Annie sintió un escalofrío cuando una de sus voces más familiares se acercó hasta ella, a lo que simplemente recargó su larga cabellera en el muchacho. “Hello, big boy”. Respondió dejando que sus párpados descansaran. “El pasado puede ser la peor de las pesadillas”. Contestó llanamente, sabiendo que él sabría exactamente a qué se refería. Resopló y dejó que algunas lagrimas de rabia se escaparan por las mejillas, pues sabía perfectamente que nada de lo que hiciera cambiaría el pasado.
El pelirrojo sintió aquella yaga extenderse hasta su corazón, sabiendo que su pequeña gran hermana mayor podía sentirlo absolutamente todo; era indiscutible la enorme intuición que Annie tenía para descubrir cada paso y cada sentimiento que la rodeaba, pero tampoco había pensado en lo agotador que era aquello. La abrazó con ternura, dejando pequeños besos sobre su caballera, y como el poeta frustrado que se consideraba, comenzó a recitarle. “Un día a la vez” Comenzó susurrando, tratando de encontrar las palabras que tanto necesitaba Annie. “Poco a poco irás sanando. Las heridas no se hicieron de la noche a la mañana, sino que al estar abiertas bajo el yugo del tormento no cicatrizaron, abrazarte mucho es indispensable, lo necesitas, te lo mereces. Renunciar a eso que te rompe, no es de cobardes y corresponder no significa conformarse. La transformación no es espontánea pero ocurre un día a la vez”.














