Domingo 2 de enero. Se dió. Todo lo que esperé se dió. Pero así de rápido cómo se dió, también volvió todo a la normalidad. Y no es que no esté contenta, amo haber compartido esas horas en la cama contigo. Aunque no te entiendo, amo que hayas accedido a estar conmigo aunque sea por esa noche, la más especial para mí. No tienes idea de cuánto esperé por esto, no sabes cuanto lo deseé en el fondo de mi corazón, pero también sabía que la bajada sería fuerte. Sabía que al terminar, quedaría con un vacío enorme por dentro, porque créeme que fue mucho, mucho el tiempo, el deseo, las ganas que invertí en esto, para que sucediera, cómo fuera y bajo las normas que tú pusieras. Ahora sólo me quedará el recuerdo, de sentir tu piel, de sentir tu pelo, de tocar tus manos, de abrazarte y reírme contigo, de tus besos en el cuello… me quedo con eso y probablemente lo recuerde cada noche antes de dormir, para sentir que aún queda una posibilidad de que vuelva a suceder o de que tú también me estés pensando cómo yo a ti. Me quedo con tu perfume en la piel, guardaré este recuerdo como un tesoro, cómo algo que pudo pasar pero que al igual que siempre, no pasó… me quedo con las ganas, las ganas de cuidarte, de llegar a quererte, de seguir cagándome de la risa contigo, de bromear, de hacerte cosquillas, de dormir juntos, de viajar, de ver series, etc me quedo con el “pudo ser”, pero no fue. No eres como los demás, tú de verdad me interesabas. Tú de verdad me gustabas y me gustas la verdad, aún.