See you again
El terreno sobre el cual caminaba parecía todo lo que siempre había soñado y quizás fuera por eso mismo que la situación le brindaba cierta extraña intranquilidad sobre la tranquilidad que de por sí le era obligada a sentir. Respiró del aire que llegaba hacia él, aquel que la brisa llevaba consigo, aquel que le brindaba un sinfín de aromas desconocidos. Nuevamente sintió algo extraño en aquel entorno tan pacífico, quizás fuera el hecho de que estaba demasiado acostumbrado al caos que había aprendido a vivir todos los días.
El ambiente que lo rodeaba era casi paradisíaco. Los campos que veía desde aquella saliente de la montaña, eran simplemente espectaculares: estaba seguro de que jamás había visto un pasto tan verde como aquel. Comprendió entonces que era primavera. Cerró los ojos y se detuvo un instante sólo a respirar la tranquilidad, el silencio que se apoderaba de él casi rodeándolo por completo.
Una voz llegó casi como un eco a su cabeza, arrastrándolo de aquella tranquilidad que sentía y no pudo más que abrir los ojos, girarse y contemplar extrañamente sorprendido a la persona que caminaba hasta encontrarse a su lado. — Caleb, ¿qué estás haciendo aquí? — Le dijo.
— Emily.— Habló el Fournier en un simple murmullo, hacia exactamente quince años que había dejado de ver a Emily, le había sido arrebatada como muchos otros.
— Caleb despierta.— Le habló la pelirroja con fuerza y cierta tristeza en sus ojos mientras él se acercaba con rapidez a su lado, buscando que no fuera a desaparecer aún. — Por favor, no lo hagas. —
El hombre no comprendió a lo que ella se refería así que simplemente frunció el entrecejo y se mantuvo en silencio durante los próximos segundos. La conocía lo suficiente para comprender que estaba preocupada.
— ¿Qué sucede? — Cuestionó el hombre con el ceño aún fruncido y su mirada moviéndose lentamente al entorno que los rodeaba. Sabía que ella estaba muerta, sin embargo su presencia… — ¿Emily? — La pelirroja lo rodeó con sus brazos y por ese simple instante sintió que era real, ella estaba allí a su lado y podía sentir el calor de su cuerpo como el suyo propio ante su contacto.
— Regresa. No puedo perderte a ti también. —
El ambiente comenzó a cambiar radicalmente; el verde pasto fue el primero en desaparecer junto a los árboles a los que podía acceder con su mirada, éstos comenzaron a desintegrarse en cenizas que lentamente iban siendo arrastradas por la brisa, elevándose al cielo. El Fournier se cubrió levemente con un brazo la vista mientras las cenizas lo rodeaban todo, elevándose. Todo lo que pisaba comenzó a desintegrarse.
— ¡Emily!- Gritó extendiendo su mano para buscar tomar la de la pelirroja que lentamente comenzaba a desintegrarse también. Ella cerró los ojos. Una mujer de largos cabellos rubios caminaba hacia él, apenas al comienzo pudo vislumbrar su silueta femenina entre las cenizas y la oscuridad que se había cernido sobre ellos. – Tus decisiones han alterado el futuro, muchos hombres morirán. Esto que has visto es sólo una ilusión de lo que podría haber sucedido si hubieras escogido tu destino y esto que vez ahora es la realidad que viven. — El hombre movió su mano con rapidez hacia el correaje que solía tener encima, en donde se encontraba el arma pero ésta no estaba allí. Entrecerró los ojos y mantuvo el ceño fruncido, aquella mujer frente a él no era una desconocida a sus ojos. — ¿Qué mierda tienes tú que ver en todo esto? — Cuestionó mordaz, ciertamente no entendía que papel jugaba ella allí ni mucho menos que hacía metida en su cabeza. — Todo y absolutamente nada. — Respondió ella caminando algunos otros pasos hacia Caleb. —Creaste tu camino y lo seguiste hasta que la perdiste; ella fue el punto de quiebre, puedo sentirlo vivo aún. Su muerte fue el primer cambio y con ésta vinieron los otros, aún peores. Perdiste tu camino, se llenó de sombras y rencores. Creíste encontrarlo en el pasado, entre personas que han muerto en el mundo en el que vives... en otro amor. — La mujer negó con la cabeza, se mantenía plantada frente a él con aquel largo vestido blanco, absolutamente celestial. — Esas personas no son tu razón de existir, porque en primer lugar ese no es tu mundo al que salvar. Caleb has vivido todo éste tiempo en una mentira y con tus acciones has cambiado el destino de varios, has confundido caminos que no debían confundirse. Para restaurar el orden debo hacer lo que ninguna madre desearía. —
Caleb Fournier frunció el entrecejo sin comprender. Siempre había sido un hombre rápido de pensamiento, ágil y siniestro si debía serlo pero allí plantado frente a aquella bruja no comprendía absolutamente nada. Y la parte que comprendía sólo le brindaba cierto peso en los hombros que ya estaba acostumbrado a llevar, pero que de alguna forma una vez más se volvía latente en su interior: había abandonado a todos por una sombra del pasado y sin embargo una parte de él no sabría vivir sin ella.
—¿No lo recuerdas? — Jaina movió su mano suavemente y el ambiente cambió una vez más.
