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Vos pensabas en cómo olvidarme
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Yo pensaba en cómo arreglarlo
Vos pensabas en cómo olvidarme
Ojalá hubiera alguien para mí
Alguien que no sea indiferente ante mi alma
Alguien que no se vaya
El tiempo sólo cura lo que dejamos sangrar.
(Y luego vendamos)
Si no amas la lluvia, no amas al cielo.
No puedo amarte más si no me dejas conocer más de tu alma.
(Por eso te pregunto tanto)
Tengo la impresión de que los que no se preguntan acerca de lo que es el amor son los mismos a los que les gusta comer pero no saben cocinar.
Nostalgia amarilla
Una cálida ráfaga de aire me despeina
Me saca de mis adentros y paro de evocarte
Afuera el silencio sigue propagándose y reina
Dentro lo intenta, pero aún puedo recordarte
x—x—x—X—x—x—x
El pasto crece como siempre lo hizo, indiferente
nutriéndose de la entropía que nos diluye
contrastando las flores de danza intermitente
que regalan al viento su aroma que me rehúye
x—x—x—X—x—x—x
El tiempo me trajo otra vez al mismo rosal
Amarillo como las cartas que no pude enviarte
Como un grano de arroz que se convierte en arrozal
La nostalgia me hizo venir en vano a buscarte
x—x—x—X—x—x—x
Para H.
Por ahora
1
Miraba hacia arriba, preguntándome si a la luna le importaría lo suficiente como para mirarme como yo la miraba. Ahí estaban las estrellas también, coreando aquél interludio mudo con su incandescencia, invitándome a la idea de estirar la mano y leerlas mientras cerraba los ojos.
Y acá estaba yo, pensando en qué dirían, imaginando como siempre un calor ausente que me hiciera olvidar el frío invernal que dominaba mi cuerpo acostado.
-No creo que responda, otra vez -dijo ella, también ahí, acercándose de a poco.
-Con imaginar que sí me es suficiente -respondí con mis ojos aún cerrados y mi mano tanteando contornos a años luz-. Pensé que no te iba a dar la cara para venir.
-Naturalmente, pero al parecer es lo que necesitas -disparó mientras se sentaba a mi lado-. Igual, no sé qué cara poner ante semejante espectáculo de autolamento -una risa suspiradamente irónica se escapó de mi boca-. Entiendo el tema de la cuchilla, ¿pero para qué es todo el resto de artefactos? ¿estás esperando la cabra para empezar el ritual?
-Yo soy la cabra en todo caso -gruñí abriendo los ojos y dejando caer mi brazo que tocó el mango de la cuchilla-. El vino es para no sentirlo, el espejo y la vela son para no equivocarme.
-Una vela y un par de vinos, qué romántico. ¿Ves que sí me esperabas?
-Quizá, pero también espero que te vayas cuando termine -contesté mientras me ponía de costado, dándole la espalda y acariciando el filo.
-Cuando termines no podría quedarme, es cierto. Pero no quiero irme y sé que vos tampoco. La prueba irrefutable es que estoy acá, ¿no?
-Por ahora, pero para eso está el vino, para que te atontes y no me molestes.
-Ah, verdad, el vino. ¿No trajiste nada para abrirlo? -saqué de mi bolsillo un destapador y se lo extendí, sin mirarla-. Qué caballero, gracias.
Le tomó un momento abrir una botella y tirarme el corcho en la cabeza, a lo que respondí con otro gruñido.
-¿Va a ser del pico entonces?
-Lo traje para mí, así que no subí una copa.
-Entonces del pico -respondió dando un gran sorbo y dándome un golpecito en la espalda con la botella.
-Es mío -dije sentándome y agarrando la botella bruscamente-. Lo necesito. Hace frío.
-Es nuestro. Y me necesitas a mí -respondió acercándose y poniendo su cabeza en mi hombro.
No quería mirarla. Di un trago largo y cerré los ojos. Al abrirlos, de reojo, noté su cabello negro y largo. Era ella, la de siempre.
-Sí, la de siempre -dijo y dio un suspiro.
-También estás fría.
-Es por tu culpa -se defendió mientras separaba la cabeza-. Y lo sabes.
-Sí, lo sé. Como tantas otras culpas que se irían si me voy.
-No se irían del todo, quedarían atadas a lo que sos aunque no estés.
-No mientras nadie me recuerde para atármelas. Tarde o temprano, cuando ellos se vayan, también se irían.
-Quizá no te aten muchas, pero vas a seguir cargándolas a donde te vayas.
