Jackie (2016) dir. Pablo Larraín

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Jules of Nature
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KIROKAZE

if i look back, i am lost
Keni

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we're not kids anymore.
Sade Olutola
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Janaina Medeiros

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Cosimo Galluzzi
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Jackie (2016) dir. Pablo Larraín
Decir, hacer
A Roman Jakobson Entre lo que veo y digo, Entre lo que digo y callo, Entre lo que callo y sueño, Entre lo que sueño y olvido La poesía. Se desliza entre el sí y el no: dice lo que callo, calla lo que digo, sueña lo que olvido. No es un decir: es un hacer. Es un hacer que es un decir. La poesía se dice y se oye: es real. Y apenas digo es real, se disipa. ¿Así es más real? Idea palpable, palabra impalpable: la poesía va y viene entre lo que es y lo que no es. Teje reflejos y los desteje. La poesía siembra ojos en las páginas siembra palabras en los ojos. Los ojos hablan las palabras miran, las miradas piensan. Oír los pensamientos, ver lo que decimos tocar el cuerpo de la idea. Los ojos se cierran Las palabras se abren.
Por Octavio Paz.
Tiendo a pensar que detrás de todo está la poesía
El Fornicio Te besara en la punta de las pestañas y en los pezones, te turbulentamente besara, mi vergonzosa, en esos muslos de individua blanca, tocara esos pies para otro vuelo más aire que ese aire felino de tu fragancia, te dijera española mía, francesa mía, inglesa, ragazza, nórdica boreal, espuma de la diáspora del Génesis, ¿qué más te dijera por dentro? ¿griega, mi egipcia, romana por el mármol? ¿fenicia, cartaginesa, o loca, locamente andaluza en el arco de morir con todos los pétalos abiertos, tensa la cítara de Dios, en la danza del fornicio? Te oyera aullar, te fuera mordiendo hasta las últimas amapolas, mi posesa, te todavía enloqueciera allí, en el frescor ciego, te nadara en la inmensidad insaciable de la lascivia, riera frenético el frenesí con tus dientes, me arrebatara el opio de tu piel hasta lo ebúrneo de otra pureza, oyera cantar a las esferas estallantes como Pitágoras, te lamiera, te olfateara como el león a su leona, parara el sol, fálicamente mía, ¡te amara!
Gonzalo Rojas
Desnuda Amo tu desnudez porque desnuda me bebes con los poros, como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo. Tu desnudez derriba con su calor los límites, me abre todas las puertas para que te adivine, me toma de la mano como a un niño perdido que en ti dejara quieta su edad y sus preguntas. Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo pasa a ser mi universo, el credo que se nutre; la aromática lámpara que alzo estando ciego cuando junto a la sombras los deseos me ladran. Cuando te me desnudas con los ojos cerrados cabes en una copa vecina de mi lengua, cabes entre mis manos como el pan necesario, cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra. El día en que te mueras te enterraré desnuda para que limpio sea tu reparto en la tierra, para poder besarte la piel en los caminos, trenzarte en cada río los cabellos dispersos. El día en que te mueras te enterraré desnuda, como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.
Roque Dalton
Y, sin embargo, amor Y, sin embargo, amor, a través de las lágrimas, yo sabía que al fin iba a quedarme desnudo en la ribera de la risa. Aquí, hoy, digo: siempre recordaré tu desnudez entre mis manos, tu olor a disfrutada madera de sándalo clavada junto al sol de la mañana; tu risa de muchacha, o de arroyo, o de pájaro; tus manos largas y amantes como un lirio traidor a tus antiguos colores; tu voz, tus ojos, lo de abarcable en ti que entre mis pasos pensaba sostener con las palabras. Pero ya no habrá tiempo de llorar. ha terminado la hora de la ceniza para mi corazón: Hace frío sin ti, pero se vive.
Roque Dalton
ES OLVIDO Juro que no recuerdo ni su nombre, Mas moriré llamándola María, No por simple capricho de poeta: Por su aspecto de plaza de provincia. ¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros, Ella una joven pálida y sombría. Al volver una tarde del Liceo Supe de la su muerte inmerecida, Nueva que me causó tal desengaño Que derramé una lágrima al oírla. Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera! Y eso que soy persona de energía. Si he de conceder crédito a lo dicho Por la gente que trajo la noticia Debo creer, sin vacilar un punto, Que murió con mi nombre en las pupilas, Hecho que me sorprende, porque nunca Fue para mí otra cosa que una amiga. Nunca tuve con ella más que simples Relaciones de estricta cortesía, Nada más que palabras y palabras Y una que otra mención de golondrinas. La conocí en mi pueblo (de mi pueblo Sólo queda un puñado de cenizas), Pero jamás vi en ella otro destino Que el de una joven triste y pensativa. Tanto fue así que hasta llegué a tratarla Con el celeste nombre de María, Circunstancia que prueba claramente La exactitud central de mi doctrina. Puede ser que una vez la haya besado, ¡Quién es el que no besa a sus amigas! Pero tened presente que lo hice Sin darme cuenta bien de lo que hacía. No negaré, eso sí, que me gustaba Su inmaterial y vaga compañía Que era como el espíritu sereno Que a las flores domésticas anima. Yo no puedo ocultar de ningún modo La importancia que tuvo su sonrisa Ni desvirtuar el favorable influjo Que hasta en las mismas piedras ejercía. Agreguemos, aun, que de la noche Fueron sus ojos fuente fidedigna. Mas, a pesar de todo, es necesario