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@un-escritor-piensa
Belleza total ❤️🔥
El precio de ser diferente.
Hay decisiones que no nos separan del mundo con estruendo; simplemente nos vuelven difíciles de clasificar. El día en que elegí ser diferente comprendí, por alguna extraña razón, que aquella decisión no me convertiría siquiera en un punto y aparte. Sería algo más interesante y curioso: un enigma. Un extraño caminando entre personas acostumbradas a comprender únicamente aquello que puede caber, sin demasiado esfuerzo, dentro de los límites de sus propias ideas.
Entonces descubrí que ser diferente tiene un precio.
Mi silencio puede ser confundido con ingenuidad; mi compasión, con ausencia de carácter; mi sencillez, con falta de madurez; mi sensibilidad, con una pasión incapaz de razonar. Algunos quizá murmuren que padezco el síndrome de Peter Pan, que me niego a crecer, que permanezco refugiado en algún rincón ficticio de la existencia porque todavía conservo cosas que, según ellos, deberían haber muerto con la infancia.
Pero siempre he querido preguntarles algo: ¿Puede un árbol avergonzarse de haber sido semilla? ¿Puede negar la pequeñez de la que procede solamente porque ahora sus raíces se hunden profundamente en la tierra, sus ramas se elevan hacia el cielo y sus frutos alimentan a quienes descansan bajo su sombra?
El árbol creció, sí, pero crecer jamás significó traicionar a la semilla. y por eso, solo por eso, quizá nosotros tampoco deberíamos hacerlo.
Porque existe una diferencia inmensa entre madurar y endurecerse, entre crecer y perder la capacidad de maravillarse, entre convertirse en adulto y sepultar al niño que alguna vez contempló el mundo sin calcular cuánto podía obtener de él. Tal vez por eso aquellas palabras de Jesús poseen una profundidad que los siglos todavía no han terminado de agotar: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
Y resulta paradójico, quienes escucharon aquella enseñanza eran hombres adultos. Habían trabajado, sufrido, recorrido caminos, conocido responsabilidades y acumulado experiencias. Sin embargo, preguntaban quién sería el mayor. Habían crecido por fuera, pero una parte de ellos todavía necesitaba aprender a hacerse pequeña por dentro.
Querían posiciones.
Querían cercanía al trono.
Querían saber quién ocuparía el primer lugar.
Porque existe una extraña enfermedad en el corazón humano: crecer creyendo que la vida consiste en ascender hasta que los demás tengan que levantar la cabeza para contemplarnos.
Nos enseñan que debemos sobresalir.
Ser los primeros.
Acumular.
Competir.
Brillar como si toda estrella tuviera la obligación de convertirse en el astro más grande del firmamento para justificar su existencia. Y si alguien no desea esa corona, inmediatamente se sospecha de él.
“Quien no ambiciona nada, no tiene metas”, dicen. Pero quizá hayan confundido propósito con protagonismo. Yo también tengo metas, también quiero crecer, también existen caminos que deseo recorrer y sueños que todavía esperan su momento, pero no quiero convertirme en el centro del mundo para demostrar que estuve en él.
No necesito que todos conozcan mi nombre, no necesito los aplausos que pertenecen a otro, no quiero apropiarme de lo que jamás me correspondió:
QUE SOLO DIOS RECIBA LA GLORIA.
A mí déjenme la serenidad de poder caminar sin un escenario debajo de los pies, déjenme las cosas pequeñas, déjenme una conversación sincera, una risa que no tenga que fingirse, una conciencia tranquila al terminar el día. Déjenme contemplar un cielo sin sentir la necesidad de poseerlo. Déjenme el privilegio de amar sin convertir a nadie en propiedad, y, sobre todo, déjenme el amor.
Pero no ese amor ruidoso que necesita exhibirse para convencerse de que existe, hablo del otro, del amor limpio.
Cálido.
Del que no humilla para sentirse superior ni encierra para sentirse seguro. Del que no lleva el orgullo escondido entre los bolsillos ni utiliza la culpa como una cadena, del amor que sabe acercarse sin invadir y permanecer sin aprisionar.