-¿Y a dónde es eso? ¿Me vas a vender una idea de cielo? -le respondí con otra risa que pretendía, si no herirla, siquiera molestarla.
-No te puedo vender nada que no me quieras comprar-dijo en un tono quizá demasiado pensativo, tan tranquilo como para hacerme notar que no había dado en el blanco-. Pero puedo regalarte la idea de una posibilidad porque esa es mi naturaleza.
-Claro… -di otro trago largo, que denunciaba el fin de la botella-. Pero siempre todo es culpa de tus regalos. Se me amontonan ahí y se pudren, decaen y se secan como una fruta edénica, condenándome por el simple hecho de tenerlas cerca.
-Eso ya no es mi culpa realmente -replicó en un tono molesto a la vez que me sacaba la botella para acabar con su contenido-. Sos un egoísta egocéntrico y un tonto. Para empezar, las frutas tienen semillas y su objeto es nutrirlas al pudrirse. Que vos las ignores y se las coman los gusanos es cosa tuya y de nadie más -dijo antes de rematar-. Podrías tener muchos árboles muy bonitos si no fuera por tu pereza.
-Wow, ¿no te faltaron un par de adjetivos más para regalarme también? -contesté, más molesto que herido.
-Sí, triste -añadió cual camaleón verbal, camuflando su voz en la palabra-. Es muy triste que quieras irte y no pienses en los que se quedan. Que no pienses en lo que podrías dejar… en lo que te di para dejar.
-Eso es muy bajo de tu parte, no le debo nada a nadie ni nadie me debe nada -respondí casi gritando y agarrando la segunda y última botella-. El mundo es lo que es y me cansé de querer mirarlo diferente…de querer hacer que sea diferente…
-Sigue siendo injusto cuanto menos -puso el destapador junto a mí y esperó a que abriera la botella antes de continuar-. Estrictamente hablando, nadie le debe nada a nadie. Pero de eso se trata justamente: todos queremos y esperamos algo de alguien -comenzó a arrimarse poco a poco enfrente mío, buscando mi mirada que la evadía-. Y por eso vale más cuando recibimos y nada los ató a ello.
-Duele esperar y no recibir -cerré los ojos y la sensación de vértigo me obligó a apoyar mi espalda en una pared de la terraza-. Y eso es tu culpa, no mía.
-Es nuestra. Eso hace que todos sean humanos. Y eso nos hace más dulce recibir sin esperar -otro suspiro irónico se me escapó antes de que siguiera-. A veces pasa y vale la pena esperar por esos momentos que llegan sin que los esperemos.
-No estoy tan borracho como para darte la razón ante tal juego de palabras. La gente no suele siquiera pensar en dar, solamente toman y toman y cuando tienen piensan en qué más pueden tomar. Nadie da sin esperar algo a cambio.
-Quizá así sea, pero eso hace cualquier cosa que esté viva y no por ello necesariamente están mal. Está mal sólo el que da y espera algo a cambio deseando recibir sin la necesidad de dar. Está mal el que quisiera recibir sin tener que desprenderse de algo. En eso está el corazón de la avaricia, de un veneno ignorante, puesto que todo lo que crece sin deseos de dar acaba cayendo por un peso que siquiera es el propio, de lo que posee, sino por el peso de lo que carece.
-Ahora voy a simular que sí estoy muy borracho como para entenderte -respondí abriendo bien los ojos y mirando las estrellas, inmóviles y aparentemente indiferentes ante mi espectáculo de autolamento-. Y también como para que no me importe -añadí inclinando otra vez más la botella que esta vez, con una ligera nausea me obligó a interrumpir nuestro beso antes de lo que hubiera querido para efectos melodramáticos.
-Yo no te entiendo… ¿Por qué tantas ganas de irte?
-Yo tampoco me entiendo. Pero es que no tengo más ganas de buscar ganas de quedarme -respondí con una sonrisa, estúpidamente creyéndome ingenioso.
-Es que buscas afuera, cuando deberías buscar adentro.
-No puedo vivir adentro mío, no soy lo suficientemente grande como para estirar los brazos sin chocarme una costilla -dije manteniendo la sonrisa mientras que al beber apuntaba la media botella que quedaba hacia el cielo-. El mundo debería ser lo suficientemente bonito como para que quiera vivir en él, es su culpa si me pierde.
-Ajá. Un vino y medio bastan para hacer que saltes entre querer irte por el peso de tus culpas a querer irte porque el peso de la culpa del mundo no es lo suficientemente pesado como para intentar mantenerte acá. Dale, por favor, ¿tan narcisista cabeza de globo de helio tenías que ser? ¿el mundo que te parió tiene la culpa de no ser bonito y vos no tenés la culpa de no querer mejorarlo?