Que comprendan que yo no la quería Sino con ese vago sentimiento Con que a un pariente enfermo se designa. Sin embargo sucede, sin embargo, Lo que a esta fecha aún me maravilla, Ese inaudito y singular ejemplo De morir con mi nombre en las pupilas, Ella, múltiple rosa inmaculada, Ella que era una lámpara legítima. Tiene razón, mucha razón, la gente Que se pasa quejando noche y día De que el mundo traidor en que vivimos Vale menos que rueda detenida: Mucho más honorable es una tumba, Vale más una hoja enmohecida, Nada es verdad, aquí nada perdura, Ni el color del cristal con que se mira. Hoy es un día azul de primavera, Creo que moriré de poesía, De esa famosa joven melancólica No recuerdo ni el nombre que tenía. Sólo sé que pasó por este mundo Como una paloma fugitiva: La olvidé sin quererlo, lentamente, Como todas las cosas de la vida.
Nicanor Parra
Cartas a una desconocida Cuando pasen los años, cuando pasen los años y el aire haya cavado un foso entre tu alma y la mía; cuando pasen los años y yo sólo sea un hombre que amó, un ser que se detuvo un instante frente a tus labios, un pobre hombre cansado de andar por los jardines, ¿dónde estarás tú? ¡Dónde estarás, oh hija de mis besos!
Nicanor Parra
Olas grises Llueve en el mar con un murmullo lento. La brisa gime tanto, que da pena. El día es largo y triste. El elemento duerme el sueño pesado de la arena. Llueve. La lluvia lánguida trasciende Su olor de flor helada y desabrida. El día es largo y triste. Uno comprende Que la muerte es así..., que así es la vida. Sigue lloviendo. El día es triste y largo. En el remoto gris se abisma el ser. Llueve... Y uno quisiera, sin embargo, Que no acabara nunca de llover. Leopoldo Lugones
Leopoldo Lugones
De un intelectual a una muchacha de pueblo Mi falsa bondad tú eres la única en comprenderla, porque la confundes ciega, sagazmente con lo único bueno que va quedando en mi y no distingues entre mi miedo a la vida y mi amor a la vida y eres, por un momento, el báculo de esta vejez prematura. Crees, en cambio, en el hombre que yo habría sido y en el que fui fugazmente antes de estos años amargos, de no haber sucumbido al gusto de la derrota, al placer y hasta la pasión de la derrota, por lo mismo que crees en el amor O porque el amor te hace creer, como si se tratara de un manojo de hierbas en manos de una vieja curandera, en sus virtudes balsámicas, y estas penetrada del papel del amor como de un sabor a hierbas mágicas. Creerás en lo que te diga, al oído, el horóscopo en el estilo epístolar, en la lectura de las manos; tu novela soy yo para las noches de insomnio cuando la virginidad acostumbrada a todo da con todo señales de impaciencia y hay que adormecerla con un cuidado especial. Esta distancia absurda entre tu cuerpo y el mío, es el cauce de un sueño que une las dos orillas colmado, por fin, bajo una tierna luz de amanecer pantanoso. Te encontrarás en una isla conmigo, cualquier imagen de calendario puede ser en este momento tu hallazgo, el primer recurso de la poesía y el último, porque no amas las palabras ni te bastan los excesos de la imaginación, a todo ello prefieres el éxtasis, poner orden en tu vida con esas grandes manos tranquilas y esperar.
Enrique Lihn
LOS MEJORES DE LA RAZA No hay nada que discutir no hay nada que recordar no hay nada que olvidar es triste y no es triste parece que la cosa más sensata que una persona puede hacer es estar sentada con una copa en la mano mientras las paredes blanden sonrisas de despedida uno pasa a travès de todo ello con una cierta cantidad de eficiencia y valentía entonces se va algunos aceptan la posibilidad de Dios para ayudarles en su paso otros lo aceptan como es y por estos bebo esta noche.
Charles Bukowski
Tristes guerras si no es amor la empresa. Tristes, tristes. Tristes armas si no son las palabras. Tristes, tristes. Tristes hombres si no mueren de amores. Tristes, tristes.
Miguel Hernández
¿es posible que un buen rato sea sólo un buen rato y no la memoria de un antiguo, infinito, inolvidable buen rato?
Claudio Bertoni
“Más solo que una lágrima en el párpado de un muerto”
Rafael Rubio
ZURITA Poema de amor Y ya casi amanece y no puedo parar de llorar; de llorar primero por ti que te enamoraste de un viejo con Parkinson, y después llorar por las que me tomaron de los brazos para que no me fuera y yo también lloraba como cuando niño pero igual me fui viejo culeado que ni siquiera tuviste el culo de matarte y siempre optaste por ti egoísta de mierda viejo conchadetumadre paloma arrancá, arrancá palomita y que no te conviene.
Raúl Zurita
Éramos los elegidos del sol Éramos los elegidos del sol Y no nos dimos cuenta Fuimos los elegidos de la más alta estrella Y no supimos responder a su regalo Angustia de impotencia El agua nos amaba La tierra nos amaba Las selvas eran nuestras El éxtasis era nuestro espacio propio Tu mirada era el universo frente a frente Tu belleza era el sonido del amanecer La primavera amada por los árboles Ahora somos una tristeza contagiosa Una muerte antes de tiempo El alma que no sabe en qué sitio se encuentra El invierno en los huesos sin un relámpago Y todo esto porque tú no supiste lo que es la eternidad Ni comprendiste el alma de mi alma en su barco de tinieblas En su trono de águila herida de infinito
Vicente Huidobro - Últimos poemas (1948)
(...) Camino con el cuello del abrigo alzado esperando ver aparecer luces de algún perdido bar mientras huellas de amores que nunca tuve aparecen en mi corazón como en la ciudad los rieles de los tranvías que dejaron hace tanto tiempo de pasar.
Jorge Teillier