Ese amor, ese preciso, exacto e inequívoco amor cuyo aroma parece superar el verdor de los campos y cuyos matices podrían confundirse con los colores secretos del cosmos. Un amor suficientemente inmenso para atravesar galaxias y, sin embargo, suficientemente humilde para detenerse ante la criatura más pequeña y reconocer que también allí palpita el misterio de la vida.
Por eso puede que sea extraño... cuanto más profundo parece el amor, más sencillas son sus formas. A veces es el calor del verano cuando alrededor todo se ha vuelto invierno, otras veces es una brisa atravesando la piel después de una tarde insoportablemente calurosa. a veces es primavera llegando después de un otoño demasiado largo y, nuevamente, vuelve a ocupar las estaciones del tiempo. En ocasiones no es ninguna gran hazaña, es simplemente quedarse, escuchar, respetar, cuidar; saber cuándo acercarse y cuándo conceder espacio.
Tal vez por eso vuelvo una y otra vez a la semilla, hay demasiado que aprender de algo tan pequeño. Una semilla jamás exige convertirse inmediatamente en árbol, permanece bajo la tierra, invisible para todos, trabajando en silencio. Necesita minerales, humedad, oscuridad, tiempo. Hay que regarla, nutrirla y protegerla; pero también hay que saber dejarla crecer. Nadie puede abrirla con las manos para obligarla a germinar más rápido sin destruir precisamente aquello que desea ver nacer.
Quizá el amor sea así.
No basta con sentirlo.
Hay que cultivarlo.
Necesita agua cuando comienza a secarse, tierra fértil donde pueda echar raíces, alimento cuando se debilita, paciencia durante las estaciones en que aparentemente nada sucede y espacio suficiente para que sus raíces no terminen estrangulándose unas a otras. Porque amar no consiste en arrancar una flor para demostrar cuánto se la desea, consiste en aprender a cuidar la tierra donde puede seguir viviendo.
Y entonces comprendo que quizá ser diferente nunca consistió en vestirse de otra manera, pensar extravagancias o esforzarse deliberadamente por no parecerse a nadie. Quizá ser diferente sea algo mucho más silencioso, conservar la ternura cuando el mundo enseña dureza.
Elegir la humildad cuando todos compiten por altura.
Tener metas sin convertir la vida en una carrera contra los demás.
Crecer sin avergonzarse de haber sido semilla.
Ser adulto sin asesinar al niño capaz de maravillarse.
Ser fuerte sin perder la compasión.
Y amar profundamente sin convertir el amor en una jaula. Tal vez ese sea el verdadero precio de ser diferente: aceptar que algunos confundirán la sencillez con debilidad porque jamás han conocido la fuerza necesaria para permanecer sencillos.
No importa, de verdad que no importa.
Que otros corran detrás de coronas, que busquen escenarios, que persigan el ruido de los aplausos hasta que sus nombres retumben en todas partes.
Yo prefiero aprender de la semilla, porque después de todo, aquello que sostiene al árbol jamás necesita que nadie lo vea. Y si al final de este extraño viaje consigo haber amado sin haber poseido, crecido sin haberme endurecido, alcanzado mis metas sin haber pisado a nadie y pude haber seguido conservando suficiente humanidad como para sentir el dolor ajeno, entonces quizá habré comprendido algo que el mundo, con toda su grandeza, todavía está aprendiendo: algunas de las cosas más extraordinarias de la existencia no hacen ruido, GERMINAN.
Y ese amor —ese silencioso, libre, cultivado y genuino amor— quizá sea, después de todo, el precio más hermoso de haber elegido ser diferente.
— un-escritor-piensa ✍🏻
¿Cuánto dura que te pidan perdón antes de que te vuelvan a golpear con la misma piedra?
🌹 Cosas De Laura.
“Mi lenguaje de amor consiste en recordarte tu potencial y animarte a convertirte en todo lo que puedes llegar a ser”.
