El zumbido de una mosca… perfora mis oídos, igual que un taladro invisible. Partiendo mis tímpanos a la mitad. La mujer sigue hablando, pero su voz es suave, no es molesta, sólo que no entiendo ni una puta idea de lo que me quiere decir, es como si estuviera hablando en otro idioma.
Sigue repitiendo las mismas frases, ¨medicamentos¨, ¨control¨, ¨estrés¨, yo estoy bien, simplemente soy callado, me fastidia responder, prefiero guardar las respuestas para mí, me gusta hablar mucho con mi mente, todo el tiempo, es como si se apagara el mundo de alrededor.
Después de las preguntas, mi cabeza permanece sobre la mesa; es fría, dura como el mármol. Vienen a por mí; es tiempo de alimentar mi cuerpo, aunque yo artículo que no me apetece nada, me ponen las esposas; pese a que no tenga intenciones de quebrarles el cuello… Al menos no esta vez.
Todo siempre es igual aquí, el tiempo decidió irse a un oscuro rincón… esconderse allí, en donde nada se mueve…Donde todo permanece quieto y en silencio.
Cuando duermo, en mis sueños siempre aparece Tara; una deidad con forma humana; la perfecta definición de que dios existe y lleva su nombre. Su sexo era la ambrosía que alimentaba mi espíritu, mi pecho se inflamaba cuando sentía su presencia… Cuando todavía la sentía en el mundo de los mortales.
La caja… donde paso la mayoría de mi irrealidad, o quimérica existencia; donde se proyectan escenas en las paredes acolchadas; imágenes de ella fluyendo en rojo carmín, su cuerpo enraizado con otro, y yo con ganas de arrancarles las entrañas. De volcarle mí rabia, dársela toda en una pastilla y así no le entrarían nunca deseos de volverse a marchar.
Autor: los-laberintos-de-mi-memoria.tumblr.com