el trabajo de enviar las cintas al viejo continente o Norteamérica para que los reediten analógicamente claramente no está dentro de las prioridades de los responsables de Sony: mejor enviar copias digitales de baja calidad mediante servidores web. Total, ¿quién se va a dar cuenta?.
a esta persona no le informaron los peligros de trasladar algo tan fragil y delicado como las cintas maestras de una grabacion, la realidad es que casi todas la reediciones en vinyl mundiales son de masters digitales, es obio que las disqueras no quieren arriesgarse a que el master original de cualquier grabacion importante quede destruido, ¿aguien recuerda lo facil que era echar a perder un cassette o disquet? :S
La realidad de las reediciones en vinilo de rock argentino: el audio es el mismo que el CD.
Hace unos días volvieron a reeditarse una serie de discos de rock argentino. Al igual que las anteriores tandas de lanzamientos, la mayoría de estos álbumes eran, son, y seguirán siendo de gran demanda, principalmente por el público que ha iniciado su experiencia con el formato de vinilo dentro de lo que se conoce como el ‘boom del vinilo’ (iniciado en nuestro país aproximadamente desde el 2010 hasta la fecha). Una de las razones de esta demanda es la inaccesibilidad —tanto económica como física— de estos primeros álbumes de rock argentino en muy buen estado. Hace ya varios años (inclusive antes del ‘boom’) dejaron de ser discos simplemente para escuchar, sino que (por más ridículo que suene para algunos) comenzaron a ser piezas de colección. De forma tal que el valor actual de estos viejos álbumes es 3 veces mayor (y hasta 10, según el título) que las flamantes ediciones que empezó a lanzar (y prosigue lanzando) la multinacional Sony, propietaria de los fonogramas. Desde que empezó a correr el rumor de las reediciones en vinilo de los clásicos discos de rock argentino, se desató una fiebre y desesperación por parte de los consumidores de vinilos. “¿Qué titulos editarán?”,“¿Respetarán el arte original?”, “¿Cuánto las cobrarán?” fueron algunas de las ansiosas preguntas que se podían oír y/o leer. Pero una de ellas, la más determinante, era si los discos serían editados a partir del audio de las cintas originales, o si se trataría de una tanda de discos que pasaría automáticamente a formar parte de la tendencia mundial (instalada por las multinacionales) de editar vinilos a partir del mismo soporte digital con el que fabricaron los CD’s.
Esto último es lo que —hasta el día de la fecha— mantiene dividido en opinión al público vinilero con respecto a las reediciones, ya sean locales como del resto del mundo. Y esto se agudiza con nuestro rock por muchos motivos, en gran parte incomprobables; pero el único y el más importante es aquel que se evidencia con nuestras propias herramientas al alcance —un CD y nuestro oído— y es que las cintas originales de estos discos se han deteriorado y con ellas se han generado una sucesión de ediciones en diversos formatos (desde el cassette en adelante) de una notable menor calidad a los álbumes originales. Y esto se corrobora realizando una simple escucha atenta con auriculares de cualquier CD de rock argentino de los 60′s y 70′s, sin necesidad de compararlo con un vinilo. En las primeras ediciones que se fueron editando en CD, se pueden apreciar defectos que los podríamos familiarizar con un cassette viejo: soplidos, ruidos, cambios bruscos de volumen, ausencia de graves, etcétera. Con el tiempo, muchas de estas falencias fueron encubiertas en las subsiguientes ediciones con procesos digitales de reducción de ruido, logrando que no se perciban en la superficie aquellos soplidos y ruidos, pero a costa de una pérdida de resolución en el sonido. A la vez, cada nueva edición en CD sonaba con más compresión y volumen que su antecesora. En la sumatoria, las ediciones en CD no producen una escucha fiel de estos descatalogados y codiciados álbumes. No es novedad que el catálogo del viejo rock argentino editado (y reeditado hasta el hartazgo) en CD es de una calidad notablemente baja comparado con los vinilos originales.
Después de años transitados de la mano de un formato que fue tan práctico pero deficiente como ha sido el cassette, ¿quién iba a decirle “no“ a un CD? ¿Quién iba a volver a equiparse y salir a buscar los viejos discos de vinilo?
El CD ganó la pulseada. Y el mercado.
