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@trastocada
Alfredo Baruffi, 1905
Inventario
Hay una manera de estar sola que se parece a los paraguas olvidados:
un armazón de varillas rotas, una tela que ya no sabe atajar el miedo.
Me dices que la seguridad se ha mudado de barrio,
que el mundo te ha puesto una venda de ruidos y cristales fijos,
y yo te veo, te veo ahí, al borde de tu propio nombre,
queriendo descoserte de la piel para ser humo.
Es tan difícil ser un cuerpo,
Tener que llevar los huesos de un lado a otro como si fueran maletas pesadas.
Tú pides el asfalto, el golpe seco bajo el puente peatonal,
esa geometría del desastre donde el cráneo se rinde
y el pensamiento se vuelve una mancha de aceite,
algo que por fin se integra a la ciudad, sin preguntar, sin estorbar.
Se los dijiste. Lo repetiste como quien lee el reverso de un boleto usado.
"Ya no puedo", dijiste, y la frase cayó al suelo como una moneda que nadie recoge.
Tu corazón está ahí, lo veo, doblado en la esquina del cuarto,
pequeño como un remache, duro como un gesto que se quedó a medio camino.
Quieres ser pirámide, piedra inmóvil, algo que no tenga que despertarse
por pura inercia a las siete de la mañana
a fingir que la sangre todavía sabe a dónde ir.
Te entiendo. El dolor es un vecino que no apaga la radio.
Pero a veces, antes de volverse smog o polvo de estrella,
uno solo necesita que alguien le sostenga el vacío un rato,
que alguien le diga que su silencio no es mínimo,
que es un grito que nosotros, los otros perdidos,
también estamos escuchando.
Collection of alchemical text, c. 1625. Bibliotheca Philosophica Hermetica, Universiteit van Amsterdam
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Escombros.
Sé que ya me has escuchado decirlo
demasiadas veces:
esa promesa torpe de que me sostengo sola.
Lo digo mientras te pido que te marches,
que me dejes sola,
y recién entonces lo entiendo:
no te estoy echando a ti,
estoy huyendo de mí.
14/01/2026
Algo se quebró sin aviso, sin grieta previa.
Algo se quebró tan adentro que ya no sé nombrar la emoción correcta. Funciono mal: como si faltara una pieza mínima pero esencial, ese tornillo ridículo que nadie nota hasta que todo deja de servir.
No pienso en otra cosa.
Escribo.
Miro la pared.
La pared me devuelve exactamente lo mismo que el mundo: nada.
No hay reacción adecuada para este estado. Sólo una fantasía trágica de desaparecer del todo, de apagarme con una elegancia absurda, como en esos gestos finales que no son pedido de ayuda sino cansancio. No puedo arreglar mis propias piezas. No puedo hacer lo que los otros hacen con naturalidad obscena. Estoy rota: porcelana fina olvidada en una vitrina durante un temblor que nadie registró.
Te lo repito, porque repetir es lo único que aún hago bien: algo salió mal. Tal vez al nacer, tal vez en ese aprendizaje torcido de estar con otros. Algo esencial falló y no admite reparación. Me quedé detenida, paralizada, como un nudo en una cuerda que ya no sirve para sostener nada, me siento como Silvia Plath, sueño con meter la cabeza a un horno de gas y descansar.
No puedo más, siento que voy a estallar.
La presión se me instala en el estómago, sube al pecho, aprieta la garganta, me ocupa el alma. Quiero estar sola. Absolutamente sola. Volverme pequeña. Habitar en ningún lado. Irme lejos de la mirada. Dejar de ser percibida. Ser apenas una sombra mal ubicada en una esquina que nadie barre.
Descansar, descansar de mí.
No quiero ser voz, ni letra, ni cuerpo, ni siquiera espíritu; Quiero ser sombra, vacío, un hueco imperceptible en la pared. Allá, en el horizonte, hacer camino sin quedarme quieta un segundo más. Libertad no de ser alguien, sino de ser nada. Romperme en mil fragmentos y que sólo quede el filo para quien intente habitar lo que alguna vez fui.
Ceniza en la boca
Vivo en una urgencia muda,
una prisa por resolverlo todo
antes de que vuelva a tocarme.
Le llaman salvación.
Yo la confundo con huida.
Quiero esa libertad que nunca llega,
la que huele a canela
y a tarde suspendida,
donde nadie me necesita
y nadie pregunta.
Grito por dentro
una y otra vez,
pero la voz se me queda
atorada en el pecho,
repitiéndose
A peso de mal hábito.
Me ahogo.
Quiero salir corriendo,
correr hasta que el cuerpo deje de ser un sitio,
hasta volverme pequeña,
hasta no ser nada
y descansar en eso.
Que la profundidad sea lluvia.
Que todo desaparezca.
Desvanecerme de a poco,
como se apaga una casa
cuando nadie la habita.