-Jajajaja sí -di otro trago-. No quiero ponerme a pensar en quién tiene la culpa, pero estoy muy cansado como para intentar hacer algo al respecto -dije aumentando gradualmente el volumen de la voz-. Si la culpa resultase ser mía no sé qué mierda hacer para cambiar todo; si la culpa es del mundo resulta que soy parte del problema y no soy lo suficientemente fuerte como para hacer algo al respecto porque ya estoy condenado por ser parte del problema-ya casi gritaba-. Me cansé de tener que buscarle un motivo a algo que no lo tiene, de que cada vez que construyo algo termine cayéndose y de tener que levantar algo que se cayó por culpa de alguien más. ¡Por culpa de alguien más!
Grité ya con lágrimas en los ojos, tanteando la cuchilla y apuntándola hacia mi cuello como si quisiera que se fundieran para que no pudieran sacármela nunca. Por fin la miré ahí, tan hermosa con sus ojos oscuros y preocupados mirándome mientras yo lloraba de rabia, de vergüenza, de tristeza… de soledad.
-Es de ambos -dijo sin apartar sus ojos de los míos-. Del mundo y de vos. Es a la mitad siempre, dependiendo de sobre quién te pares. Y si alguien se mata en otro continente, vos vas a ser parte de ese mundo, de esa mitad. Y la otra mitad va a ser de ese otro alguien. Vas a compartir esa mitad con todos y va a parecer entonces que te toca una parte muy chiquita mientras ese alguien tiene que cargar su mitad solo. Pero no estás solo. Porque en realidad aunque así lo creamos, si dejamos de centrarnos en nosotros mismos no hay alguien lo suficientemente importante como para que nos paremos sobre él para dividir una mitad. Nunca estás solo en esa responsabilidad. Y no tenés la culpa solamente de lo malo, también de lo bueno. De cada soneto, de cada pintura, de cada abrazo o caricia -me secó una lágrima con una de esas-, una gota de responsabilidad de este mar. Nadie está solo, aunque no todos lo saben.
-Eso…es una mentira…-dije sin saber qué más decir, sin entenderle del todo lo que me decía.
-Quizá… Pero sirve por ahora, ¿no?
-Sirve por ahora -respondí bajando y soltando la cuchilla.
-Eso es suficiente. ¿Crees que la mentira te aguante hasta mañana cuando no estés borracho y podamos hablar más tranquilos? Ya sabes, sin cuchillos de por medio y todo eso.
-Entonces no te voy a ver a la hora de la comida…pero sí, aguanta hasta mañana.
-Bueno, entonces puedo irme como esperabas, ¿no?
-Sí, supongo que sí.
-Pero mañana me buscas, ¿eh? Que si no me buscas no me aparezco y no te podés quejar.
-Sí, mañana te busco.
-Bueno, hasta mañana Lautaro -dijo antes de desvanecerse como humo por esa noche.
-Hasta mañana, Esperanza -me dije, recostándome y mirando otra vez a la luna, preguntándome si ella también podría verla.
Emi Cobal
Con miedo por todo, pero siempre valiente.
Alqayima.
No sé cómo hacer que mi corazoncito deje de latir rápido,
no sé cómo hacer que mi corazoncito deje de sentir pánico.
Alqayima.
He hecho cosas terribles. Cosas tan sutiles que nadie podría notarlas. Por eso son tan terribles.
Emi_Cobal
Esa es tu opinión, y hay un montón de colores con sientos de combinaciones.
Alqayima.
Si recordar es volver a vivir, quiero renacer en tus labios.
Alqayima.
Siento la necesidad de tener tu mano en mi cabello, siento la necesidad de sentir tu voz en mi aliento, siento la necesidad de decirte un te quiero, siento la necesidad de un beso honesto.
Alqayima.
Nunca he tenido una pelea, pero juro que por ti la tendría, recibiría cada golpe y cada insulto, de ser necesario o no.
Alqayima.
Ojalá
Ojalá poder salir volando alto Ojalá hubiera desde ahí algo para ver Ojalá cambiar por pasto el asfalto Ojalá no hubiera motivos para correr
Ojalá existiera un mejor mañana Ojalá no lo tuviéramos que esperar Ojalá yo tuviera otra ventana Ojalá pudiera tocar en vez de mirar
Ojalá me decidiera a intentar Ojalá no tuviera nada que perder Ojalá poder dejar de anhelar Ojalá tan solo ser
11/13/11/14(8)
Emi_Cobal
Bajar de peso a punta de sexo.
Alqayima.