— Seguen Øríah 🌹.
Correcto ❤️🔥
Listón amarillo..
El listón amarillo no era solo un color para mí, era el reflejo de una batalla que pocas personas llegaron a ver.
Conocí las noches en las que el llanto terminaba venciendo al sueño.
Viví días en los que el apetito desapareció y cada intento por comer terminaba en náuseas.
Hubo momentos en los que permanecer en la cama parecía la única fuerza que me quedaba, porque levantarme era demasiado difícil.
Me preocupé tanto por cuidar a los demás que terminé olvidándome de mí.
Aprendí lo que era cargar un nudo en la garganta tan grande que el silencio se convirtió en mi única respuesta durante días.
Más de una vez me dormí deseando no despertar.
Perdí la cuenta de los ataques de ansiedad que enfrenté, de las veces que sentí que el aire no alcanzaba y que todo se desmoronaba.
Lloré en el piso del baño creyendo que nadie podía entender el peso que llevaba dentro.
Quise pedir ayuda muchas veces, pero las palabras nunca salieron.
Hubo días en los que mi mente estaba tan agotada que hasta recordar o hacer las cosas más sencillas parecía imposible.
Viví con un dolor tan profundo en el corazón que llegué a pensar que jamás desaparecería.
También alejé a las personas que más amaba, convencido de que así las libraría de mi sufrimiento.
Hoy el listón amarillo tiene un significado diferente para mí.
Representa todo lo que sobreviví, las heridas que el tiempo comenzó a sanar y la certeza de que nadie merece cargar ese dolor en silencio...
👏🏻👏🏻👏🏻 sobrevivir a una batalla silenciosa es como luchar contra la marea del mar en medio de la noche, hay incertidumbre por la dirección correcta, lágrimas mezclandose con el agua salada que parece implacable y fuerzas dispuestas a ceder ante un abismo que espera paciente la engullicion de la siguiente víctima. Lo triste del asunto es, que mientras todo acontece, hay personas durmiendo en la orilla bajo las sábanas de la ignorancia, otras velan por sus interes, y cualquiera que atisbe un faro de luz en dirección hacia quien no puede mantenerse a flote por más tiempo, pensará que está jugando con las olas del tiempo.
Quizá lo más inquietante de amar a alguien que no teme a la soledad sea comprender que su permanencia nunca está garantizada por la necesidad.
Esa persona sabe que llegó sola al mundo y que también podría continuar su camino sin compañía. Por eso no ama desde la dependencia, sino desde la elección. No permanece por culpa, costumbre, miedo o vacío emocional, sino porque cada día encuentra razones para compartir su existencia contigo.
Puede amarte profundamente, ser leal, sostenerte y convertirse en uno de los vínculos más valiosos de tu vida. Pero nunca confundirá el amor con una cárcel, ni permitirá que el temor a perderte le obligue a perderse a sí misma.
Porque el amor más auténtico no dice: “Sin ti no puedo vivir”.
Dice: “Puedo vivir sin ti, pero mientras exista respeto, verdad y reciprocidad, elijo caminar a tu lado”.
Créditos:Auramentalglow
Cada uno de nosotros lucha con heridas y traumas, pero no es responsabilidad de nadie sanarnos, sana y ama, sana y no dañes a nadie...
Créditos correspondientes.
~samyo🦷
Al fin, todo lo que quiero decir en palabras.
De verdad, no hagan eso.
𝐈𝐠: 𝐦𝐢𝐥𝐮𝐦𝐚𝐦𝐚𝐧𝐧𝐢
-𝒔𝒏𝒉𝒏𝒌𝒌𝒎𝒏
😒 ya entendí
Se llama la consecuencia de mis actos...
Si soy
De eso se trata, no es solo que pasa ni quien lo hizo, ¿Que hiciste tú cuando todo paso? ¿Tomaste el mal como excusa para pagar con la misma moneda o decidiste ser mejor?
Here
ma sei un amore bellissimo