TIEMPO DE VIAJE: 7 días, 2 horas, 38 minutos. LOCACIÓN: A 778 millones de kilómetros, cerca de Io, luna de Júpiter.
Tu brazalete indica que son las dieciocho horas. Para entonces, las luces de los pasillos han empezado a cambiar paulatinamente y no te das cuenta del momento exacto en el que empieza a ocurrir. Solo cuando levantas la vista, notas que ya no son blancas, sino más cálidas, más suaves. Siete días a bordo son suficientes para entender lo que eso significa: la tarde artificial está terminando y tu jornada laboral también. Pronto las ventanas se apagarán y dejarán ver el exterior, ese vacío inmenso al que todavía no te acostumbras y a través del cual tendrás que navegar los próximos quince meses… El pensamiento, aunque momentáneo, te deja una sensación extraña.
Cuando sales de tu área de trabajo, sientes el cuerpo cansado. Has tratado de seguir la rutina que te proponen con la esperanza de que se sienta automático. Descansar, comer, dormir. Repetir. Sí, ¡estás feliz de formar parte del proyecto! Pero, al mismo tiempo, también estás ansioso. No conoces a nadie, no sabes qué te deparará el futuro— y el sonido constante de la ventilación de la nave a veces parece tu único compañero.
De repente, tu brazalete vibra. Bajas la mirada y en él encuentras una notificación entrante, un holograma de pequeñas dimensiones proyectándose sobre tu muñeca:
ATENCIÓN: LLAMADO DE ORGANIZACIÓN PARA EL SECTOR H-07 — DIRIGIRSE AL CENTRO ASTRA.
Al caer en cuenta de la mención de tu sector, empiezas a caminar. Los pasillos se suceden unos a otros sin resistencia, como si la nave estuviera diseñada para que no pienses demasiado hacia dónde vas. Doblas una esquina, luego otra, y en el proceso te cruzas con algunas personas. Nadie habla. Algunos miran al frente, otros a nada en particular.
Cuando llegas al Centro Astra, el espacio se abre frente a ti y por el rabillo del ojo, notas tu brazalete tornándose verde. Sin embargo, no reparas mucho en ello, sino en el resto de detalles que llaman tu atención. Por ejemplo, el techo es más alto aquí, donde las pantallas flotan sobre ti, proyectando datos que no lees a detalle. Hay vegetación en los extremos, árboles que no tienen olor. Y oficiales de El Arca monitoreando el ingreso de... algunas personas. Personas que reconoces vagamente porque te los has cruzado los días anteriores. Entonces, la luz sobre el centro se altera apenas. Un parpadeo leve y el holograma de una mujer se construye desde la nada. Tiene una postura recta, y la mirada fija en el público. Sabes que no es la primera vez que la ves, y probablemente tampoco será la última; aquel rostro no es del todo ajeno al proyecto. A veces, incluso, parece parte de su identidad.
—Bienvenidos, pasajeros. Mi nombre es Soah Park, comandante de El Arca —se presenta con suavidad. El fantasma de una sonrisa curva sus comisuras hacia arriba—. Han pasado siete días desde el inicio del trayecto y me gustaría preguntarles personalmente cómo se encuentran. Sin embargo, no es secreto que durante este tiempo nuestro equipo ha estado observando y evaluando el proceso de adaptación de todos ustedes. Sabemos que no es inmediato. La convivencia y el sentido de pertenencia no se imponen ni aparecen por inercia. Algunos ya han encontrado un ritmo dentro de la nave, otros todavía están en ello. Ambas cosas son parte del proceso.
No señala a nadie, pero sientes que podrías estar en cualquiera de los dos lados.
—Una herramienta que usaremos para ayudarlos a familiarizarse es la Identificación Comunitaria, propuesta por una de las psicólogas a bordo, Melisse Özbey... Por eso están aquí. Desde los módulos H-01 al H-06 ya han pasado por esta instancia, y ahora corresponde al módulo H-07. Para cumplir con la tarea tendrán que acceder a la bandeja de notificaciones de sus brazaletes, donde encontrarán que han recibido información parcial sobre cuatro tripulantes: datos incompletos y sin nombres explícitos. Su tarea es encontrarlos. Puede parecer simple, pero no lo es. En un entorno como este, familiarizarse con quienes comparten espacio no es opcional.
Hace una pausa breve, distinta a las anteriores. Menos técnica. Por un momento te parece que es capaz de leerle la mente a todos.
—El Arca es un sistema, sí. Pero recuerden que no se sostiene solo. Se sostiene en ustedes, en cómo se relacionan, en cómo se reconocen. —La imagen se mantiene un segundo más, como si realmente los estuviera analizando.—Tómense el tiempo. Hablen. Pregunten. Empiecen por algo pequeño, déjense llevar por la duda. Para su dispersión, hemos adecuado diferentes espacios dentro de la nave para que los conozcan mejor y, a su vez, se conozcan mejor entre ustedes. Si tienen alguna duda sobre la actividad, pueden comunicarse con los oficiales que los están acompañando.
Y entonces, con la misma suavidad con la que apareció, el holograma se desvanece.
Tú te quedas ahí, entre desconocidos, sosteniendo información incompleta sobre cuatro personas… y la certeza de que, de alguna forma, habrá alguien con deseos de encontrarte. Conocerte.