Como comenté párrafos más arriba, previo al ‘boom del vinilo’ se han hecho correcciones en las nuevas ediciones en CD relacionadas al volumen y ecualización (lo que se conoce como ‘mastering’), haciéndole creer a muchos consumidores que los CD’s estaban sonando cada vez mejor, pero lo que realmente hacían era reprocesarlos (”maquillarlos”) para que el audio esté a la altura de los estándares del momento: los reproductores masivos —minicomponentes, estéreos, etcétera— dejaban paulatinamente de tener la definición, potencia y la posibilidad de una ecualización manual, características que sí poseían los viejos equipos caseros (como los famosos ‘centros musicales’), dejando toda ésta tarea en manos de la mismísima música (he aquí la razón por la que hoy el mastering se considera una fase fundamental en la post-producción de todo álbum).
En paráfrasis con el mundo de la fotografía, lo que aquí sucede vendría a ser como retocar en Photoshop aquellas imágenes digitalizadas a baja calidad, provocando una montaje artificial de la foto real, en vez de recurrir al negativo original y digitalizarlo en alta resolución, con el fin de imprimir una imagen lo más aproximada a la realidad.
La discusión sobre la calidad de los CD’s —aquí enfatizado con el rock argentino— no tiene fin, porque, situándome en la posición de los fundamentalistas del formato digital, para oír bien un vinilo es necesario un buen equipamiento; mientras que el CD (sobretodo las últimas ediciones) suenan bien el cualquier equipo (si es que ahora existe ‘cualquier equipo’ que reproduzca CD’s).
Si poseemos un buen equipamiento para ambos soportes, ¿el CD de rock argentino es superior al vinilo original? La respuesta es la siguiente: no.
Como dije antes, resulta evidente que las cintas originales se hallaban severamente dañadas por el descuido y malas políticas de almacenamiento (ya que otros países han demostrado que cintas de más de 50 años son muy fieles si se las almacena correctamente) a la hora de digitalizar estos masters; provocando que el contenido de los CD’s de nuestro primer rock argentino sea de una calidad notablemente baja.
Y si el audio de estos nuevos vinilos es el mismo que han utilizado para el CD, ¿cuál es la gracia de comprar una de estas reediciones si estas no se aproximan a las ediciones originales?
Antes de responder esto, hay que transitar toda una discusión estéril (por parte de la nueva ola de consumidores y de los viejos coleccionistas) sobre si estas reediciones han sido realizadas o no desde las cintas originales.
La finalidad de este post es ahorrar ese camino e ir directamente a las pruebas.
Para ello recurrí a uno de los discos que más me gusta de nuestro rock y que más he escuchado en mi infancia: el primero de Manal, el de la característica portada amarilla con la bomba. Tanto fue que lo escuché en su momento que he reconocido (desde el CD, sin poseer aún el vinilo original) diversos errores que me daban la impresión que no tenían que ver con la música grabada sino con la edición. Con el tiempo fui comprando nuevas ediciones en CD y seguía oyendo las mismas falencias. 15 años pasaron de mi primera escucha del CD hasta que tuve en mis manos mi propia copia original del vinilo de Manal, con el sello Mandioca morado. Cuando puse el vinilo en mi bandeja, no pude creer lo que oía: allí había graves definidos que provenían de los instrumentos musicales (bombo, bajo, órgano, voz barítono), distinta velocidad, y sobretodo —debido a que la copia que obtuve afortunadamente estaba como nueva— no había ningún soplido, y tampoco se oían esas falencias que yo oía en los CD’s. En pocas palabras, estaba experimentando una escucha fiel de uno de mis álbumes favoritos, experiencia que naturalmente me obligó a no oírlo más en algún soporte digital (y en los portátiles llevar una bajada del vinilo en vez del CD).
Uno de los tantos pasajes del álbum donde me sentía molesto por la calidad del CD, y con el cual realizaré una comparación, está ubicado en un corte instrumental de la canción “Una casa con 10 pinos” (precisamente emplazado a los 0:32 segundos si utilizamos como referencia éste audio/video de YouTube para situarnos en lo que voy a explicar a continuación: https://youtu.be/DwVvApx3sG0).
Tomé los 4 tiempos de esa pausa musical para realizar un cotejo entre la primera edición en vinilo (imagen n° 1), la flamante reedición (imagen n° 2) y el CD (imagen n° 3).