Reducirme.
Dejar de sostener.
Hay miradas que esperan,
manos que reclaman presencia,
afectos que pesan
aunque no quieran hacerlo.
No puedo.
No puedo sostenerlos.
No puedo sostenerme.
No puedo con esta tormenta interna
que me aterra,
me aplasta,
me vuelve frágil
y luego enorme
sin avisar.
Siento la carne apretada contra el pecho.
Solo quiero quemarme
como un cigarrillo
en los labios de una mujer,
arder despacio en su boca,
sentir su aliento
como una tregua breve.
Que mi ceniza caiga
al precio exacto de una tos
contra la ventana,
sin promesas,
sin nombres,
sin después.
No puedo sostener la lluvia,
la tormenta,
el llanto,
el peso,
el grito,
el tal vez.
No hay palabras esperando turno.
No hay explicaciones posibles.
Solo este silencio inquieto,
espeso,
como el segundo antes de un beso
o de una guerra
o de una gran discusión
que nadie quiere empezar.
No puedo sostener mis piernas.
Quiero estar sola.
Que nadie me encuentre jamás.
Quedarme ahí,
bajo la sombra de un árbol,
consumiéndome lento.
Que el cuerpo se quede.
Que empiece a oler distinto.
Que la humedad me gane la piel,
que la tierra me suba por las rodillas,
que el musgo aprenda mi nombre
antes que nadie más.
Podrirme sin escándalo.
Ser apenas
un resto tibio
mientras el mundo sigue,
como si nunca me hubiera visto.
Grimoire Pages
I thought I would share some pages from my grimoire that I call The Blood Serpent. If you’re curious about anything please DM me, I’d love to chat.
The middle picture is the ouroboros from on Cleopatra The Alchemist’s texts.
-Bird Honey
Acorralada.
El mundo se me cae encima
como un edificio mal calculado.
Todo avanza a zancadas feroces
y yo permanezco inmóvil
en una esquina que se repite,
pensando que la vida es esto:
el mismo día
con distinta luz.
He perdido el don del habla.
La voz se quiebra antes de salir
y cuando insiste
solo alcanza para herir
a quien se atreve a acercarse.
¿Cómo se sostiene la palabra?
¿Dónde se guarda el gesto
cuando la soledad deja de acompañar
y empieza a apretar?
Estoy tan sola que me estorbo,
tan perdida que el gesto y la palabra
se diluyen en una bruma torpe,
lejana,
como un superpoder inútil:
desaparecer en esquinas ya resueltas,
en palabras prohibidas,
en una genealogía rota
que nadie quiere reclamar.
Tal vez yo sea el enemigo.
El enemigo común.
El que entra a las casas
y deja los hogares mal cerrados.
El que quiebra familias y frases.
El motivo por el que todo estalla
como cristal barato
en un vitral mal hecho.
El agobio corre por mis venas.
Las sienes palpitan
hasta rozar la explosión.
Grito.
Vuelvo a gritar.
Me estrello la frente contra el asfalto.
La lengua se enrosca
hasta el fondo del cuerpo,
empuja el estómago sin salida.
Un tajo invisible cruza las cuerdas bucales.
Los ojos amenazan con salirse
por pura presión.
Gritos ahogados en la imaginación,
flagelando el alma,
cortándola con precisión de navaja suiza.
Pájaros suspendidos,
alas abiertas,
en un cielo enfermo de smog.
Grito hasta desgarrarme la mandíbula.
Abro la boca
como una pitón acorralada,
lista para morderse a sí misma.
Grito tanto,
o eso creo
y nadie escucha.
Grito tanto
mientras miro fijo al piso,
inmóvil,
en silencio,
cada vez que algo sale mal.
"Me tenía tasada"
Grito.
Grito con la piel arrancada,
con la precisión de un animal moribundo
tasado al precio del cazador.
Grito por dentro
y me deshago
en cataratas de desesperación.
Arañas bajo la dermis.
Un archipiélago de frustración.
La piel arde hasta la ebullición
mientras cazo mis propias entrañas
y relleno las palabras con poliuretano:
muñeca de trapo.
Grito con la piel rota,
roída, arrancada hasta el hueso.
Y lloro,
lloro con la esperanza de un animal ya muerto,
con la piel desollada,
con el destino de una mesa de centro
cubierta por un tapete de piel real,
esa piel
que todavía es mía.
Muñeca de trapo:
prosaica, inentendible.
La que habla en metáfora,
la que alitera el dolor,
la que grita con el peso del animal
exhibido en vitrinas de desilusión:
Arrancame la piel,
Y alcanza la libertad.
Si alguno de mis conocidos descubriera que tengo tumblr, se enterarían de lo tan triste que realmente me siento.
A veces es muy difícil vivir para mí, pero no lo saben; Cristel
Wer nicht mehr liebt und nicht mehr irrt, der lasse sich begraben. /Goethe