Se encontraban en un ambiente aparentemente acogedor, extrañamente familiar y posiblemente parte de un apartamento. Se detuvo en lo que parecía ser la sala principal y miró a su alrededor a las paredes claras pero vagamente iluminadas con una lámpara, allí frente a él se encontraba una mujer con un niño en sus brazos durmiendo en un sofá; ella lo observaba en silencio mientras él dormía. Él tendría alrededor de tres años, pensó Caleb, a pesar de que no sabía mucho del crecimiento de los niños: hacía mucho tiempo atrás había perdido la oportunidad.
—¿Cómo es posible? — Murmuró el hombre. —¿Mom? — Añadió mientras se acercaba a la mujer recostada en el sofá y si bien ella no podía verlo, él reconocía el cabello vagamente enrulado y rubio, así como aquel rostro de brillantes ojos celestes. — ¿Por qué estamos aquí? —
Jaina caminó algunos pasos hasta observar al pequeño en los brazos de aquella mujer, lo contempló con suavidad y tranquilidad. —Los Aspectos no podemos tener hijos realmente, no entre nosotros, pero sí con humanos si bien es extremadamente raro. — La rubia sonrió levemente y junto sus manos al frente, entrelazando sus propios dedos. — Los Fournier sólo fueron sustitutos irreales porque de otra forma no habría sido capaz de protegerte. Desde el comienzo fuiste alguien magnífico, inclusive siendo un pequeño. Por eso es que estoy aquí dándote una oportunidad cuando nadie más lo hará…—
— Tú no eres ella. — Caleb se mostró inseguro. Lo desconocido, inclusive a pesar de lo vivido era aterrador en ciertos momentos.
—Pero lo soy. — La forma física de Jaina cambió por completo mostrando la mujer en el recuerdo. — Puedo ser quien quiera ser y por siglos me han llamado diferente, he tomado diferentes apariencias para cumplir mi destino y aquí estoy interponiéndome en tu camino para que comprendas de una vez por qué eres tan importante. De otra forma ella tendrá que tomar tu lugar y no es lo que deseo. —
Todo se borró una vez más. A su alrededor podía vislumbrar personas en el suelo, ¿estaban muertos o sólo inconscientes? — ¿Qué demonios has hecho? — Soltó bruscamente caminando hacia un hombre cerca de él, tomándole el pulso.
— Sólo se encuentran dormidos. — Informó con absoluta paciencia, inspeccionando desinteresadamente los cuerpos de las personas alrededor. Protegía cada ser viviente pero no realmente los sentía cercanos, la gran mayoría eran sólo animales de un rebaño para ella: era su deber que no murieran en las fauces de algún lobo superior pero no era su destino tomarles cariño o impedir que perecieran ante aquellos a su nivel.
— Así que supuestamente eres mi madre y mi familia no es realmente mi familia. Vaya ironía. — Habló con una media sarcástica recodando a Oliver. — ¿Qué se supone que debo hacer con ésta información? No me interesa un demonio quién eres o por qué estamos relacionados, se cuál es mi destino y lo que todos esperan de mí. ¿Entonces qué? ¿Debo detenerme, dar un paso atrás y olvidar a todas las personas que he conocido aquí, que amo, sólo porque tú quieres eso? ¿Sólo porque una maldita profecía dice que yo lograré algo que nadie logró antes? — El Fournier soltó una carcajada irónica y chasqueó la lengua. — Debes estar bromeando. —
— Puede que no tomes la decisión por ti pero tu hija merece una mejor vida que la que vas a darle, inclusive McKnight le dio una mejor existencia y Black cuidó de ella. Ahora, ¿la dejarás cargar con tus errores? Porque sólo ella puede ocupar tu lugar y perecer en él. Carter no está preparada para tomar tu lugar aún, si bien lo está intentando y he visto la nobleza, la fiereza que posee su mirada durante años. — Jaina negó levemente con la cabeza y caminó algunos pasos a su alrededor, con tranquilidad. Ella sabía que había ganado allí.
Caleb frunció el ceño y se mantuvo en silencio contemplando a la mujer que decía ser su madre. Presionó las mandíbulas y elevó su mirada al cielo durante un instante, contemplando los edificios que pronto no serían nada ante sus ojos. Jamás había dudado sobre quién era su madre, apenas tenía algunos recuerdos de ella y lucía tan real como lo había vivido, pero sin embargo su padre jamás había estado en la imagen: durante años había comprendido que su madre había sido una madre soltera pero tampoco se había preguntado.
—Ésta es tu oportunidad, la oportunidad de salvar a tu hija de tu propio destino. — La mujer caminó hacia él y apoyó su mano sobre su hombro. — Prepárate para decir adiós, no será fácil pero la vida está llena de ellos…. — Habló no demasiado alto ella, su tono de voz sonaba comprensible y apacible. Su sabiduría era respaldada por siglos y siglos de existencia,
— ¿Por qué has venido a advertirme? — Cuestionó el Fournier moviendo su clara mirada hacia la de ella. Comprendía entonces la realidad de lo que había dejado ir, de lo que sucedería por su egoísmo.
— Porque he sido creada para interferir en momentos decisivos en la historia y debía darte una última oportunidad, inclusive cuando mi enviada falló al intentarlo. —
“Blackbird” Pensó él y mantuvo su mirada en alto mientras aún fruncía el ceño. — Lo haré. Pero primero, quiero conocerla. —