Lo que me perturbaba del CD de Manal —tanto en éste pasaje como en otros del disco— era oír que el sonido iba y venía; algo que después de adquirir el vinilo original pude identificar que se trataba de una digitalización de una cinta deteriorada. En el CD, cada vez que hay un pasaje donde el sonido va decreciendo, se puede oír que el sonido baja, sube, baja, y vuelve a subir. “Va y viene”. En cambio, en el vinilo original, el sonido decrece con normalidad, como sucede naturalmente en la música. Con este breve ejemplo uno puede puede identificar si la última edición en vinilo fue tomada de la misma fuente que el CD o de la misma fuente que el vinilo original. Si el audio cae con naturaleza, significa que fue fabricado desde la cinta original. Y si el audio “va y viene”, es porque fue fabricado desde un soporte digital. Dicho pasaje lo acompañé en los gráficos con unas flechas en caso de que las imágenes no resulten del todo claras.
Vinilo original (Mandioca, edición morada; 1970):
Reedición en vinilo (Sony; 2016):
CD (Sony, años 2000):
En este pasaje de “Una casa con 10 pinos” nos encontramos con que el sonido de la reedición en vinilo es la misma que el CD.
Podemos apreciar que el vinilo original tiene otra velocidad a comparación del CD y la reedición, ya que éste pasaje instrumental es más breve en el primer gráfico, obteniendo como resultado una velocidad más lenta por parte del soporte digital (en consecuencia, suenan más deprimentes). También se percibe la recurrente técnica de aumentar el volumen de salida a un soporte muy sensible como lo es el vinilo, ya que la reedición suena más fuerte que la edición original sin motivo ni necesidad de ello. Podríamos asociar esto a la tendencia de las multinacionales —dentro de lo que se llama “la guerra del volumen”— de incrementar el volumen en cada edición nueva, ya que se percibe que el común de la gente asocia el alto volumen con una mayor calidad de sonido. Pero es ficción pura. Sobretodo en el vinilo: para brindar mayor volumen y no disminuir la calidad de sonido, se debe abarcar más espacio en el surco. Por lo que si un álbum que tiene 20 minutos de música en un lado se le aumenta su ganancia/volumen, deja de caber en ese lado (por esa razón hay muchos discos que originalmente contenían 1 solo disco y actualmente son dobles). Por lo que si se utiliza ese mismo espacio para esos 20 minutos de música pero a mayor volumen, nos encontraremos con un sonido distorsionado: característica muy común de las reediciones lanzadas en el mundo entero.
Los ejemplos gráficos adjuntados son mucho más apreciables si uno presta la debida (y merecida) atención al escuchar el disco. Pero resulta necesario mostrarlo gráficamente para intentar demostrar aquello que muchos discutían y otros dudaban:
LOS NUEVOS VINILOS NO FUERON FABRICADOS USANDO LAS CINTAS ORIGINALES, SINO QUE UTILIZARON EL SOPORTE DIGITAL CON EL QUE FABRICARON LOS CD’S.
Resulta una verdadera lástima que, una vez más, las multinacionales sólo quieran sacar provecho de una moda y no prevalezcan la calidad sonora y la fidelidad de nuestros álbumes de rock argentino. Por último, se ha hablado mucho al respecto de las cintas originales, pretexto con el que muchos consumidores se ponen la camiseta de una multinacional y defienden estas reediciones. La excusa más popular dentro de este contexto es que las cintas originales no existen más: se borraron, se perdieron, se tiraron. Pero lamento decir (desde mi humilde lugar) que, al menos algunos de los discos reeditados como ’Pescado 2′ de Pescado Rabioso, o el primer álbum de Almendra, está comprobado que las cintas stereo con las que se prensaron los LP’s originales existen: Alfredo Rosso posó con el master de ‘Pescado 2′ para el documental ‘Elepé’ de Pescado Rabioso de la TV Pública argentina; mientras que el periodista Victor Pintos habló de las cintas originales de Almendra en el Box Set editado en los 90′s.
Estoy seguro que muchas de las cintas originales aún existen y están almacenadas en las bóvedas de las multinacionales. Pero el trabajo de enviar las cintas al viejo continente o Norteamérica para que los reediten analógicamente claramente no está dentro de las prioridades de los responsables de Sony: mejor enviar copias digitales de baja calidad mediante servidores web. Total, ¿quién se va a dar cuenta?.
a esta persona no le informaron los peligros de trasladar algo tan fragil y delicado como las cintas maestras de una grabacion, la realidad es que casi todas la reediciones en vinyl mundiales son de masters digitales, es obio que las disqueras no quieren arriesgarse a que el master original de cualquier grabacion importante quede destruido, ¿aguien recuerda lo facil que era echar a perder un cassette o disquet? :S
Lo que me llegó de @laromarecords a mi casa n_n, tenía rato buscando estos discos de soda stereo :)
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