Franz Kafka fue uno de los autores más influyentes en el siglo xx, de igual manera, en contra de sus deseos, sus obras siguen siendo de gran importancia hasta la actualidad. Sus obras más destacadas son "el proceso", "la condena" y "la metamorfosis". A su literatura se le asocia bastante con las corrientes expresionistas y existencialista, así como también se le caracteriza por tener un tono autobiográfico en algunas de sus obras, como "carta al padre" en donde se puede observar que a través de la literatura que el autor expresa toda la tensión emocional que conllevó la relación que mantenía con su padre.
Asimismo, Kafka tiene una gran variedad de relatos o cuentos, de los cuales decidimos presentar dos relatos o micro-cuentos:
"Porque somos como troncos de árboles en la nieve. Aparentemente, solo están apoyados en la superficie, y con un pequeño empujón se los desplazaría. No, es imposible, porque están firmemente unidos a la tierra. Pero atención, también esto es pura apariencia."
Los árboles, Kafka, 1908.
En este relato, la interpretación que le damos, es que todo lo que concierne a la imagen del ser humano es una apariencia, tal como lo menciona el texto, cuando hace referencia a los árboles en la nieve, que solo les hace falta un empujón para deslizarse, creemos que hace alusión al humano como un ser débil y desequilibrado, que vive su vida desde lo superficial y que con un pequeño movimiento en su vida puede caer a lo más profundo. En cambio, cuando habla del árbol unido a la tierra, hace referencia al humano como un ser más profundo, que mantiene su vida firme y que no se deja caer tan fácilmente. De esta manera, ambos estados, son solo una apariencia que los demás se permiten ver, puesto que tanto el ser humano como los árboles tiene una vida mucho más profunda de la que se deja de entrever.
“Josef K soñó:
Era un hermoso día y K quería pasear. Pero apenas había dado dos pasos, cuando ya se encontraba en el cementerio. Allí había dos caminos muy artificiosos que se entrecruzaban de forma poco práctica, pero él se deslizó por ellos como por un torrente, con una actitud imperturbable y fluctuante. Desde la lejanía descubrió un túmulo reciente en el que quería detenerse. Ese túmulo ejercía sobre él una atracción poderosa y no creía ir lo suficientemente rápido. Algunas veces apenas podía ver el túmulo, pues quedaba oculto por banderas que se entrelazaban con fuerza. No se veía a sus portadores, pero parecía como si allí reinase un gran júbilo.
Mientras dirigía su vista a la lejanía, descubrió repentinamente el túmulo a su costado, en el camino, ya casi a su espalda. Saltó rápidamente al césped. Como el terreno bajo su pie de apoyo al saltar era deslizante, se desequilibró y cayó precisamente ante el túmulo y de rodillas. Detrás de la tumba había dos hombres que sostenían una lápida en vilo. Apenas apareció K, arrojaron la lápida al suelo y él quedó como si lo hubieran emparedado. Un tercer hombre, al que K reconoció de inmediato como un artista, salió en seguida de un matorral. Vestía solo unos pantalones y una camisa mal abotonada. En la cabeza llevaba un gorro de terciopelo y sostenía en la mano un lápiz común con el que, al acercarse, trazó figuras en el aire. Se colocó con el lápiz arriba, sobre la lápida. Como esta era muy alta, no tuvo que agacharse del todo, aunque sí inclinarse, pues el túmulo, que no quería pisar, le separaba de la lápida. Permanecía, por consiguiente, sobre las puntas de los pies y se apoyaba con la mano izquierda sobre la superficie de la losa. Gracias a una hábil maniobra logró trazar algunas letras doradas con el lápiz. Escribió: «Aquí descansa…». Cada letra apareció clara y bella, perfecta y de oro puro. Cuando terminó de escribir las dos palabras, se volvió y miró a K, que esperaba ansioso la continuación de la escritura y apenas se preocupaba del hombre, ya que solo mantenía fija la mirada en la lápida. El hombre, en efecto, se dispuso a seguir escribiendo, pero no podía, había algún impedimento. Bajó el lápiz y se volvió de nuevo hacia K, que, ahora, se fijó en el pintor y advirtió que éste se encontraba en un estado de gran confusión, aunque no podía decir la causa. Toda su animación previa había desaparecido. También K quedó confuso. Intercambiaron miradas suplicantes. Había un malentendido que ninguno podía aclarar. Comenzó a sonar de un modo inoportuno la campana de la capilla perteneciente a la tumba, pero el artista hizo un ademán y la campana se detuvo. Transcurrido un rato comenzó a sonar de nuevo, esta vez en un tono muy bajo y deteniéndose al instante sin ningún requerimiento. Era como si quisiera probar su sonido. K estaba desconsolado por la situación del artista, comenzó a llorar y sollozó largo tiempo cubriéndose el rostro con las manos. El artista esperó hasta que K se hubo tranquilizado y entonces decidió seguir escribiendo, ya que no encontraba otra salida. La primera línea que escribió supuso para K una liberación, aunque el artista la realizó con gran resistencia. La escritura ya no era tan bella, ante todo parecía faltar oro. La línea surgía pálida e insegura, la letra quedaba demasiado grande. Era una «J», estaba casi terminada cuando el artista pisoteó furioso la tumba, de tal modo que la tierra invadió el aire. K le comprendió al fin. Para pedir perdón ya no había tiempo. Escarbó en la tierra, que apenas oponía resistencia, con los dedos. Todo parecía preparado. Sólo había una ligera capa para guardar las apariencias. Una vez retirada, apareció una gran fosa con paredes escarpadas en la que K se hundió, puesto de espaldas por una suave corriente. Mientras él, con la cabeza todavía recta sobre la nuca, ya era recibido por la impenetrable profundidad, su nombre era inscrito con poderosos ornamentos en la piedra.
Fascinado por esta visión, despertó.”
En este cuento, Kafka nos propone una nueva mirada acerca de la muerte, está vivida a través del sueño del protagonista. La muerte es una experiencia muy cercana a todos, la perdida de seres queridos siempre es un recuerdo de que la muerte está ahí, permanentemente en nuestras vidas y que es más real de lo que uno podría desear, asimismo nos recuerda la vulnerabilidad que tenemos como mortales. Siendo así, la muerte siempre está ligada con sentimientos de dolor y pena, frente a la situación de perder a alguien o de perderse uno mismo, en este sentido, Kafka no presenta una perspectiva diferente de esta misma, uno podría pensar que durante el sueño el personaje se ve temeroso por encontrar la verdad acerca de su muerte, pero, por el contrario, los pensamientos y sentimientos del protagonista se alejan mucho de común, puesto que el protagonista más que miedo o dolor siente anhelo por su muerte, tal vez como una liberación. Con lo anterior, Kafka, nos da la idea de contemplar la vida a través del propio fin de esta misma.