smelhlter.
“La idea de que huyan no suena tan mala igualmente…” por un segundo dedo índice y medio llegan hasta la barbilla propia, dígitos moviéndose de modo distraído “Ya, ¿va aquí, huh?” y ya estaba accionando, colocando el frágil aparato de vidrio por debajo del brazo, sabiendo que si algo había que tener para que funcione era paciencia, una lástima carecer tanto de dicha fortuna. Espalda se acomoda de mejor manera, siendo recibido por una pared concreta y pintada en el color dominante de la habitación: el aburrido blanco. Ceño se frunce al escuchar el vaivén de palabras, había abierto los labios resecos para responder la primera interrogante, pero las palabras retrocedieron a la boca del estómago adolorido y que no para de quejarse con insoportables punzadas “Me agrada la idea de no matarme, sí” pausa, gesto menguante pintándose sobre el pálido semblante, teñido en los daños colaterales directos a la apariencia “Nada muy diferente a los que ya te habrán visitado, creo que bastante fiebre, dolores de estómago, siento que el cráneo me va a estallar y me mareé viniendo hasta aquí” enumeró, demasiado tranquilo para su propio bien, el de la ingenuidad que piensa que mañana estará de vuelta en la carrera, el de quien no está acostumbrado jamás al estado de enfermedad “Ah, bien, yo soy Samuel”
—Me gusta como piensas. —admitió, porque la idea de las personas alejándose de su presencia, se le antojaba de lo más tentadora; claro que ahora debía hacer excepciones por el bien común. Una sonrisa pareció apenas acariciar sus facciones, enseguida extinguiéndose para prestar total atención a las palabras del castaño. —Espero que no tengas riesgos de embarazos o algo, sería realmente incómodo tener un bebé aquí mismo. —una parte de él estaba bromeando, pero la otra no estaba cerrada a la posibilidad, no en el mundo actual. —Mh, ¿has comido algo o el dolor de estómago te lo impide? Deberías tomar sopa o comer algo liviano para poder darte pastillas más fuertes, que son las que aparentemente necesitas... —pausó, volteándose a buscar un par de cajas. —¿Crees que alguien se llegue a enterar de esto más adelante? No me siento preparado para ir a la cárcel, soy hijo único, el consentido. —le explicó con una media sonrisa curvándose en sus facciones, regresando la mirada al de rostro más demacrado para escuchar una respuesta que, esperaba, lo dejase con el sueño tranquilo. —Samuel. ¿Y apellido? Es para rellenar la ficha y que si luego te atiende alguien más no te mates por una sobredosis.











