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By tina Maria Elena
Chichén Itzá del bello Yucatán.
“Alcanzó a reconocerla en el tumulto a través de las lágrimas del dolor irrepetible de morirse sin ella, y la miró por última vez para siempre jamás con los ojos más luminosos, más tristes y más agradecidos que ella no le vio nunca en medio siglo de vida en común y alcanzó a decirle con el último aliento: —Solo Dios sabe cuánto te quise.”
— Gabriel García Márquez, El amor en los tiempos del cólera.
Mira aquí tenemos una cosita, con ésa se siente. Se llama el timbre y ha de tener otros nombres. Cuando estés con alguien piensa que en ese lugar queda el centro de tu cuerpo, que de ahí vienen todas las cosas buenas, piensa que con eso piensas, oyes y miras; olvídate de que tienes cabeza y brazos, ponte toda ahí. Vas a ver si no sientes.
Más negro que la noche by Carlos Enrique Taboada, 1975.
You only truly grow as a woman when you realize that other girls are not, and never have been, your competition.
“Tenía siempre miedo de que cada encuentro fuera el último. Por eso le gustaba conversar, para robarse al otro, para que no se le escapara del todo cuando volvía a su casa con el cuerpo apaciguado, para poder, en el impredecible tiempo que los desuniera, reconstruirlo todo.”
— Mujeres de ojos grandes, Angeles Mastretta.
Nadie.
Me volví infiel mucho antes de tocar a Carlos Vives. No tenía lugar para nada que no fuera él. Nunca quise así a Andrés, nunca pasé las horas tratando de recordar el exacto tamaño de sus manos ni deseando con todo el cuerpo siquiera verlo aparecer. Me daba vergüenza estar así por un hombre, ser tan infeliz y volverme dichosa sin que dependiera para nada de mí.
- Angeles Mastreta, “Arrancame la Vida”
El amor en los tiempos del cólera / Gabriel García Márquez.
“Mi abuela tenía una teoría muy interesante; decía que todos nacemos con una caja de fósforos adentro, pero que no podemos encenderlos solos. Necesitamos la ayuda del oxígeno y una vela. En este caso el oxígeno, por ejemplo, vendría del aliento de la persona que amamos; la vela podría ser cualquier tipo de comida, música, caricia, palabra o sonido que engendre la explosión que encenderá uno de los fósforos. Por un momento, nos deslumbra una emoción intensa. Una tibieza placentera crece dentro de nosotros, desvaneciéndose a medida que pasa el tiempo, hasta que llega una nueva explosión a revivirla. Cada persona tiene que descubrir qué disparará esas explosiones para poder vivir, puesto que la combustión que ocurre cuando uno de los fósforos se enciende es lo que nutre al alma. Ese fuego, en resumen, es su alimento. Si uno no averigua a tiempo qué cosa inicia esas explosiones, la caja de fósforos se humedece y ni uno solo de los fósforos se encenderá nunca.”
— Como agua para chocolate (fragmento) de Laura Esquivel.
“Permaneció llorando hasta que no le quedaron más lágrimas en los ojos. Entonces lloró en seco y dicen que eso duele más.”
—
AMLO: Buenas noches.
ANAYA: AHÍ ES DONDE TE EQUIVOCAS, en otros países ya es de día. *saca una gráfica*